Inés Hernand lo dio todo en la fiesta posterior al Benidorm Fest
Al ritmo de ‘Ay mamá’, de Rigoberta Bandini. Al sonar el estribillo, “no sé por qué dan tanto miedo nuestras tetas”, mostró sus pechos al público, desatando un sinfín de críticas en las redes sociales.
Inés ya había sido cuestionada por llamar a Madrid “un sumidero” durante el Benidorm Fest: “Menos Madrid, hija, que es como un sumidero; yo soy de ahí, un sumidero horroroso”. Sus palabras no sentaron muy bien al público, pero aun así, no tuvo el mismo impacto mediático que su actitud en la fiesta. Como resultado, las redes sociales se inundaron de reacciones sobre lo ocurrido, convirtiéndose en trending topic en X.
Se cuestiona si Inés Hernand merece su puesto como presentadora en RTVE, si su actuación es feminista o vulgar. Sin embargo, lo que realmente se respira en las redes sociales y nos hace saltar todas las alarmas es el halo de misoginia con el que están cargados los comentarios. Los más recurrentes son, ni más ni menos, aquellos relacionados con el tamaño de sus pechos.
Una sociedad en retroceso
¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI el foco se ponga sobre el físico de una mujer y no sobre su acción? Más allá de sí el gesto es apropiado o no, lo que preocupa es que para la sociedad el cuerpo de una mujer sea objeto de críticas. Muchos de estos mensajes podrían provenir de hombres que tienen una visión alterada sobre el cuerpo femenino debido a la influencia del porno. Esto les impide comprender la diversidad real de cuerpos que existe. Lo cierto es que los comentarios cargados de odio hacia Inés Hernand no provienen solo de hombres, sino también de mujeres. Estas manifestaciones son solo un reflejo más de los efectos devastadores que el patriarcado ha dejado en nuestra sociedad.
Existe una presión constante en las mujeres por encajar en los estereotipos. Estos comentarios no dejan de ser el caldo de cultivo perfecto para seguir perpetuándolos. Hace unos meses, la aparición de Ester Expósito con un rostro visiblemente diferente generó una oleada de especulaciones sobre un nuevo retoque estético. Las redes se llenaron de críticas, haciendo alusión a que las mujeres estaban obsesionadas con modificar su apariencia para verse mejor, pero lo único que conseguían era el efecto contrario. Esto refleja que no importa la decisión que tome una mujer sobre su cuerpo, porque la sociedad nunca estará del todo conforme.
A pesar de los ataques, Inés ha encontrado apoyo entre sus seguidores y ha respondido a los haters a través de las redes sociales. Pero, dejando de lado los elogios y el rechazo, la reflexión sigue siendo la misma: ¿por qué seguimos centrando la atención en los cuerpos de las mujeres en lugar de en lo que realmente importa? Si Inés Hernand tuviera un pecho grande, ¿la reacción habría sido la misma? Al final, será cierto que “la sociedad tiene miedo de nuestras tetas”. Mientras este sentimiento persista, seguiremos condenados a una sociedad en retroceso.

