Hace un tiempo, el cumpleaños era mi día favorito del año. Ahora, no deja de ser otro día más en el calendario
Hoy es mi cumpleaños. Casualmente cae en martes 13, como en el año en que nací. Han pasado ya 22 años. Casi parece ayer cuando esperaba con ansias que llegase este día, contando los días en el calendario para poder disfrutar de la fiesta más esperada en el año. Sin embargo, ahora es distinto. Los cumpleaños ya no son lo que eran. No es tristeza y ni siquiera nostalgia, es simplemente… diferente.
Recuerdo las noches anteriores como unas de las más emocionantes del año, casi como al nivel que cuando venían los Reyes Magos, con la misma ilusión y nervios por saber qué nos depararía al día siguiente.
Al amanecer, me esperaba una celebración con mi familia y amigas, llena de risas, regalos y un ambiente en el que podía sentirme fácilmente la persona más querida y afortunada del planeta. Cada detalle de aquel día se sentía especial, como si cada minuto estuviera cargado de magia y expectativas.
Ahora, los cumpleaños han tomado un matiz diferente. Sigo manteniendo parte de esa ilusión y sigue gustándome el día de mi cumpleaños, pero no se acerca ni por asomo a la intensidad con la que lo vivía antes. Supongo que esa inocencia se ha perdido.
Ya no celebro nada ni me reúno con mis familiares. Tampoco nadie me va a organizar una fiesta sorpresa. Sé que habrá gente a la que quiero que se olvidará de mi cumpleaños y sé también que me felicitará gente diciéndome lo mucho que me quiere cuando en realidad son palabras vacías. También sé que tendré que dar las gracias y fingir que no me importa. Me da pereza ese momento.
Tampoco mantengo la despreocupación que tenía cuando era niña. Cumplo 22 y la presión por saber qué quiero hacer con mi vida me aprieta cada día más. Por muy perdida que esté, el tiempo sigue pasando y yo a veces siento que estoy perdiéndolo.
A medida que el día avanza, me siento atrapada en una mezcla de sensaciones. El entusiasmo es ahora reflexión, las expectativas han sido sustituidas por la aceptación y la celebración ha perdido su emoción. Supongo que de eso trata lo de crecer y hacerse adulta, de aceptar que el 13 de agosto es tan solo otro cumpleaños más.

