Erika Kirk, líder actual de Turning Point USA, y viuda de su fundador, el activista Charlie Kirk, ha dado mucho de que hablar este verano tras el Women’s Leadership Summit
Antes de entrar en materia, un pequeño disclaimer (que sirva, además, como un halo de esperanza). El caso que se presenta no es representativo de la sociedad estadounidense, pero, sin duda, hace mucho ruido.
Durante el pasado mes de junio, Turning Point, la asociación ultraconservadora encabezada por Erika Kirk, celebró el Women’s Leadership Summit en el que se reunieron aproximadamente 2.000 mujeres. Join us at WLS 2026 to step into the life you were created to lead: así se animaba a las potenciales participantes a acudir en su propia página web.
Nótese la ironía que supone el uso del verbo liderar, cuando se pretende que las mujeres se despojen de su capacidad de decisión, aceptando seguir la vida «para la que fueron creadas». Es decir, continuar con el rol tradicional, el de cuidadora, ligada al hogar. Una mujer que necesita que su marido provea para ella. Una mujer que, por escapar a su ámbito «natural» de acción, no debe entrar en temas ajenos a la esfera familiar, entre ellos, la política y el poder.
Asimismo, durante esta cumbre de «Liderazgo de mujeres» se defendió el llamado «voto por hogar», que implicaría concebir la familia como unidad electoral. Sobra decir que, basado en la concepción que se tiene del papel doméstico de la mujer, la decisión de voto recaería sobre el hombre, el «cabeza de familia».
Pero, ¿por qué se produce esta «auto restricción» de derechos?
Lo más llamativo de este fenómeno es el razonamiento detrás de la voluntad de eliminar derechos propios. Cuesta entender por qué una mujer del siglo XXI querría restringir su propio derecho al voto. Sin embargo, es un fenómeno que ocurre y, de cara a poder combatirlo, tan importante es conocerlo como comprender sus causas.
Cabe destacar en este punto la crucial diferencia entre tener derecho a voto y ejercer el mismo. El feminismo defiende lo primero, pero no pretende obligar a lo segundo. Es precisamente la capacidad de decidir por una misma lo que protege la base del feminismo, algo que por definición abarca la elección de vivir como una trad-wife. En contraposición, esta concepción limitante deriva necesariamente en el aleccionamiento, ya que no prevé un margen decisional individual, sino un rol predestinado.
El rol de la mujer es una construcción propia, aunque se ligue a elementos del entorno o la posición socio-económica. Sin embargo, considero que el grado de convicción que requiere pretender eliminar el voto femenino es altísimo, y se nutre indudablemente de una narrativa más estructurada. El congreso de Turning Point celebrado recientemente no es más que un punto de encuentro de esta narrativa.
Los motivos que atraen a las mujeres a estos eventos son variados, y casi todos están ligadas a aspectos muy primarios de la identidad de estas. La descripción del evento en su página web establece lo siguiente:
At WLS 2026, women of all ages are coming together to strengthen their minds, cultivate wellness, step boldly into their purpose, and anchor their spirits in faith. You will connect with women pursuing growth, gain practical tools to lead with conviction, and hear from speakers who will guide, equip, and inspire you to live fully and intentionally. You will leave with renewed clarity, a deeper connection to your faith, and the confidence to embrace your calling. This is for women who are ready to rise fully into the life they were created to lead and who value courage, conviction, and clarity in every season. Curated for you. Curated for her. Holistic, empowered, redeemed.
En solo estas líneas se entremezclan cuestiones religiosas y teleológicas, con un llamamiento a un sentimiento de pertenencia a esta comunidad de mujeres. No solo se vende una posición ideológica, se vende un propósito. Y en estas líneas se atisban las necesidades que las mujeres participantes suelen ver insatisfechas: la orientación, la esperanza, la protección… Una serie de cuestiones que pretenden satisfacer uniéndose a este movimiento, y amparándose en su papel en el hogar.
Asimismo, en un contexto en el que la novedad es que las mujeres pueden «hacer lo que se propongan» surge la presión por hacerlo todo, por cumplir al máximo nivel en todas las potenciales facetas de su vida, y como reacción se plantea este movimiento representando lo contrario: un único y marcado sentido a la vida femenina, una simplificación del rol femenino que se entremezcla con carencias vitales y se potencia a través de un discurso estructurado promovido por organizaciones ultraconservadoras como Turning Point.
Erika Kirk y la paradoja de su vida
En este contexto se presenta Erika Kirk, la actual CEO de la organización Turning Point USA, creada en 2012 por su difunto marido Charlie Kirk, asesinado en 2025. El hecho de que Erika Kirk haya sido la sucesora de la dirección es muy revelador: una mujer que encabeza una organización —valorada en millones de dólares— recorre el país a través de eventos defendiendo la doctrina de que la mujer debe mantenerse ligada a la esfera del hogar.
No es exactamente la representación de predicar con el ejemplo. Si sus convicciones son tan fuertes como para tratar de adoctrinar a las demás mujeres el papel que deben cumplir, resulta extraño que ella sí sea capaz de decidir sobre su papel en el mundo. No importa en absoluto que lo presente como un sacrificio propio, ya que sigue decidiendo sacrificarse. De ahí la paradoja que se presenta respecto de su papel, ¿en qué medida cree en los ideales que tan fervientemente defiende?
Asimismo, no se deben obviar las implicaciones electorales que tendría la eliminación del voto femenino, ya que quizás sea la razón con mayor peso detrás de esta propuesta. Ya en las pasadas elecciones de 2024, tal y como se publica en la BBC, el voto masculino se presentaba un 10% más favorable a votar al partido de Trump, por lo que es tremendamente importante buscar potenciales intereses ocultos en discursos tan absolutos como este.
Como una pequeña conclusión, me limitaré a hacer referencia a El cuento de la criada (1985), la novela de Margaret Atwood que narra una distopía en la que las mujeres son despojadas de todo derecho.
En esta novela se presenta al personaje de Serena Joy, parte activa de la construcción del régimen, frustrada una vez las ideas que defendía se le aplican a su propia realidad, que brillantemente ha ligado con el papel de Kirk en el contexto actual la Youtuber online mami en su video ERIKA KIRK: la mujer que quiere prohibir el voto femenino. Sabemos que Joy termina lamentando su papel en el régimen, lo que no sabemos —todavía— es cómo terminará Kirk.


