Afrontar la pérdida con otra perspectiva
Al comienzo de este verano he visto la saga de terror Destino Final. En general, a pesar de ser repetitiva y con pocas cosas destacables, ha sido un buen entretenimiento y me ha generado varias carcajadas, con tanta persona muriendo de las formas más absurdas posibles. Esta evolución del slasher, del enemigo imbatible que es la muerte, me hizo pensar acerca de nuestra relación con la misma.
En esta saga presenciamos la muerte de decenas de personas mediante ‘accidentes’. La propia muerte es imbatible ante los seres humanos, independientemente de su edad. Ya sea por efectos dominós u otras maneras, siempre gana. Hasta podemos oír su risa cuando los personajes intentan esquivarla. Estos fallecimientos, a pesar de su gravedad, pueden llegar a causarme risa en ciertas ocasiones.
A esto se puede sumar que, en aspectos generales, la saga no destaca precisamente por su escritura de personajes. Expone a personas que entran en categorías estereotípicas dentro de producciones cinematográficas de esta índole. Encontramos al dúo de chicas pijas, el jugador de fútbol americano egocéntrico, el nerd o friki, entre otros muchos.
Las situaciones son tan rocambolescas por las relaciones de causa y efecto que no pueden tomarse en serio en la mayoría de las ocasiones. Vemos a los personajes afectados, sobre todo a los protagonistas de sus respectivas entregas. Y sin embargo, nos reímos. Nos reímos de la muerte, la comedia es el gran enemigo de ese final que nos llega a todos. La comedia se ríe de la muerte, en todo su rostro.
Así, estas muertes las distingo de otras que pueden ocurrir en otros slasher como La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) o La noche de Halloween (John Carpenter, 1978). En estas cintas los asesinatos gustan al espectador por el morbo, por ver cómo el asesino de turno rebana, destripa o acuchilla a los adolescentes. En cambio, en Destino Final, entra el componente del absurdo. El asesino es un ente que usa los objetos y entorno que están alrededor de la víctima. Ese absurdo provoca esos efectos dominó mencionados anteriormente.
Las comedias de terror donde la muerte es un tema importante acompañan a este pensamiento de jolgorio. Por ejemplo, tenemos Bitelchús (Tim Burton, 1988), donde el dúo protagonista, una pareja de fantasmas, quieren echar a los nuevos inquilinos de su antigua casa.
De alguna manera, este pensamiento se puede llevar a la vida real, pero no en su totalidad. Perder a un ser querido es algo terrible, que debemos afrontar en algún momento de nuestras vidas. Afortunadamente, la compañía de familiares y amigos puede hacer más llevadero ese bache. Por supuesto que no abogo por quitarle toda la seriedad a algo tan formal como un funeral, pero sí afrontarlo desde otra perspectiva. La muerte provoca reunión, provoca acercamiento, provoca apoyo.

