¿Es una cuestión actual o es algo innato en nosotros?
Hoy en día con las nuevas tecnologías todo es superfluo y efímero. Es difícil dejar huella, destacar, pero al mismo tiempo, casi todo el mundo tiene a su disposición la posibilidad de ser un altavoz para el mundo. Ahora parece haber una obsesión con destacar por encima del resto, pero no todo el mundo puede ser extraordinario.
Esto sucede desde el mundo del arte, pasando por las redes sociales hasta cualquier otro ámbito de nuestras vidas. Por ejemplo, una canción. El autor de dicha pieza, ¿qué pretende lograr con su producción? Lo más probable es que hace un tiempo el artista lo hiciera con el propósito de crear y expresarse, y evidentemente ganarse la vida de ello si le fuera posible.
Antiguamente también existía el fenómeno fan, pero no estaba tan globalizado, y no eran tantos los que tenían la necesidad de ser venerados. La diferencia es que hoy en día, aunque otra persona produjera una canción y la hiciera con el propósito de crear arte, viene con una gran presión por ser reconocido, ya que ahora el escaparate al que está expuesto es mucho mayor que el de antes, y no sirve solo con ser bueno, tienes que ser diferente.
Un claro ejemplo de ello es el programa de televisión ‘Operación Triunfo‘. En este concurso, una serie de jóvenes entran en una academia en la que se forman como artistas mientras les graban durante la gran mayoría del día. Esto puede jugar a su favor o en su contra.
Si uno de ellos no es el mejor artista pero consigue ganarse al público con carisma, este durará más en la academia que aquel que tenga una gran voz pero resulte no agradar al público. Por lo tanto, predomina ser diferente y carismático a tu calidad como cantante. Esto a su vez, inevitablemente, genera un cambio de mentalidad en los concursantes, que priorizan, muchas veces, destacar por su personalidad antes que por su arte.
No hay algo ncesariamente negativo en querer reconocimiento, de hecho, creo que todos dependemos de él, aunque tratremos de huir de ello. Nuestro trabajo no es suficiente si no hay mínimo una persona que esté de acuerdo en que es válido. Es inevitable y siempre lo ha sido: necesitamos testigos de nuestra existencia para sentir que, efectivamente, estamos vivos.
Por lo tanto el debate no consiste en si antes los artistas o escritores no necesitaban validación externa, porque no es verdad, la necesitaban igual que nosotros ahora. El verdadero debate es por qué ahora parece estar por encima la necesidad de ser una gran celebridad antes que la propia creación personal. Existe una obesión por destacar, como si lo ordinario fuera algo horrible a lo que enfrentarse.
El auge de las redes sociales y el crecimiento de la glorificación de personas famosas son en gran parte responsables de este problema. Con toda esta superficialidad deseamos aferrarnos a algo, algo que no es real ni verdadero
El resultado de esto es una gran frustración, ya que si todo el mundo fuera extraordinario, nadie lo sería. Lo excepcional necesita de lo común.
Se nos ha hecho creer que el éxito viene siempre acompañado por la fama, cuando este tiene muchas formas de manifestarse. Hay algo excepcional dentro de lo ordinario, pero se nos ha intentado arrebatar esta certeza. Puede ser esa persona que escribe poesía que nunca es publicada, o un panadero que amasa el pan para cientos de personas todas las mañanas. Es lo ordinario lo que, en ocasiones más que lo extraordinario, mueve el mundo.


