Sobre el amor hacia esta estética industrial recargada
El último álbum del rapero vallisoletano Erik Urano, Stalker, ofrece espacios sonoros industriales y electrónicos. Aquí está la palabra clave: industrial. Escuchando Stalker, veo fábricas, tuberías y cables colgando. No son objetos bellos per se. Sin embargo, me atraen. Hay algo que me fascina de este universo estético.
Esta estética lleva estando presente décadas. Ya David Lynch en Cabeza Borradora (1977) mostraba espacios grises —la fotografía lo reforzaba—, inmensos, que transmitían inquietud al espectador. Y aquí está la clave: la inquietud. Los ambientes recargados deberían generar emociones negativas y, sin embargo, no siento que quiera alejarme. Se me ocurre otra película para este tema: Tetsuo, el hombre de hierro (Shinya Tsukamoto, 1989). En esta peli de terror japonés, los personajes sufren mutilaciones y modificaciones en su cuerpo.
Esta estética no se lleva solo a lo visual. En la música también se ha buscado estos ambientes. En la música electrónica encontramos artistas como Aphex Twin o Autechre, que experimentan con sonidos industriales en sus álbumes. Volviendo al caso de Tetsuo, su banda sonora comparte algunos de estos rasgos. Chu Ishikawa compuso canciones de techno agresivo. Esta música «machacona» refuerza dos cosas: por una parte, la ambientación mencionada con anterioridad y el goce o disfrute del espectador u oyente.
También esto me atrae por una sensación de nostalgia. Soy de un pueblo pequeño, pero por diversos motivos iba mucho a Valladolid, y ya de pequeño pasaba por una zona de naves industriales. Cuando uno es pequeño, ve todo con grandes dimensiones. La nostalgia se pega a esos recuerdos y no se separan de ti en mucho tiempo (incluso pueden estar para siempre). Ese sentimiento puede ser más poderoso que el terror.
La estética del Industrial Hell no solo me parece atrayente y bella. Es que incluso la puedo llegar a romantizar. Hay que tener cuidado con idealizar según que temáticas por cuestiones éticas pero, sin embargo, con el Industrial Hell, esto no ocurre en un primer término. Bajo esa opresión, cierto grupo de usuarios en Internet han encontrado un espacio seguro. Y les comprendo y les sigo. No es que estemos en la calma después de la tormenta: esto es la calma en la tormenta.
En general, el Industrial Hell, como otras estéticas, obras o productos culturales, es una zona de confort a pesar su apariencia —a primera vista— disuasoria. Porque lo importante es tener una observación más minuciosa, fijarse en los detalles y aplicar diferentes puntos de vista para tener una experiencia en esta vida más rica e interesante.


