Igualdad, un titulo precioso, una palabra irreal. Irreal teniendo en cuenta los sucesos que han ocurrido en las últimas horas. Los que acontecen cada día. Cada jornada es asesinada una mujer en este país, España, a causa del machismo. Por un individuo llamado maltratador. ¡Ni una más!
Hoy es 25 de Noviembre, día internacional contra la violencia machista. Y hoy en día, sabemos que —para sorpresa de nadie— existen varios tipos de maltratadores. Existe aquel que agrede a su pareja, expareja o amante y paga la pena que merece. La condena por sus abominables actos. Y otros, en cambio, aquellos que son ricos, poderosos e idolatrados reciben como condena la insignificante obligación de pagar una fianza de un millón de euros. Como ocurrió en el caso del exfutbolista Dani Alves. Ese culé que gracias a sus falacias y el poder que le otorga su estatus económico consiguió el favor y el «respaldo» de la justicia. Una justicia que por otro lado, escasas veces apuesta por la igualdad, pensando en las víctimas. Esas víctimas que son quienes realmente la necesitan. Víctimas como esta chica que tuvo la desgracia de cruzarse con semejante depredador sexual mientras estaba de fiesta. Hechos como este hacen replantearse la eficacia y los agujeros del sistema, que tantas veces tambalea, como una parte de la sociedad, frente a este asunto tan importante.
Hemos conocido también el caso de la cantante y tiktoker Mar Lucas, quien a través de su single Rota hacía pública su historia de violencia machista, teniendo como autor al también tiktoker Naim Darrechi. Una historia de maltrato vivida entre dos jóvenes famosos en redes sociales que podría hacer reflexionar a toda esta, nuestra sociedad. Porque esta lacra no entiende de edad, ni de religión, ni de otras cuestiones tan maliciosamente manidas como el lugar de nacimiento de los maltratadores y feminicidas.
Si algunos dejasen a un lado sus intereses egoístas y particulares, que tanto daño hacen a las que realmente importan y en las que hay que pensar, en las víctimas, todo sería mucho más fácil en esta sociedad machista. Porque ya lo dijo Ana Bernal Triviño, en un congreso celebrado en Badajoz el pasado 14 de noviembre. Como muchas otras. La clave es esa. Porque esa es la única forma en la que podemos ayudarlas. Escuchando su relato sin dudar de su palabra por nuestra maldita educación. Esa que tanto nos sigue juzgando a todas las mujeres. Y lo más triste de todo, esa maldita educación también nos ha llevado a verter esos mismos juicios, por desgracia, y en muchas ocasiones, entre nosotras.
Porque sí, si nosotras no nos apoyamos con respeto, cariño, empatía y sororidad ellos siempre acabarán ganando la partida. Porque juntas siempre seremos más fuertes. Por la que sufre en el colegio, en el instituto, en la universidad, por la que pasea por la calle sola, con miedo pero sin dejar de hacerlo, por la que baila muchas noches en discotecas sola y acompañada, por la última de la fila a quien muy pocos conocen, por la que tiene voz como yo y la usa para escribir y reivindicar un derecho básico y fundamental en los medios de comunicación. Por las que con su trabajo tienden puentes, nos defienden, pagan un altísimo peaje y, aún así, siguen. Nunca nos sueltan de la mano, por las que ya no están para contar su historia, por las que están ahogadas en ese infierno y aún no han podido ser libres, por las supervivientes a quien muchos siguen cuestionando cada día. Porque nadie calle tu verdad. La verdad, de muchas, que hasta que no avancemos fue, es y seguirá siendo la nuestra, la de todas. Por cada una, por todas nosotras, grito: solas y rotas… ¡ni una más!


