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Que la Tierra te sea leve, Mayra

Como cualquier mañana habitual de domingo enciendo la televisión y, entre la multitud de noticias que se publican hoy con respecto a la manifestación para la regularización de los alquileres, destaca una de ellas. Ha fallecido Mayra Gómez Kemp. No la he visto venir.  

Cada vez quedan menos estrellas de la época dorada de la televisión. Se nos ha ido una de las mujeres más importantes de la pequeña pantalla. Y es que, a pesar de haber llevado una vida rodeada de cámaras, focos y reconocimiento, su faceta personal ha estado rodeada de experiencias sustancialmente opuestas a la vida pública que ha llevado.

Desde la publicación de su aparatoso (y siempre fastidioso) cáncer de lengua, hasta su fallecimiento, pasando por el fallecimiento de su marido, Alberto Beco, Mayra siempre había conseguido salir adelante.

Si hay algo que Mayra Gómez Kemp deja para el recuerdo, además de su amplísimo legado televisivo y cultural, es sin duda su ejemplo vital como muestra de que nunca hay que darse por vencido, y que no tenemos obligación alguna de no volver a mirar atrás.

En una entrevista que realizó en el ya extinto Sálvame, cuando la figura de Paz Padilla se convirtió en una especie de coach emocional de temática fúnebre tras haber perdido al que era su pareja (siendo bastante cuestionable esta faceta suya), dejó una lección sumamente importante, hablando del que había sido su marido, ya fallecido. Le preguntaba Paz Padilla «¿te preguntas por qué ha muerto él?», a lo que ella contestaba: «No. Él murió porque llegó a una edad y tuvo un problema cardíaco. Esas cosas yo no me las pregunto. […] Es ley de vida, pero no tengo por qué aceptarlo, Paz. Yo no soy Santa Mayra de los cojones».

A juicio de la gaditana, lo único que hacía la presentadora del Un, dos, tres era aferrarse al pasado y no aceptar el presente. Y Mayra contestaba que los recuerdos compartidos con su marido era lo que la hacía aceptar que ya no estaba con ella. Como bien decía ella, ¿qué problema hay con eso?

Quizá nunca llegó a ser consciente de cuán importante podría ser semejante declaración para dejar claro que, a pesar de que la muerte es natural, no tenemos que omitirla, aunque la sociedad funcione de ese modo. Que no pasa nada por regocijarse en el dolor (natural y legítimo) que se sufre al perder a cualquier ser querido. Que tenemos derecho a sufrir y que no es algo intrínsecamente malo.

«Nunca aceptaré que se ha muerto mi marido», decía. Yo tampoco aceptaré que cada vez os estéis yendo más y más estrellas. Sin lugar a duda, el fallecimiento de Mayra Gómez Kemp no ha sido justo, y ojalá no tuviera que estar escribiendo estas líneas. Sin embargo, gracias por dejar semejante lección. La muerte puede ser natural, pero nunca justa. Y con ella no lo ha sido.

Desde aquí, Mayra, te agradezco también el recorrido televisivo que nos dejas como parte de tu legado. Buen viaje, que la Tierra te sea leve.

 

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