«Bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados»
Ya advertía en 1949 Simone de Beauvoir de lo frágiles que son los peldaños que componen la lucha feminista. Todas aquellas barreras que se daban por superadas vuelven a alzarse frente a los ojos de millones de mujeres en Occidente que miran desde arriba a las que aún se encuentran al principio de la escalera. «Hay una mujer en Somalia», cantaba Sade en Pearls.
ONU Mujeres reporta un retroceso de derechos de las mujeres en 1 de cada 4 países
En Afganistán, la presencia de las mujeres ha sido eliminada de la vía pública a través de la Ley de Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio, aprobada en 2024 (OHCHR, 2024). En Sudán, sus cuerpos se utilizan como arma de guerra, tal y como reporta Amnistía Internacional (2025). De acuerdo con los datos publicados por UNICEF, en Somalia, Yibuti y Guinea, más del 90% de las mujeres entre 15 y 49 años han sido sometidas a mutilación genital femenina.
Mientras esto pasa, en Occidente nos dedicamos a cuestionar los derechos de los que ya disponemos. Volvemos a sentir admiración por los valores tradicionales, la estructura familiar «de toda la vida», añoramos «los tiempos de antes». Nos encontramos con mensajes que abogan abiertamente por el retorno de los estereotipos de género tradicionales, el rechazo al movimiento feminista y el fomento de la domesticidad.
El mensaje detrás del movimiento tradwife y su salto a la política
Creadoras emergentes como Jasmine Dinis, Alena Kate Pettitt o Estee Williams, autoproclamadas tradwives, son algunas de las caras visibles de este movimiento mediático.
Se dedican a mostrar una vida basada en los «valores tradicionales» y en la realización de las tareas domésticas, mientras construyen una estética impecable que envuelve su mensaje de fondo. La propia Jasmine Dinis se ha pronunciado ante las acusaciones de estar promoviendo la opresión femenina: «Cuánta propaganda ha hecho falta para hacer a las mujeres creer que esto es opresión».

No obstante, el conservadurismo y tradicionalismo del que hacen gala las tradwives no se limita únicamente a la esfera mediática, sino que ha dado el salto al espectro político. Existen ya infinidad de perfiles cuya actividad se centra en difundir y predicar la vuelta a la familia tradicional basada en el cristianismo, el rol de proveedor del hombre y la sumisión de la mujer a las decisiones de este.
La Women’s Leadership Summit 2026 y el voto femenino
Erika Kirk, viuda de Charlie Kirk, activista y fundador de la organización Turning Point USA, es una de las caras visibles de la polémica corriente one family, one vote. La Women’s Leadership Summit 2026, celebrada el pasado junio —y cuyo organizador fue precisamente Turning Point USA— reunió a más de 2.000 mujeres bajo el las siglas «H.E.R. (Holistic. Empowered. Redeemed.)»

El encuentro contó con más de veinte intervenciones por parte de creadoras de contenido, políticas, emprendedoras, doctoras y activistas, entre otras. Una de las más conocidas, Savanna Stone, es fiel defensora del matrimonio tradicional cristiano. Stone aboga por la retirada del sufragio universal femenino a favor de un modelo de votación «por hogar». En otras palabras, como defendió en el podcast The Pocket with Chris Griffin, Stone «no considera que las mujeres deban votar».
Stone, con más de medio millón de seguidores en Instagram, no es la única mujer que se ha pronunciado ante esta idea. Activistas como Abby Johnson, Erika Kirk o Helen Andrews se han posicionado públicamente en contra de la participación política del sector femenino —consolidada legalmente bajo la 19ª Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos—, para favorecer el modelo de votación por núcleo familiar a cargo de una figura masculina.
Una amenaza social en la era digital y del retroceso democrático
Las redes sociales han actuado como multiplicadores y aceleradores de este movimiento, ampliando su capacidad de alcance y suscitando un acalorado debate sobre el retroceso democrático en la opinión pública americana. Sin embargo, el sufragio universal femenino sigue legalmente blindado constitucionalmente y no está expuesto a una verdadera amenaza, pese al revuelo mediático que lo rodea.
Sin embargo, cabe destacar la creciente influencia que ejercen estas esferas ultraconservadoras y religiosas en la política estadounidense. Además, el rápido acceso al contenido en redes —así como las estrechas relaciones culturales que mantiene Europa con el país americano— han producido la aparición de sectores extremistas también en nuestro continente.
Es por esto que, en un mundo cada vez más a remolque de las esferas digitales, donde las redes llegan primero a donde la realidad aún no ha alcanzado a mirar, es importante observar cómo las consecuencias de un periodo de crisis de las democracias se hacen notar en los sectores más vulnerables.
La labor de las mujeres de Occidente no es solo resistir a estos cuestionamientos y luchar por conservar los derechos que nos han sido garantizados, sino también alzar la voz contra las atrocidades que se cometen sobre aquellas que siguen al pie de la escalera.


