Cuando el fútbol te da motivos suficientes para dejar de verlo, hay algunos que prefieren seguir creyendo hasta el final
Hace ya una semana desde que la Real Sociedad se proclamó campeona de la Copa del Rey y, a lo largo de la semana, varias personas me han preguntado qué es lo que nos mantiene siempre creyentes a los que somos del Atlético de Madrid, pase lo que pase. Yo siempre digo que nuestra frase de «nunca dejes de creer» es tan verdadera como la vida misma.
Ser del Atleti no es fácil. De hecho, es justo lo contrario, es elegir el camino que sabes que no es cómodo ni constante. El camino que un día es recto y al siguiente empinado. Es aprender a vivir con el cambio y la incertidumbre, en el fútbol y en el día a día. Para las personas que somos aficionadas, el Atleti es mucho más que un equipo, sus valores, sus aprendizajes y su gente van mucho más allá y superan las barreras del deporte. A veces es imposible ponerle nombre a lo que nos hace sentir y resulta complejo explicárselo a otras personas.
Desde pequeña me llamaba la atención cómo algo tan simple podía llegar a enseñarte tanto, pero ahora me acuerdo cómo nos enseñó a vivirlo mi abuelo y lo reconozco: ser del Atleti es un regalo. Es estar paseando por la calle con la camiseta y escuchar un «¡Aupa Atleti!», celebrar hasta lo más insignificante y acordarnos siempre de los que nos cuidan desde el tercer anfiteatro, que nos dieron la suerte de pertenecer a este equipo.
Hace poco falleció María Caamaño, la «princesa futbolera guerrera». Una niña que padecía de Sarcoma de Ewing, un cáncer infantil muy poco común. María era del Atleti y casi diariamente ofrecía a través de X (Twitter) su progreso junto a mensajes emotivos y esperanzadores. Su sonrisa ha llegado al corazón de los rojiblancos y ha unido a personas por motivos más allá del fútbol.
La resiliencia, esperanza y alegría de María son ejemplo de los valores que se cultivan en el equipo y que se quieren seguir fomentando. Su historia ha llegado a muchos rincones del fútbol, también a quienes no son del Atleti, especialmente a través de su asociación benéfica contra el cáncer benéfica llamada La sonrisa de María. Su legado es la prueba de que el fútbol no es solo dos equipos de once personas persiguiendo un balón.
No es cuestión de resultados, ni mucho menos títulos. Es una forma de vivir y sentir la vida, se encuentra en lo cotidiano, en lo pequeño, en el compartir. No siempre gana el que más tiene. Quizá por eso seguimos aquí, pase lo que pase. No porque sea fácil, sino porque, de alguna manera, merece la pena. Puede que desde fuera no se entienda, y probablemente no haga falta. Al final hay cosas que no necesitan entenderse para cobrar sentido.


