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Erik Urano: «La debilidad es un síntoma de lo avanzada que es una sociedad»

El rapero vallisoletano, Erik Urano, lanza Stalker, su disco más ambicioso y conceptual hasta la fecha, confeccionado a partir de 10 cortes

Stalkers, individuos cuya alma goza de un atrevimiento capaz de confrontar la propia muerte. Su razón de ser cercada por la esperanza en el cambio. Pobres diablos sin miedo a perder que que han aprendido a moverse en un mundo lleno de peligros, interconectados a través de un un ecosistema espiritual que les muestra el camino de huida, una diminuta puerta de exit idónea para la exención de la edificación de un proyecto vital el un mundo hiperindustrial, en una cárcel.

Erik Urano absorbe la mitología del cineasta soviético, Andrei Tarkovsky, y construye un maduro proyecto musical que transporta al oyente a través complejos paisajes sonoros, poniéndolo a recoger tuercas en medio de la neblina de La Zona.

Hablamos con Erik Urano sobre Stalker, el peso espiritual del arte bajo el que nuevas olas reaccionarias se ven embaucadas, el espacio y el tiempo como términos limitantes, la carga conceptual dentro del proceso creativo y su peso de la industria.

Entrevista a Erik Urano

P. ¿Te sientes identificado con la figura del stalker?

R. Sí, sobre todo en el ámbito creativo, pero también incluso lo que es dentro de la industria musical y cultural. Me resulta interesante esa analogía que se crea entre el stalker y yo en cuanto a la incertidumbre, a pesar de ser un lugar en el que ya has estado y en el que te llevas manejando durante mucho tiempo, el espacio muta continuamente, con lo cual desempeñas el papel de guía, pero siempre seguirás siendo aprendiz. La Zona es el espacio creativo en el que me muevo.

P. Tu figura también se establece como un faro entre dos aguas que pueden identificarse como el sonido hip-hop más clásico, sobre todo en su codificación; y la electrónica, cuando hablamos de producción e ingeniería sonora. ¿Te reconoces en esa posición intermedia?

R. Sí, al final es lo que he ido trabajando y forzando. Supongo que en esa necesidad de originalidad, propia hip-hop más seminal que además, siempre lo he visto como el ADN más puro de lo que puede ser el rap, pues he acabado en estos derroteros. A eso le sumamos que el lenguaje, ideas o la conceptualidad que manejo se sienten mucho más arropados en esos colchones musicales, quizás más fríos y electrónicos, en comparación con a lo mejor sampleos más soulful o movidas así.

P. Stalker, evidentemente, no es Lux, pero sí germina a partir de ideas puramente espirituales, las cuales incluso funcionan como índice narrativo a lo largo del filme. ¿Cómo te relacionas con este nuevo y repentino auge de la espiritualidad entre los jóvenes, y en espacios culturales sobre todo?

R. Como consumidor de cultura, aunque «consumir» no es una idea que me guste, lo veo desde la pereza más absoluta. Me parece como un discurso muy vago para entender la realidad. Ni siquiera lo veo como una revisión o actualización de la espiritualidad. Yo entiendo que en un mundo a la deriva, perdido en valores, quizás se tenga que volver esa espiritualidad por llenar el hueco que dejó la muerte de Dios, por decirlo de alguna manera. Pero el problema es que se está llevando desde lo más rancio y básico.

Como creador o activista del arte lo veo chungo porque creo que va muy acorde a todo este auge de ideas rancias de extrema derecha que están alzándose en distintos puntos del planeta, es un discurso que le hace la cama a ese tipo de ideas, y mira que parecía que ya las habíamos superado. A veces pienso que se empieza hablando de la castidad, se prosigue hablando de no hacerse pajas y se termina hablando de que el aborto es un asesinato ¿sabes?

P. Total. De hecho, en la película, uno de los personajes ensalza el valor espiritual, frente a la desidia, a los límites cotidianos de las leyes físicas universales. ¿Es necesario mirar más allá?

R. Para mí la ciencia y el arte ya suplen de alguna manera esa ansia de ir más allá, y creo que se puede encontrar la espiritualidad por esa vía. En el mejor de los casos creo que surge por eso, pero en el peor de los casos, lo veo como algo completamente vacío, una estética en búsqueda de un nuevo fandom. Para mucha de la gente que enarbola este discurso no es más que un tren al que subirse, una ola que aprovechar para rentabilizar su movida y extenderla. El mejor de los casos puede ser fruto de la búsqueda interna, pero en la mayoría de ellos, es pura mercadotecnia.

P. Estamos viendo Vistalegres llenos en conciertos de Hakuna

R. Es loco, encima puro evangelismo rancio yanqui súper neoliberal, ¿sabes? Los ricos son ricos porque Dios los ha elegido para ser ricos, y el que es pobre, no se ha esforzado suficiente y… ¡Guau! Me parece la peor de las lecturas del cristianismo. Cuando creo que en origen precisamente puede abogar por la justicia social, y esta vuelta de tuerca… Bueno, pues ahí tienes a un Dani Alves, por ejemplo.

Igual tenemos ya todo tan compartimentado que a veces necesitamos ir más allá, pero otras solo busco el volver a esas propias leyes físicas y del hombre. Quiero que esa gente sea juzgada, no quiero esperar a un señor con barba blanca que les deje o no entrar en un paraíso. Yo quiero que todos los mecanismos que hemos desarrollado caigan encima de toda esa gente, ¿sabes? Rechazo esa lectura del más allá porque a veces, necesito la inmediatez del más acá y su estructura para abordar todo este tipo de cosas.

P. Defines el tiempo y el espacio como tus límites, pero más bien, entroncan tu identidad e imaginario sonoro.

R. Mi relación con el espacio-tiempo se ejecuta desde la resignación. Es esa estructura que te pasas toda una vida tratando de entender, cuando en realidad no hay nada que entender, es así y punto.

Escohotado (Antonio) explicaba que internet rompió esa estructura del espacio y el tiempo que nosotros teníamos asimilada. Culturas que que confluyían, pero que nos eran ajenas, cosas que sucedían fuera de nuestro espacio-tiempo concreto. Yo he visto esos dos mundos, el completamente acotado por el espacio-tiempo, y el que nos regaló alas para sortear esos límites. Entonces vamos a buscar la magia, y tratar de ensanchar los límites dentro de esta estructura.

P. En lo personal, ¿pecas de echar la vista atrás?

R. Pues la verdad es que acostumbro a vivir el presente. Intento huir mucho de la nostalgia, quizás caigo en ella más de lo que me gustaría, pero es un sentimiento pegajoso en el que no me siento muy a gusto.

P. Tú siempre has trabajado en proyectos muy conceptuales, ¿a partir de cuál crees haber obtenido mayor aprendizaje? ¿Qué ha cambiado desde el Erik de Cosmonáutica hasta el de Stalker?

R. Pues no sabría decirte si ha habido alguno del que haya aprendido más. Siempre han ido como muy ligados a mi proyecto vital, ¿sabes? Al final son como focos de interés que durante el desarrollo, van sumando y ampliando ese imaginario. El Erik de todos esos proyectos es el Erik de hoy. No es que ha tenido muchas subidas y bajadas a lo largo de mi vida, o que haya sido muy loco en la adolescencia y luego me haya asentado.

P. La conceptualidad no te causa claustrofobia. Te sientes cómodo trabajando con conceptos y haciendo discos densos que giren en torno a una serie de ideas, que te transporten a ciertos paisajes sonoros…

R. Sí, porque además, nunca lo he entendido como conceptos cerrados, sino como excusas narrativas. Un boceto de hilos de los que puedes ir tirando. Lo mágico es que cualquiera de ellos no eran de usar y tirar, si no que iban ampliando el imaginario.

No ha sido algo que yo haya hecho de forma muy premeditada, pero ahora con poso y experiencia, miro hacia atrás y digo: «joder, qué guay haberlo hecho así«, porque se ha ido ampliando, no que eran excluyente de unos con otros. Hay gente que ha tenido sus «eras», en mi caso ha sido completamente expansivo y complementario.

P. ¿Cuánto tiempo te ha llevado Stalker? Además hablamos de que la película también tuvo grandes dificultades en el rodaje. Me suena que se tuvo que rodar dos veces.

R. Perdieron todos los negativos de Kodak y demás. Debió ser un drama de la hostia, casi todo el equipo murió por las condiciones del rodaje y tal. No ha sido para tanto esta movida (risas), pero bueno, sí, lo estamos sacando adelante. Los tres años de producción ha sido cuestión de realidad material.

Ya no es una cuestión solo creativa, sino de proceso industrial. Eso también me ha ido ensanchando los límites, al final estar trabajando con gente como Harto Rodríguez, una persona que está metida en proyectos súper importantes, pues claro, de repente estás currando con C. Tangana y con Erik Urano, y yo entiendo que hay una prioridad. Yo tengo que verlo también desde la humildad. También al tener mi trabajo, tampoco soy una persona que pueda de repente irse a Madrid y estar un mes dedicado solo al disco y a que todo se centre en el disco y todo avance más rápido.

El lado bueno de eso es que vas puliendo muy bien los detalles, pillas una perspectiva constante. Al ir dilatando los tiempos puedes ir viendo cada pequeño paso con perspectiva. Hacerlo muy rápido, no tiene por qué ser peor, pero no tienes ese poso, ese tiempo de mirar a la montaña desde lejos.

P. La peli en determinado momento plantea la debilidad como un rasgo que no tiene por qué ir intrínsecamente ligado a algo negativo. ¿Crees que faltan personas más débiles en el mundo?

R. Sí, total. Lo veo un poco como la inocencia. Es una pena que no pueda mantenerse por la hostilidad de todo lo que te rodea. Y precisamente que existan personas débiles en nuestra sociedad es un síntoma de lo sana y avanzada que es. Haciendo un paralelismo, como con la gente con discapacidad con la que yo trabajo, gente que en la naturaleza no existe. Si una cigüeña tiene una cría que le falla un ala la va a tirar del nido porque no puede salir adelante.

Con los tiempos que corren, es necesario defender a las minorías o a personas que, aunque no siendo débiles como palabra negativa, la sociedad hace débiles en cuanto a no poder, por ejemplo, tener las mismas oportunidades o la misma fuerza frente a las instituciones. La debilidad es algo bonito y necesario porque nos recuerda que hemos huido de la ley del más fuerte y de la ley de la selva.

P. En Cosmonáutica decías «pupitres florecerán y joderán a policías». Hoy día muchas de esas expectativas parecen extintas ¿Qué ha cambiado desde entonces?

R. Quizás verlo todo desde el realismo. A veces pienso que es una frase que podía venir desde esa esperanza revolucionaria, y creo que llega un momento en el que el pesimismo puede llegar a ser mucho más reactivo que esa esperanza. El ver con perspectiva un poco negativa, por decirlo de alguna manera, la realidad, es lo que te puede llevar a esa rabia que te haga querer cambiarla. «Un día los pupitres flotarán y joderán a policías» y de repente darte cuenta que todos esos pupitres se han hecho policías.

P. ¿Qué engendraron esos pupitres?

R. Quizás indiferencia, que es muy peligrosa también.

P. Y odio, término que empleas en Gluones con Hoke. ¿Es un sentimiento con el que lidies muy a menudo?

R. No especialmente, la verdad. Cuando veo, por ejemplo, a una persona poderosa y cometer injusticias, creo que más que odio visceral, es esa rabia de apretar los dientes y decir: «¡Joder!, es que ni siquiera te odio sino que me da rabia que encima te creas por encima siendo lo mediocre que eres».

P. Precisamente en esta canción, también hablas del odio como un elemento de unión entre individuos. ¿Realmente funciona como una especie de motor político y social?

R. Sí, lo veo como un elemento cohesionador fuerte. Lo chungo del momento en el que vivimos es que ni siquiera es un odio que vaya de cara. En décadas anteriores quizás era más coherente y frontal, por decirlo de alguna manera. Pero ahora es cobarde y pasivo-agresivo.

P. Tu obra aparte de tener carga política clara, es empleada a través de filtraciones metafóricas con grave carga estética. ¿Temes que el mensaje se diluya a través de esta codificación? ¿Puede suponer esto una barrera?

R. Sí, creo que supone una barrera al entendimiento, en general, más allá de mi posición política. Siempre me ha gustado cuando leo, cuando escucho, cuando veo, lo que sea, las dobles lecturas, el desarrollo de conceptos, las ideas te atraviesan y masticas con el tiempo. Entonces no es algo que me preocupe, porque no es que pretenda la expansión o el entendimiento de un volumen muy amplio de personas. Tiene su misticismo y su magia. No sé si exactamente el mensaje se diluye, sino que más bien crea una especie de filtro, que tienes que apartar para poder encontrar todo lo que hay dentro.

P. Pareces una persona muy política en tu día a día, más allá de la música incluso.

R. Sí, quizás no tanto como debería en cuanto a lo político como estructura de sindicalización o de un activismo más activo, pero sí en cuanto al posicionamiento o a la vivencia del día a día en mi entorno.

P. La escena urbana va por olas, pero quizá estamos tocando fondo. Copias de Hoke, Quevedo, etc. ¿Cómo te sientes dentro del género?

R. Dentro del propio gremio siempre me he sentido bastante reconocido y referenciado. Aunque la gente no ponga stories, por detrás siempre recibo ese cariño de todos, incluso de generaciones anteriores a mí, de generaciones a la par que la mía y de las generaciones que han venido después, muchos de los grandes artistas que han conseguido éxito, siempre me han escrito, me han expresado la influencia que han sentido y demás.

Luego, la movida se ha mantenido muy nicho. Al no haber tenido una explosión más mainstream, es lo que hace que no me hayan surgido copias. Creo que ha sido una cuestión de influencia. Puedo rastrearme en la trazabilidad de mucha gente: que la música urbana de este país haya tirado hacia lo electrónico , o bombos a negras, movidas que antes no veías. No digo ni mucho menos que sea por mí, pero sí que han sido terrenos que se han ido arando para que luego se pudieran terminar ciertas cosas.

Y luego la verdad, es que con una identidad tan definida, tan personal en lo creativo, no sé si hay mucho hueco para la copia, sería demasiado cantosa. Aunque es verdad que las que han surgido son muy cantosas (risas). Pero creo que han sido más en lo estético, en lo técnico. Y yo, como tampoco he sido nunca muy técnico, incluso la propia forma de rapear, muy «castellana», atonal. Si alguien cayera en eso tampoco sería muy positivo para su propia carrera o su búsqueda del éxito.

P. Retomando concepto del tiempo, acabas desempeñando un papel intergeneracional. Como ejemplo de esas nuevas generaciones tenemos a Bby Demon, reversionando ese «U.F.Os y fábricas».

R. Para mí es como mi Grammy personal. Es mágico que ese trabajo se vea remunerado de esa manera, para mí es súper bonito. Y al final es como caer en esa atemporalidad, que creo que es lo que todo artista busca de alguna manera. La auténtica trascendencia. Que alguien pueda revisitar tu obra fuera de su contexto y su espacio-tiempo (que venimos hablando) y que aún así conecte con ello, me parece algo súper mágico.

Pues eso, Bby Demon, o el proyecto de Vreno, en el que colaboro, y lo mismo. El proyecto se llama Keep Walking Son, y le dije, «joder, vaya coincidencia y que forma se abre el círculo, que yo tengo un tema de 2011 que se llama Keep Walking«, y Vreno, nacido en el 2006 o en el 2007. De repente movidas que se conectan y se entrelazan.

P. Vemos Stalker como un disco profundo, pero con colaboraciones muy selectivas, siendo una de ellas Hoke. Él además pertenece a un estrato de la industria en el que sus seguidores son auténticos hooligans, audiencia masiva. ¿Crees que de alguna forma, este feat te sirve para abrirte a un publico mayor?

R. Es innegable que el público de Hoke es muchísimo mayor que el mío, pero tampoco me preocupa. Fue un feat que surgió de forma orgánica. Tampoco estoy seguro de que esa gente que escuchará el tema por Hoke, vaya a quedar enganchado a mi verso. Esa gente lo escuchará por Hoke y lo mas probable es que la otra parte (la mía) les genere más rechazo, sobre todo por las cadencias, la entonación y demás que hablábamos antes. Es normal, no me preocupa.

P. ¿Cuál es tu relación con la industria?

R. Mi relación se ejerce desde el privilegio. Desde el privilegio de no pertenecer a ella de alguna forma. A mi la industria no me da de comer, me lo da mi trabajo, y es por eso que no tengo que regirme bajo una serie de normas y pautas, que de no cumplir, podrían poner en juego el pan de mi mesa. Por eso quizá sea desde el privilegio (y no privilegio, evidentemente), pero sí me permite afrontarlo de una forma más crítica, sin tener la necesidad de hacer colaboraciones por necesidad, etc.

P. Hablando de tu relación con la industria nos podemos remitir a tu largo historial conflictivo. El concierto que casi cancelas y que pusiste entradas gratuitas, el ninguneo por parte de los grandes festivales de este país pese a la propuesta de un proyecto con buenas notas y buen recibimiento popular. Ahora anuncias gira de 5 fechas, ¿Cómo afrontas esta gira? ¿Puede que de algún modo este historial te pueda generar algún tipo de miedo?

R. Más que miedo, lo que hay es una sensación rara con cómo funciona todo ahora mismo.

Muchas veces no depende ni de nosotros, son cosas del algoritmo. Puedo entender que alguien que no te escucha no se entere de que tienes un concierto, yo cuando lo anuncio, no pretendo ampliar mi público, lo que me parece chungo es que gente que sí te sigue, que sí está pendiente de tu movida, tampoco le llegue esa información. Lo del concierto aquel fue un poco a raíz de eso, ¿sabes? De sentir que no estaba llegando a la gente a la que tenía que llegar. A raíz de que varios medios alzaron la voz pudimos romper esas barreras, lo llegaron a resubir hasta Natos y Waor.

Y luego está el tema de los festivales, que es frustrante. No solo por no estar en nuevos, sino porque hay festivales en los que ya hemos estado o que, en teoría, encajan con una propuesta más vanguardista, tipo Primavera, BBK, y aun sacando un proyecto que ha tenido buena acogida, buenas críticas, Rockdeluxe por ejemplo, y que además es Sonido Muchacho ¿sabes? Carolina Durante y demás, pero nada, no llega esa llamada. Al final son tres años de trabajo en un disco y claro, eso genera cierta frustración.

Y ahí también entra el algoritmo otra vez, incluso en plataformas como Spotify. Tú pones un tema mío y de repente el siguiente es de alguien que no tiene nada que ver, y eso también te va aislando. Porque al final dentro de la industria sí que hay conexiones entre artistas, colaboraciones cruzadas, escenas que se tocan… pero si eso no se refleja luego en cómo se distribuye la música, te quedas un poco en tierra de nadie. Y eso hace que, de alguna manera, sí que haya un aislamiento algorítmico que es bastante asfixiante.

P. Algo que también te identifica como Stalker es esa capacidad para transitar caminos duros, zigzagueantes, caminos en los que un paso en falso te puede jugar una mala pasada. Después de un largo trayecto por La Zona, te encuentras frente a la habitación final, la habitación en la que se cumpliría tu más profundo deseo. ¿Qué encuentras dentro?

R. Pues lo más probable es que, como en la peli de Stalker, encontrase la nada. Esa mirada al vacío dentro de la habitación. Y seguramente, en el fondo, eso es lo que querría. Que todo siguiese igual.

P. Pensé que me dirías que no entrarías, como buen Stalker.

R. Sí, también es posible (risas). Va bastante conmigo eso de quedarme fuera, de observar desde fuera. Tener el privilegio de poder entrar, pero decidir no hacerlo. Creo que encaja bastante con mi forma de entender todo esto.

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