Canadá enfrenta nuevos retos con Estados Unidos y Rusia como principales adversarios
El pasado lunes, Canadá dio la noticia electoral de abril: los liberales volvían a ganar unas elecciones generales y repetirían como principal partido gobernante. Sin embargo, Mark Carney no lo tendrá tan fácil como su antecesor Justin Trudeau. El exbanquero, ahora primer ministro, deberá pactar para formar un gobierno.
Esas elecciones, que en un principio no parecen transcendentales como las que se celebran en Francia o Estados Unidos, son más importantes de lo que parece. Canadá será uno de los principales países que compitan contra Rusia en el Ártico. Cada vez es más frecuente ver cómo el deshielo se acelera a ritmos inimaginables en esta región polar. Esta terrible situación climática proporciona una favorable ventaja económica: la ruta ártica es siete mil kilómetros más corta que la del canal de Suez.
En unas décadas, si el cambio climático sigue acelerándose, Canadá podrá sacar ventaja de esta situación y sacar rédito económico de ello. Los únicos problemas que por el momento presenta esta ruta es el clima extremo y la falta de infraestructura portuaria y servicios de emergencia. Sin embargo, Canadá no está sola: Rusia compite directamente con la nación norteamericana en este sentido. La gran potencia ex-soviética cuenta con importantes puertos árticos como Murmansk o Arcángel, la mayor flota de rompehielos del mundo y vigilancia militar continúa en el Ártico.
Además, ambos países continúan disputándose territorios en el Ártico, especialmente en el Mar de Chukotka; pero no son los únicos, ya que Estados Unidos, Dinamarca y Noruega luchan por su pedazo en esta región. Obviando su ruta comercial, el Ártico es una zona increíblemente rica en petróleo, gas, cobre, hierro, recursos pesqueros (bacalao y fletán, especialmente) y agua dulce (en forma de hielo).
Nuevo gobierno
Dejando a un lado la riqueza ártica y volviendo a las elecciones, el nuevo gobierno no lo tendrá nada fácil: deberá hacer frente a su enemigo: Estados Unidos. Perdón, es mejor decir que es Donald Trump, porque un demócrata no les ha hecho nada. Los resultados electorales arrojaron una clara victoria: los liberales (izquierda) obtuvieron 169 escaños frente al Partido Conservador (144).
Para la Unión Europea esta es una buena noticia, no para la administración estadounidense. En su discurso como vencedor, Carney parecía que estaba poseído por China y Rusia al escupir bilis sobre Estados Unidos, y lo peor de todo es que había borregos que le aplaudían como focas de circo su discurso, que claramente se nota, no viene a arreglar las cosas con Trump, si no a ponerlo todo más complicado.
Estoy de acuerdo al 100% con los canadienses en que no quieran ser parte de otro país y que fomenten su economía comprando sólo productos nacionales, pero lo que noto es que en Canadá y en la Unión Europea hay una hipocresía nunca vista: cuando otras administraciones estadounidenses estaban en el poder, no había problema con Estados Unidos, la gente se volvía loca con su «crush americano», consumiendo series, películas, comida rápida o comprando marcas de ropa de esa nación.
De la noche a la mañana, hemos tirado por el balcón a Estados Unidos y lo hemos reemplazado por lo nacional y lo cercano. Ahora bien, estoy seguro de que esa acción no nos durará mucho, porque cuando Estados Unidos vuelva a celebrar elecciones, no me cabe la menor duda de que volveremos otra vez a consumir lo estadounidense como si no hubiese un mañana. No soporto esa hipocresía y además, si tuviésemos que hacer lo mismo con los productos de Francia, Alemania o Reino Unido cuando el gobierno cambiase todo sería un caos.
Un resultado electoral inmutable
El problema con que los liberales hayan ganado las elecciones no es sólo una mala noticia para Estados Unidos, ya que el líder del Partido Conservador, Pierre Polievre, es fanático de Trump, pero sólo hasta cierto punto. La gran cuestión viene a casa: a la hora de votar, en grandes ciudades como Toronto, Vancouver y Montreal, próximas a Estados Unidos, los liberales han ganado. Sin embargo, si se mira todo el sur, centro y Atlántico canadiense, los conservadores han sido los favoritos. ¿Por miedo a Trump o por mejorar las relaciones con Estados Unidos?
La respuesta se encuentra en que cuanto más cerca se está de Estados Unidos, más se tiende a votar a la derecha porque los valores conservadores, la religión, una fuerte presencia de trabajos agrícolas y ganaderos en las zonas rurales y la defensa de recursos naturales como el petróleo van en sintonía con lo que, a un lado conservadores y al otro republicanos, defienden. De hecho, el mapa electoral de Estados Unidos mostró que en las pasadas elecciones de 2024, cuanto más cerca del sur de Canadá, más control tenían los republicanos.
Ahora bien, la tendencia en el norte (poblado principalmente por indígenas) es diferente: más liberal, más progresista. Es ignominioso e infamante. Los liberales, tan de izquierdas ellos, han demostrado ser una vergüenza para el votante indígena.
Problemas que dejó Justin Trudeau
El gobierno de Trudeau ha permitido que las comunidades indígenas sigan sin acceso a agua potable (en ciudades como Yellowknife) y en áreas rurales. Además, los liberales que tan «amigables» del medio ambiente se declaran, dieron luz verde a diversas construcciones de oleoductos y gasoductos que han pasado por diversas reservas indígenas, sin consultar antes a la población que allí reside, despidieron a 1.000 trabajadores de las agencias nacionales que trabajan con comunidades indígenas e invirtieron sólo tres millones de dólares en esos servicios. Además casi 500 mujeres y niñas indígenas fueron asesinadas y violadas durante su mandato y casi 4.000 desaparecieron, y el gobierno de Trudeau demoró en responder para poner medidas de protección en estas comunidades.
A nivel general, los precios de la vivienda han aumentado, especialmente en las grandes ciudades sin que el gobierno de Trudeau hiciese nada al respecto, también permitieron extraer petróleo y gas en algunas provincias. En el campo de la salud, faltan muchos médicos en zonas rurales y la listas de espera para operarse han aumentado desde 2015.
Además, la promesa estrella de Trudeau de que el gobierno costease los medicamentos recetados (lo prometió en tres citas electorales en 2015,2019 y 2021) no se ha implementado, porque tan sólo los anticonceptivos y medicamentos para la diabetes los cubre el gobierno.
El último punto débil de Trudeau fue la inseguridad (sobre todo en las ciudades del país, la violencia con armas de fuego y el crimen organizado ha aumentado), y la policía montada canadiense sigue sin financiarse adecuadamente. Por ejemplo, falta un 30% de personal para poder trabajar en algunas unidades como ciberdelincuencia.
Todo esto, hace de verdad, pensar si Carney seguirá los pasos de Trudeau o si arreglará los problemas de Canadá. Por el momento, lo que sí es seguro, es que los liberales se confunden: su enemigo no es Estados Unidos; es Rusia, y Carney ya ha avergonzado a su país con su primer discurso, propio de una pataleta de niño pequeño y no de un primer ministro.


