Terror, destrucción, muerte, saqueos, y hasta refugiados. Esos son los elementos comunes en todas las guerras. Mientras los militares luchan, los políticos se echan las culpas y las potencias internacionales intentan sacar tajada militar, política o económicamente, mientras que quien de verdad sufre es el pueblo. Gente inocente que no tiene qué comer ni dónde dormir.
Goma, en República Democrática del Congo, antes del 28 de enero, era una ciudad relativamente tranquila, que vivía de la pesca, agricultura y de las minas, siendo este último el sector económico más importante de la ciudad. Las tensiones con Ruanda eran más un «tira y afloja» verbal, con algún que otro pequeño enfrentamiento, pero sin consecuencias mayores. Sin embargo, ese día, el destino de la ciudad cambiaría completamente, quedando capturada por el M-23, una guerrilla pro-Tutsi que, ante lo que considera el reiterado incumplimiento de los acuerdos con el Gobierno congoleño, debía actuar militarmente.
Miles de personas han huido de Goma. Las calles están desiertas y los hospitales no dan abasto. Esto no es nuevo ¿suena familiar, verdad? Ucrania, Gaza, Sudán… Son innumerables los ejemplos que se pueden poner para explicar cómo los civiles sufren indiscriminadamente, estén donde estén los efectos de bombas, robos, violaciones, secuestros y un largo etcétera de acciones criminales en conflictos armados.
El problema no es solo que el mundo tenga que estar pendiente de lo que suceda en Ucrania o Gaza y enviar ayuda, sino el hecho de que Sudán ha quedado olvidado. De la misma forma que Goma será un recuerdo que se desintegrará en la memoria y que nadie hablará del conflicto. Es problemático, cuanto menos, que seamos selectivos con aquellos lugares donde sufren. Si sucede un terremoto en China o en Estados Unidos, todos vamos a ayudar, pero si un conflicto armado comienza ¿por qué tenemos que olvidarlo? Muchas de las respuestas se encuentran en cuanto de humanos o inhumanos somos. ¿Acaso que alguien fallezca por caerle una bomba en su casa va a cambiar nuestra percepción de ayuda porque se encuentre en un lugar A y no en el B?
Se decía, allá por 2020, que la pandemia nos iba a hacer más resilientes y mejores personas. Cinco años después, dichas afirmaciones se pueden constatar como falsas, y nada mejor que los acontecimientos internacionales para saber que hemos empeorado y fracasado de cara al exterior.
Por ejemplo, desde 2022, el mundo está en vilo por el futuro de Ucrania y cómo terminará la guerra, y más desde que la nueva administración estadounidense, bajo el liderazgo de Donald Trump, volviese al poder el 20 de enero. Sin embargo, Sudán no interesa a nadie. La ayuda no se ha enviado, no se han buscado soluciones y nos ha dado igual que se hayan cometidos asesinatos, violaciones o que haya habido un gran número de desplazados o que la hambruna haya pasado a ser crónica.
Actualmente, si uno se informa, verá cómo Goma aparece destacado por ser uno de los puntos de actualidad internacional del momento. En dos meses, o en menos tiempo, seguro, Goma desaparecerá y dejaremos que el gobierno de República Democrática del Congo se las arregle contra el M-23, olvidando todas las consecuencias que se derivarán del enfrentamiento entre ambos bandos. Sin duda, todos deberíamos mirar de la misma forma a todos los conflictos, y no ser tan hipócritas ni tan inhumanos. A fin de cuentas, en una guerra siempre hay víctimas, y lo que más duele es que la mayoría de ellas son inocentes.


