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‘Te avisé’: ¿el desenmascaramiento final de Ayax?

Cuando la palabra de un hombre vale más que el testimonio de decenas de mujeres

El pasado domingo 23 de noviembre, el cantante ibicenco Fernando Costa hizo temblar los cimientos de la escena urbana española con su canción Te avisé. Dedicó 4 minutos y 47 segundos a rapear una realidad que llevaba años siendo silenciada sobre Ayax, un rapero que no solo había sido un compañero de profesión, sino, durante muchos (quizá demasiados) años, su amigo.

Con versos como “Cuando pagaste para que esa piba retirara su denuncia del juzgado (ay)” o “Si obligaste a todas tus exnovias para que abortaran”, Fernando Costa se decidía a rapear lo que llevaba años callando en su canción Te avisé. A tan solo unos metros de la casa del retratado, Ayax, y con la Alhambra de fondo.

Baboso, narcisista, manipulador y tóxico: así describió Fernando Costa al cantante con el que había mantenido años de amistad. Un periodo en el que las acusaciones por abusos sobre el granadino no cesaron.

Ya en octubre de 2024, @denunciasgranada publicaba su primer post en Instagram: una captura de una publicación de Cristina Fallarás, en la que una mujer relataba los abusos sufridos cuando era menor a manos de “un cantante muy famoso de aquí”, refiriéndose a Granada. Tras esto, más de 50 víctimas contactaron con la cuenta granadina, que dio voz a una realidad que había sido ocultada.

El tiempo transcurrió. Varios de sus contratos, como el que tenía con la agencia de representación Taste The Floor, y conciertos como el del 28 de marzo de 2025 en el Wizink Center de Madrid, fueron cancelados. Sin embargo, el artista siguió actuando, concertando fechas… Mientras, las redes sociales ridiculizaban a las denunciantes que alzaron la voz, tachándolas de «buscafamas».

La actitud y el modus operandi del cantante se conocían en el gremio. Pero se tapaba, se pasaba. Por eso ahora me pregunto: ¿qué ha salido a la luz recientemente que no hubiese salido hace un año? ¿Por qué la cancelación de Ayax parece por fin definitiva?

La respuesta es simple y tiene un nombre: patriarcado. Ha tenido que ser Fernando Costa, un hombre, con legitimidad social, tras años de silencio cómplice, quien lo dijera. Y la sociedad lo ha glorificado de forma casi unánime. Mientras, a las víctimas, que se mantenían también en silencio, se las demoniza.

La cancelación, que parece definitiva, de este personaje, más que alegría me produce un sabor agridulce. Sigue siendo la palabra del hombre la que está por encima de la de la mujer, de la de las mujeres en este caso. La violencia ha parecido solo ser certera cuando Fernando la ha señalado.

Y aunque la problemática entre estos dos raperos ya se haya extendido, en un principio su público objetivo eran sus fans, en su mayoría adolescentes y jóvenes de entre 14 y 22 años. Es en este periodo donde la necesidad de referentes es innegable. Los adolescentes buscan personas de referencia que les motiven o inspiren, y lo que antes solía ir desde personas cercanas, familiares o amigos, con las redes sociales y su gran alcance ha mutado a ser prácticamente figuras públicas, como actrices, cantantes o deportistas, que, sin quererlo, se convierten en modelos de conducta.

El fenómeno no es nuevo, pero hoy se multiplica por mil debido a las relaciones parasociales, vínculos unidireccionales que los jóvenes establecen con sus ídolos a raíz del bombardeo constante de contenido auténtico y personal que comparten en redes estas figuras públicas. Esto les permite reafirmar el sentimiento de que los conocen realmente (aunque ellos solo muestren una cara), y tú siempre defenderás a una persona a la que crees realmente conocer antes que a una de la que no sabes nada.

Así que cuando este ídolo es un abusador, la reacción del fan joven —que lleva siguiéndole mucho tiempo y ha alimentado esa relación parasocial durante años— no es objetiva, es sobreprotectora. Y cuando alguien señala al que él enaltece, la respuesta tampoco es objetiva, es crítica, es ataque.

Y es por esto por lo que llevamos un año viendo el sobreesfuerzo de los fans de Ayax por justificarle. Porque cuestionarle a él sería cuestionarse a sí mismos. Admitir que tu ídolo es un agresor conlleva aceptar que te has equivocado, que la violencia machista existe y que cualquiera, aunque en un principio te parezca imposible, podría reproducirla.

Resulta más cómodo creer que la culpa es de ellas —“se lo han buscado”, “están exagerando”, “lo hacen por la fama”— que admitir que tu ídolo, al que creías conocer realmente, y del que llevabas años replicando su forma de ser, su corte de pelo, su ropa, su manera de hablar… es una persona, concretamente una mala persona. Desposeer a los famosos de esa cualidad de dioses, de seres celestiales, es un proceso difícil. Admitir que simplemente son seres humanos, que se equivocan, duele.

Sin embargo, no podemos aislar este caso; infinidad de famosos, como Alves, Chris Brown o Mike Tyson han mostrado el mismo patrón. Ejemplos que se enmarcan en un contexto social donde la ultraderecha gana cada día más terreno, no en tertulias, no en platós, sino en redes. Se han abierto un camino en Instagram, TikTok… logrando convertir el machismo en un discurso mainstream.

Según el último Barómetro del CIS, entre los hombres de 18 a 24 años el liderazgo preferido es el de Santiago Abascal. Y no precisamente porque conecten con su programa político (calcomanía casi perfecta de una España totalitaria), sino porque Vox ha sabido entender y encauzar el miedo de los hombres ante una realidad que implica perder sus privilegios en favor de una igualdad.

Esparciendo un discurso en redes que revaloriza la masculinidad fuerte y propone el rechazo ante cualquier deriva feminista. Han conseguido normalizar un mensaje: “La violencia machista es una exageración”.

Y así lo recoge el Barómetro Juventud y Género 2025: 4 de cada 10 jóvenes creen que la violencia de género es inevitable. La naturalización de la violencia contra las mujeres es ya inherente a nuestra sociedad. Y si la violencia es inevitable, ¿por qué escuchar a las mujeres que la denuncian? ¿Por qué creerlas?

Este no es solo el caso de un rapero señalado por abusos sexuales (Ayax), ni de su ex amigo que decide dejar de justificarlo (Fernando Costa) y alzar la voz. Esto es el síntoma de una sociedad enferma, de una generación que está replicando actitudes machistas que heredan de sus referentes y con la impunidad que ofrecen partidos ultraderechistas que banalizan la violencia de género.

Combatir esto no es solo glorificar a un hombre que habla tarde (quizá cuando le conviene). Ni cancelar a un abusador solo porque una figura masculina de la industria lo haya señalado. Es romper el patrón que hace que la palabra masculina tenga mayor valor que cualquier testimonio femenino. Es asumir que la violencia de género existe y que no podrá ser erradicada si se silencia.

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