El asesinato de Claudia Tacoronte y las preguntas que deja su muerte
El asesinato de Claudia Tacoronte ha conmocionado a la Universidad de Granada y a quienes siguen el caso desde España. La estudiante, de 21 años, se encontraba en México realizando un intercambio académico cuando falleció en Cuautla, Morelos.
Hay noticias que cuesta incluso escribir. La muerte de Claudia Tacoronte es una de ellas. Tenía 21 años, estudiaba Educación Infantil en la Universidad de Granada y había viajado a México para continuar su formación durante una estancia de intercambio. Estaba haciendo algo tan normal como estudiar en otro país, conocer una nueva cultura y vivir una experiencia que, probablemente, recordaría durante toda su vida.
Pero Claudia no volverá a Granada. Tampoco podrá terminar sus estudios, reencontrarse con su familia o contar cómo fue aquella experiencia que había comenzado lejos de casa. La noche del sábado 12 de septiembre, murió en Cuautla, en el estado mexicano de Morelos, después de sufrir un ataque. La Fiscalía de Morelos investiga el caso bajo el protocolo de feminicidio.
Ante el asesinato Claudia Tacoronte no creo que baste con hablar de cifras, protocolos o comunicados institucionales. Detrás de cada asesinato hay una persona. En este caso, detrás del nombre de Claudia había una estudiante, una hija, una amiga y una joven con toda una vida por delante.
El asesinato de Claudia Tacoronte no puede quedar en silencio
La Universidad de Granada ha condenado el asesinato y ha mostrado su apoyo a la familia de Claudia. La institución también ha mantenido contacto con las autoridades consulares españolas para seguir la evolución del caso. La Universidad Autónoma del Estado de Morelos, donde Claudia realizaba su intercambio, también ha expresado su rechazo a lo ocurrido y ha reclamado una investigación con perspectiva de género.
Son gestos necesarios. Un minuto de silencio también importa. Las palabras de condena tienen su lugar. Sin embargo, llega un momento en el que las palabras dejan de ser suficientes. Claudia necesita justicia. Su familia necesita respuestas. Y la sociedad necesita preguntarse por qué seguimos llegando tarde cuando una mujer pierde la vida.
No deberíamos aceptar que una joven salga de su país para estudiar y que su familia termine recibiendo la peor noticia posible. Tampoco deberíamos acostumbrarnos a leer este tipo de titulares hasta convertirlos en una parte más de la actualidad. Porque eso también es peligroso: la normalización.
Cada vez que conocemos el asesinato de una mujer aparece el mismo recorrido. Primero llega la noticia. Después, la condena institucional. Luego, las declaraciones, los minutos de silencio y las preguntas sobre lo ocurrido. Con el paso de los días, el nombre desaparece de los titulares.
Pero para una familia no existe ese ciclo informativo. La noticia no termina cuando deja de ocupar espacio en los medios. El dolor permanece cuando las cámaras se marchan y cuando la conversación pública cambia de tema.
Violencia contra las mujeres: no podemos acostumbrarnos
No quiero que Claudia sea recordada únicamente por la forma en la que murió. Quiero que su nombre nos recuerde que hablamos de una mujer de 21 años que estaba estudiando, construyendo su futuro y viviendo una experiencia lejos de casa.
También quiero que su caso sirva para denunciar algo que llevamos demasiado tiempo denunciando: la violencia contra las mujeres no puede convertirse en una estadística más.
No sé qué ocurrió exactamente aquella noche ni corresponde convertir las primeras informaciones en una sentencia. La investigación tendrá que determinar las circunstancias y responsabilidades. Pero sí sabemos algo: Claudia ha muerto y su familia tendrá que aprender a vivir con una ausencia que nunca debería haber existido.
Por eso resulta imprescindible exigir una investigación rigurosa y que las autoridades actúen con todos los medios necesarios. No solo por Claudia, sino porque detrás de cada caso existe una misma pregunta que seguimos sin responder: ¿qué estamos haciendo como sociedad para evitar que las mujeres sigan muriendo?
No basta con indignarnos durante unas horas. No basta con compartir una noticia en redes sociales. No basta con guardar un minuto de silencio si después volvemos a aceptar como inevitables unas muertes que nunca deberían serlo.
Claudia estaba en México para estudiar. Tenía 21 años. Tenía planes. Tenía personas esperándola en Granada. Y ahora ya no está. Claudia no debería ser una cifra más. Ni ella, ni ninguna mujer.


