Sobre por qué nos preocupa decir lo que nos gusta
Me encanta la música de Luis Miguel. Esto es una afirmación que, cuando la proyecto en alto en ambientes sociales, provoca risas por parte de los compañeros de la conversación. Yo también me río. Estoy acostumbrado y no me molesta en absoluto. Sin embargo, me hace pensar por qué surgen estas carcajadas leves. Estas risitas dan a entender un rechazo a tu gusto (en este caso al cantante mexicano).
Podemos empezar hablando de la edad. Volviendo al ejemplo de Luis Miguel, tenemos el prejuicio de que su música es solo escuchada y admirada por «personas mayores». Es ese artista que tu madre pone en el coche, ese CD que has escuchado de pequeño decenas de veces.
Otro ejemplo pueden ser los musicales, asociados a un público infantil o adolescente, cuando no hay límite de edad para disfrutar de este tipo de películas. Porque ese es el punto clave: los gustos no tiene fecha de caducidad. Por supuesto que con el paso de los años el arte que consumes y disfrutas va cambiando conforme creces, pero hay obras que puedes consumirlas siendo pequeño, joven, adulto e incluso anciano.
Esta «expiración» causa una presión y un encierro en uno mismo. Te autocensuras dominado por la vergüenza que nos da hablar de nosotros mismos. La música que escuchamos, las películas y series que vemos, los libros que leemos. se categorizan en dos grupos: aquellos de los que hablamos abiertamente y aquellos que no. Nos guardamos ese reducto de privacidad.
Esto en principio no tiene por qué ser malo. Todos tenemos derecho a tener nuestro espacio seguro donde se almacenan nuestros gustos. Es un lugar mental que se manifiesta a través de varios productos de diversa índole, desde los libros que tenemos en nuestra habitación hasta las canciones en MP3 guardadas en el móvil.
Este espacio lo puedes compartir con otras personas en entornos sociales por la seguridad que te transmite hablar de lo que te gusta (incluso lo expones con un toquecito de orgullo). Recomiendas las obras que tanto te han fascinado para que esa persona pase por lo mismo que lo que pasaste tú.
Lo que tenemos que conseguir es vencer ese miedo a compartir. A pesar de ese orgullo que acabo de mencionar, no hay que olvidar que aquello que nos encanta no es ni mejor ni peor que lo que les encanta a los demás. Simplemente es distinto. El ser humano es ese ser vivo capaz de crear las más bellas obras artísticas, y tenemos esa responsabilidad de no solo crearlas, sino también consumirlas, compartirlas y recomendarlas.
Hay que perder el miedo a recomendar esa comedia de humor escatológico que tanto nos hizo llorar de risa y que, sin duda, sabemos con total seguridad que es horrible. Esa canción de Flos Mariae que tanto nos acompañó en la ESO. Ese fanfic de Wattpad con una calidad ortográfica y gramatical cuestionable.

