El morbo, esa fascinación por lo oscuro y prohibido que nos recuerda que, a pesar de nuestra humanidad, seguimos siendo animales curiosos e instintivos por naturaleza
Me pone tener sexo en sitios públicos por la tentación de que nos pillen. He buscado en Internet ataques en zoos o acuarios intentando buscar vídeos del momento de la agresión. Miro atenta a la carretera cuando hay un accidente para ver si consigo ver algo. Algunas de mis películas favoritas son Crudo o Irreversible porque me provocan incomodidad. He investigado con el máximo de detalles posibles los casos de crímenes más sonados del país.
Seguramente tú también te habrás sentido atraído en alguna ocasión por ese programa de televisión en el que se revelan intimidades de famosos, aparecen personas desnudas, salen operaciones y cirugías sin censura o se cuentan los casos de asesinatos más escalofriantes y violentos de la sociedad.
El morbo es algo indiscutiblemente inherente en el humano de la sociedad actual. Pero, ¿ha sido siempre así? ¿De dónde nace este interés por lo sórdido y escandaloso? ¿Por qué ocurre?
Orígenes históricos del morbo
En realidad, el morbo tal y como lo conocemos hoy en día, ha existido desde siempre, manifestándose de diferentes maneras según la época. No obstante, desde la antigüedad hasta la era moderna, el interés por lo sórdido y el espectáculo de la violencia han estado presentes en la cultura humana.
En la antigua Roma, los juegos de gladiadores y las ejecuciones públicas eran eventos masivos que atraían a multitudes. Los espectadores asistían no solo por entretenimiento, sino también por una especie de fascinación morbosa con la violencia y el sufrimiento humano.
Asimismo, durante la Edad Media en Europa seguían siendo comunes las ejecuciones y torturas públicas en plazas públicas con métodos como la horca, la rueda y la quema en la hoguera, diseñados para impresionar y aterrorizar a los espectadores.
En el Renacimiento y la época moderna llegaron las manifestaciones públicas del interés por lo desconocido a través de los «freak shows«. Estos eran espectáculos en los que los protagonistas eran individuos con rarezas biológicas. Además, es en este momento en el que surge también el auge de la prensa amarilla en el siglo XIX. Se introdujo un nuevo tipo de sensacionalismo.

¿Por qué tenemos morbo?
Si analizamos la etimología de la palabra «morbo», observamos que proviene del latín «morbus», que significa «enfermedad» o «afección». Sin embargo, el morbo no deja de ser otra cosa que curiosidad y ansia de emociones fuertes.
La exposición a situaciones morbosas, ya sea como espectadores o como partícipes, supone una liberación de epinefrina, la hormona conocida comúnmente como adrenalina. Nuestro cerebro percibe estos estímulos como amenazas o situaciones excepcionales y activa el sistema de respuesta de «lucha o huida», en el cual la adrenalina es liberada por las glándulas suprarrenales generando a su vez dopamina.
Esta respuesta biológica ofrece así un escape del estrés y la rutina diaria. Las experiencias que elevan los niveles de adrenalina no solo proporcionan una sensación de vitalidad y autoeficacia, sino que también satisfacen nuestra búsqueda innata de emociones intensas y gratificantes.
De igual manera, existe otro factor clave en el morbo que nace de una característica elemental del humano: la empatía. Dentro de la mente de aquel que quiere saber más y más también hay un intento de entendimiento (que no comprensión) de lo ocurrido. ¿Por qué las personas actúan como actúan? Intentar comprender qué lleva a una persona a comportarse de determinada manera, incluso si sus acciones son opuestas a nuestras propias creencias, sigue siendo un ejercicio de empatía.
¿Dónde está el límite?
No obstante, a pesar de que el morbo en pequeñas dosis puede resultar estimulante y natural, hay límites claros que no se deben sobrepasar, sobre todo cuando hay víctimas (mortales o no) implicadas.
Gran parte de responsabilidad la tienen los medios. El morbo da visitas, por supuesto. Y todos quieren los mejores números. Sin embargo, debería tener más importancia la sensibilidad y humanidad que el dinero o la repercusión que la noticia o el contenido puedan generar.
La muerte del joven cordobés Álvaro Prieto en octubre del año pasado se convirtió en una de estas situaciones en las que la tragedia se vio envuelta en un morboso espectáculo mediático. Desde teorías inventadas sobre lo ocurrido en TikTok hasta la difusión de imágenes innecesarias del cuerpo por parte de diferentes medios de comunicación son pruebas de ello.
Patricia Ramírez, la madre de Gabriel, el ‘pescaíto’, reapareció en los medios para luchar por un Pacto de Estado que garantizase la seguridad de las víctimas frente a la violencia mediática. Así, consiguió paralizar la serie sobre el asesinato de su hijo Gabriel en 2018 a manos de la entonces pareja de su padre. «Lo nuestro no es una serie, no es ficción, es nuestra vida», explicó en una entrevista para El País.
Es verdad que, por instinto, el morbo está presente en mis entrañas. Me atrae lo oscuro, lo tabú, lo prohibido. Me gustaría tener acceso a toda la información posible y conocer el máximo número de detalles de todo. Sin embargo, hay un freno, tiene que haberlo. Ese freno es justo aquello que nos hace distinguirnos de los animales, la capacidad de razonar y tener conciencia, de saber lo que está bien y lo que está mal. Solo así podemos convertir nuestra curiosidad en una herramienta de comprensión y respeto, en lugar de una fuente de daño.





