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El poder (casi) oculto de Estados Unidos

Estados Unidos siempre ha estado en la cima de lo que se considera un país perfecto, con películas que funcionan casi como un faro

Desde pequeños, las películas y series estadounidenses han inspirado a muchos a imaginar cómo sería caminar por las calles de Manhattan, tomar un Cosmopolitan con Carrie Bradshaw o ser agente de la CIA como Sandra Bullock en Miss Agente Especial.

Pero después de un Cannes tan político, marcado por las amenazas de Trump, es evidente que el cine también es para los Estados Unidos el terreno de juego perfecto para la geopolítica y la influencia en el exterior. 

Si bien ya se sabía de la potente armada estadounidense, joya de la corona de un país que ha librado ya decenas de guerras, el poder de sus productos culturales no es tan evidente o al menos no es tan estudiado. Su influencia si, su poder geopolítico no.

Esto no ha sido solo cosa de los americanos. Durante el franquismo, España sirvió de plató de cine para producciones estadounidenses cuando queríamos hacer parecer que aquí no pasaba nada. También por supuesto con las clásicas españoladas, que crearon estereotipos como el macho ibérico o la mujer flamenca, creando la postal turística perfecta. Algo similar pasaba con los nazis y sus películas dirigidas por una de las primeras directoras, Leni Riefenstahl, cuyas obras servían de blanqueamiento de un régimen fascista y criminal. 

Hollywood como arma geopolítica

La ventaja estratégica de las películas estadounidenses se hacía evidente con el nuevo anuncio de Donald Trump. Impondrá aranceles del 100% a todas las obras extranjeras, dentro de su guerra comercial contra el mundo entero. En el caso del cine ha argumentado que la industria estadounidense se encuentra «en una fase de decadencia muy rápida». 

Además, el presidente ha considerado como «un esfuerzo concertado de otras naciones» el hecho de que otros países tengan incentivos para atraer a producciones norteamericanas, lo cual representa, según él: «una amenaza a la seguridad nacional».

Donald Trump hablando ante sus seguidores | Lorie Shaull

En su red social Truth ha añadido también que el cine extranjero es “¡relato y propaganda!». Así que para combatirlo ha decidido que se potencien las producciones estadounidenses, y que con ello, estas se conviertan en una fiesta por los ideales americanos. Como la inquisición y los libros ¡Que no entre nada de fuera!

Esto no es solo un intento de conseguir que las películas estadounidenses consigan más dinero o que vuelvan a su popularidad inequívoca. También supone el potenciar la idea de Estados Unidos que estas películas proyectan, creando una especie de “imagen de marca”. 

La persuasión de Estados Unidos

Esto es algo que llevan consiguiendo desde hace décadas, tanto es así, que son número uno en el Global Soft Power Index, una especie de ranking que señala cuales son los países que tienen una mayor influencia fuera de sus fronteras, en términos de persuasión y no de coacción. Es decir, es la capacidad de un país de influir en las decisiones u objetivos de otros a través de lo que proyecta culturalmente. Este informe también explica que Estados Unidos tiene una puntuación de 79,5 sobre 100 y que lidera en: relaciones internacionales, educación y ciencia, y medios de comunicación.

¿Pero son realmente los mejores en estas áreas? Para relaciones internacionales ni siquiera hay que mirar a los datos. Los últimos encuentros que ha tenido Trump en el Despacho Oval con Zelenski o Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, ya nos demuestran radicalmente lo contrario. 

Aunque sí que siguen siendo uno de los países más influyentes en ciencia, China les está adelantando a pasos agigantados. En educación, no están siquiera en el top 10 mundial de la mejor calidad educativa del mundo, según datos de las Naciones Unidas. 

Tampoco destacan en los medios de comunicación, según Reporteros sin fronteras, Estados Unidos se sitúa en el puesto 57 en libertad de prensa. Además, Donald Trump ha impuesto medidas y ha anunciado amenazas en contra del periodismo. Por ejemplo, ahora será él quien elija qué medios pueden acceder a la Casa Blanca impidiéndole el paso a agencias como Associated Press. También ha desmantelado la Agencia de Medios Globales de Estados Unidos, en una ofensiva clara contra el periodismo libre.  

No son los líderes, pero lo importante es que lo parezcan. De esto sirve el cine, las series. Nos hacen creer una realidad que no existe. Aunque no todo es de cara para fuera. Dentro del propio sistema americano, el cine sirve como una forma de reiterar los valores o prácticas que ellos ven como normales y hasta necesarias y que quizá no lo son tanto. Es el caso por ejemplo de las armas. 

El viejo oeste que nunca termina

Muchos estudios, como la Teoría del Cultivo, aseguran que consumir contenido violento hace que uno piense que su entorno también es así de violento. No hay blockbusters sin un mínimo de violencia y podemos ejemplificar esto sobre todo en las obras que construyeron el mito americano: los westerns.

Clint Eastwood en Por un puñado de dólares | Wikicommons

Esas luchas entre indios y vaqueros, esa idea del otro como peligroso, expande la idea de que los que no tienen nuestra cultura han de ser exterminados, aunque esto da para otro artículo mucho más largo. Y por supuesto todo ello con el mejor amigo del americano: la pistola. 

Ya lo decía Michael Moore en su documental Bowling for Columbine, su país es “un Estados Unidos sumido en el miedo”.  Parece que los estadounidenses han entrado tanto en el viejo oeste que piensan que siguen viviendo en él, y que, en cualquier momento, un peligroso enemigo va a entrar en su casa. Pobre de aquel que no tenga un gran arsenal de armas. Y pobres de nosotros, fuera de Estados Unidos, si dejamos que nos acorrale y absorba ese mismo miedo. 

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