Sobre por qué nos fascina el body horror
Durante estas fechas tan señaladas, el cine de terror está muy visible. Es una época para recordar por qué algunos adoramos tanto este género e indagar en obras de todo tipo: sobrenatural, folk horror, o slasher. Sin embargo, uno de los subgéneros de terror tiene la capacidad de adaptarse a las categorías anteriormente mencionadas y a otras más: el body horror.
El body horror es aquel tipo de terror donde el miedo radica en el propio cuerpo humano, ya sea a base de deformaciones, transformaciones o mutaciones. Aquí el espectador puede sentir aún mayor terror que viendo un fantasma o un asesino en serie. Que el origen del mal provenga de una uña, un pelo –o un ojo– produce un desasosiego preocupante. Tu propio cuerpo puede jugarte una mala pasada.
El body horror tiene la particularidad de poder entrar y metamorfosearse con otros subgéneros del terror. Por ejemplo, en ciencia ficción tenemos la excelente La Cosa (1982) donde, ajo los parajes helados, un grupo de científicos sufrirán el ataque de un alienígena cuya forma física apenas vemos, ya que usa los cuerpos humanos y animales para mutar y atacar.
El terror proviene del desconcierto, ya que el alienígena sabe camuflarse e imitar casi a la perfección un cuerpo humano y sus comportamientos. Llega hasta incomodar la desconfianza que se tienen los compañeros entre ellos. Cómo esos científicos, cocineros y demás personal, esas personas que compartías rutina, ya nos las ves de esa manera. Temes por que te hagan daño.
Yendo a otro campo, al body horror se le ha añadido un fuerte carácter erótico. Tiene todo el sentido del mundo que estos dos elementos rimen tan bien. Una de las cosas más humanas es el sexo, el amor, lo carnal, la belleza. La búsqueda de un cuerpo mejor para fines sexuales.
Es por eso que películas como Crash (David Cronenberg, 1996) o La sustancia (Corale Fargeat, 2024) son tan queridas. En la primera, el director de Canadá jugaba con el morbo, con esa “secta” con excitaciones sexuales hacia los accidentes de coches. En la segunda, el personaje de Demi Moore busca de manera desesperada seguir siendo admirada y deseada por el público.
Al final, se pueden sacar múltiples lecturas de este subgénero, que en principio puede ser algo que solo existe para mostrar contenidos explícitos, saciando el morbo del espectador. Afortunadamente, a través de nuestro cuerpo se pueden sacar reflexiones de todo tipo, inventar narrativas novedosas e incluso pasar a la historia del cine. Como dijo el protagonista de Videdrome (1983): «Larga vida a la nueva carne.»

