La sociedad de la mente abierta y la tolerancia cero. ¿Es valiente el que no se priva de dar su opinión?
Hemos llegado a un punto en nuestra sociedad en el que se ha normalizado premiar a una persona por no tener miedo a posicionarse sobre un tema, a defender una ideología o a expresar su opinión. En un momento donde se reivindica la libertad de expresión, premiamos a quien hace uso de ella. Porque cuando alguien no coincide con la visión de la mayoría, se calla. Un poco contradictorio, ¿verdad?
Pues esto es lo que ocurrió el pasado 26 de marzo en la jornada de premios de la Junta de Andalucía, donde se premió a Juan del Val por, textualmente, «la defensa de la fiesta en espacios televisivos de gran audiencia como El Hormiguero o La Roca».
Honestamente, fui consciente de la entrega de este premio cuando el jueves 27 Juan del Val lo agradeció en directo durante la tertulia de El Hormiguero (programa del que si eres espectador, también eres encasillado en una ideología). Obtuve tarde la información porque, en mi opinión, pocos han sido los medios de comunicación que han hecho eco de la noticia. Tampoco lo han hecho de los premios en general, ni del hecho de que un profesional de la información haya recibido uno de ellos. Puede ser porque la mera entrega de estos premios ya esté sujeta a debate.
Como he mencionado antes, me sorprendió el hecho de que deban darle un premio a un periodista por tener el valor de expresar una opinión en los medios de comunicación que actualmente puede ser considerada como conflictiva o minoritaria.
El caso es que yo no estoy aquí para alabar ningún tipo de ideología, ni para manifestar una opinión por encima de otra. Porque ninguna opinión está por encima, pero tampoco por debajo. A lo mejor deberíamos ser más críticos con la realidad en lugar de obviar el problema. A lo mejor deberíamos respetar las opiniones, aunque no estemos de acuerdo con ellas. No obstante, como se suele decir, su libertad termina cuando empieza la mía. Y si bien es cierto que hay que respetar las opiniones, debemos hacer excepción con aquellas que limitan la libertad de otras personas, o atentan contra la seguridad o los derechos básicos de las mismas.
Esto, sinceramente, nos hace pensar hasta qué punto puede haber personas, o incluso profesionales, que no defienden lo que piensan por miedo a que se les juzgue, o por miedo a tener cualquier tipo de problema, ya sea en el ámbito personal o en el profesional. Quizás Juan del Val ha podido hacerlo porque su cadena le respalda y le ofrece esa libertad, pero es probable que otros periodistas no tengan la misma suerte. ¿Es un periodista siempre un profesional de la información, o es una persona que puede expresar su opinión?
Es evidente que pueden surgir varias opiniones, pues a la vez que todo el mundo puede hacer uso de su libertad de expresión, hay determinados espacios, como el laboral en el caso de un profesional de la información, en el que se debe mantener la objetividad. No obstante, también hay medios en los que los periodistas expresan su opinión o preferencias apenas sin tapujos, usando los medios como herramienta divulgativa.
Sin embargo, la realidad es que cuando se habla de todo esto no gusta, porque la gente se siente atacada, se siente ofendida porque sigue pensando que al decir lo que creemos lo hacemos atacando al grupo que piensa lo contrario. Quizás, en vez de ofendernos cuando una persona piensa de una forma contraria a la nuestra, podríamos simplemente respetarlo, y vivir sin rencor. Porque a consecuencia, ahora se premia a quien no se calla pero tampoco lo hace para convencer, porque lo hace desde el más profundo respeto y admiración.


