La llegada de la película How to have sex y su potente mensaje han provocado un gran impacto en la sociedad y ha reabierto el debate de la educación sexual
Tras películas como Cincuenta sombras de Grey (Sam Taylor-Wood, 2015) o series como Sex education (Laurie Nunn, 2019), estamos acostumbrados a que el sexo ya no sea algo privado y que se muestren facetas muy diferentes de él en la gran pantalla, algo que puede ser muy beneficioso para la sociedad.
El sexo es una parte natural y fundamental de nuestras vidas. Es un tema el cual, a pesar de que hay mucha más concienciación que antes, aún sigue siendo un tabú y hay muchos prejuicios a la hora de hablar sobre ello. Por eso, el cine es una vía estupenda para mostrar facetas del sexo, ya sean positivas como el deseo sexual o negativas como la presión que puede llegar a conllevar. De esta forma, se conciencia y educa a la población, sobre todo a los adolescentes, que están descubriendo el sexo. Normalmente, estos no saben dónde acudir para informarse al inicio y, en muchas ocasiones, suelen acudir al porno.
Sin embargo, como es natural, las películas y el porno tienen algo en común: es mentira, está actuado y las escenas sexuales que se representen nunca son fieles a la realidad al 100%. Los actores no están teniendo sexo de verdad. Y claro, si un adolescente no sabe esto y se toma esas escenas al pie de la letra, se va a llevar una idea equivocada de cómo deberían ser las relaciones sexuales.

¿Qué hacer entonces? No podemos exigir a los cineastas que tengan mucho cuidado con la forma en que representan el sexo porque eso lo pueden ver adolescentes. Crear arte es algo que debe ser libre y en el que no podemos imponer esa censura. Mucho hemos peleado para acabar con ella (algo que aún no se ha conseguido del todo). Además, para eso, está el sistema de clasificaciones por edad. Los adultos también tienen que tener un lugar donde tratar temas maduros y divertirse.
Las películas no pueden ser el único recurso para educar en sexualidad y es aquí donde entra el factor de la educación. Hay que concienciar a los adolescentes en los colegios y en sus casas de que el sexo nunca va a ser como en las películas. Pero puede ser una herramienta perfecta para empezar a conocerlo y empezar a explorar en el mundo del sexo, las relaciones, etc… Y para ello, es importante que sepamos distinguir qué tipos de películas son educativas respecto al sexo y cuáles solo lo tienen como recurso. Y lo más importante: ¡Las películas también pueden educar en negativo! Podemos mostrarle una película a nuestro hijo y decirles: Esto es un ejemplo de lo que no hay que hacer.

Por ejemplo, películas como A través de mi ventana (Marçal Flores, 2022) o After (Jenny Gage, 2019) promueven unos estándares de relaciones y sexuales bastante pobres. Pero es que esas películas también son necesarias para que sepamos que no se deben hacer esas cosas. Además, es algo que suele estar exagerado para captar la atención del público. El problema está cuando pensamos que eso es lo correcto, que es lo guay y que ese tipo de relaciones tan tóxicas son las buenas.
Por tanto, el sexo en el cine es algo que puede ser muy útil a la hora de empezar a aprender sobre el mundo de la sexualidad. Pero siempre debe de ir acompañado de una educación que nos enseñe a distinguir realidad de ficción.

