El académico colombiano propone una comprensión “no utilitaria” de la flora y explora su presencia en nuestro imaginario cultural
Por Sumario de plantas oficiosas: un ensayo sobre la memoria de la flora, Efrén Giraldo (Medellín, 1975) recibió el Premio de No Ficción Latinoamérica Independiente de 2022 y el Premio Nacional de Ensayo de Colombia de 2024. El ensayo del doctor en Literatura por la Universidad de Antioquía y docente en la Universidad EAFIT ha llegado a España editado por Acantilado.
¿En qué pensamos cuando pensamos en las plantas? Imaginamos, quizás, masas verdes en parques. O, tal vez, vegetales picados en recetas de Instagram, utilizados como remedios ‘naturales’ o convertidos en adornos fotografiables que disponer en las estanterías de nuestros apartamentos. Ahora bien, ¿qué dice lo que pensamos de las plantas de nosotros mismos?
En Sumario de plantas oficiosas, Efrén Giraldo se refiere al afán por “fotografiar plantitas de interior y huertos de balcón en una sociedad que, sin duda, va a ser realmente recordada por su infamia con los bosques y las selvas” (p.89).
Este es uno de los muchos puntos de conflicto con los que el autor colombiano se topa en su exploración de los vínculos entre vegetación y humanidad. Estos van mucho más allá de la instrumentalización de las plantas y de sus frutos en nuestro día a día.
Las plantas, nos recuerda Giraldo, son “depósito de otredad y exterioridad absoluta”. Parece imposible encontrar una lengua común con un árbol o una flor. Quizás por nuestra incapacidad para comunicarnos con estos seres mudos tan diferentes a nosotros es que nuestra relación con las plantas “ha fracasado”, como reflexiona el autor.
Eso no significa que no debamos revisarla. Así, Giraldo nos llama a evaluar el espacio que ocupan las plantas no solo en nuestros paisajes, sino también en nuestra imaginación.
Una flora personal
El interés potencial de Sumario de plantas oficiosas para cualquier lector es evidente. Al fin y al cabo, todos nosotros convivimos con la flora de nuestro planeta, reparemos en ella o no. La conexión va más allá, y es también de naturaleza narrativa y simbólica.
“Origen, extinción, vida y muerte, que son los marcos narrativos principales de la existencia, tienen en la flora su compañía permanente”, apunta Giraldo en uno de los seis ensayos que integran el libro.
El carácter universal de su objeto de interés también supone un reto. ¿Cómo abordar en un libro de poco más de 200 páginas una historia tan antigua como la propia humanidad, como es la de nuestra relación con las plantas?
El proyecto de Giraldo no es elaborar una enciclopedia o un catálogo de curiosidades botánicas. Su objetivo es de índole más personal. El autor se propone “hacer con mis apuntes una flora que sea mía”. Por ello, su proyecto resulta de mayor calado.
El repaso de Giraldo por la historia de la representación cultural de la flora en la ilustración botánica (occidental y «oriental») o el arte contemporáneo está marcado por su perspectiva. Esta es, su visión como colombiano, descendiente de campesinos, jardinero aficionado e historiador del arte.
Giraldo parte de sus lecturas de poetas e investigadores, de sus primeros contactos con las plantas o de las «botánicas fantásticas» (como las del manuscrito Voynich). También repasa sus conocimientos de estética y reflexiona en torno a sus experiencias en clave vegetal. Así, logra trazar, desde lo personal, las raíces de nuestra visión contemporánea de la flora.
Una memoria atravesada por «designios vegetales»
La construcción del ensayo forma parte de la lectura desde el primer momento. Giraldo nos presenta la semilla de su idea: el descubrimiento de que en el campus en el que imparte clases hay un alcanforero superviviente de la bomba atómica de Hiroshima.
Cuando empezó a escribir las notas que darían lugar a Sumario de plantas oficiosas la universidad estaba cerrada debido al confinamiento. Por ello, Giraldo inicia su aproximación a la “memoria de la flora” por escrito.
Asistimos en la lectura de la obra de Giraldo a la recopilación de preguntas e ideas del autor. El académico asocia estas a sus recuerdos de infancia y su memoria familiar y a los sucesos y las pérdidas que marcan su vida durante los meses en los que trabaja en sus notas. Esta es la corriente narrativa que discurre a través del ejercicio de erudición de Giraldo, y que constituye el motor sentimental del mismo.
Algunos de los pasajes en los que más brilla el ensayo son aquellos en los que el autor atiende a la mirada infantil o aborda sus experiencias personales con una gran sensibilidad. Así, logra integrar sus vivencias en sus meditaciones acerca de la singularidad y la memoria de las plantas, convirtiendo dichas reflexiones en una necesidad humana para “horadar en lo ignoto y traernos la vida de regreso”.
La dominación de las plantas
Gracias a los estudios poscoloniales es bien sabido desde hace décadas que los modelos de pensamiento occidentales, como la razón instrumental y científica, no están exentos de subjetividad, pese a su pretensión universalista.
Giraldo relata en su ensayo el viaje de Humboldt a Colombia a inicios del siglo XIX. “El gesto colonial por excelencia se resume en esto: la imagen de un científico que va en una silla cargada por un nativo y registra la naturaleza que el ojo europeo podía ver sólo bajo condiciones asistidas”, escribe.
La flora, como señala el autor, a menudo queda relegada a un ‘decorado’ inocuo, exterior a nuestras vidas y organizaciones humanas. Sin embargo, sobre ella operan también nuestros discursos y nuestros sistemas de explotación material y simbólica.
Así, las plantas pueden ser objeto de la apropiación occidental, o trasplantadas de uno a otro continente según criterios utilitarios. Algunas se convierten en invasoras. Mientras, otras se revalorizan como flores nacionales, como la orquídea en el caso colombiano.
Otras pasan a estar proscritas, como el cannabis o la coca, por su asociación con las drogas. Otras muchas permanecen desconocidas, viven o se extinguen al margen de la catalogación científica, y otras nos las imaginamos, las pintamos, las escribimos.
Las plantas también son víctimas de “la rapacidad capitalista, la inhumanidad de las corporaciones y la hipocresía gubernamental”. Giraldo sitúa en el centro de su crítica a la visión utilitarista de la flora. Esta niega su sensibilidad y es la base de su explotación y exterminio por parte del capitalismo financiero.
El autor advierte de las “consecuencias desastrosas” del “desdén por las plantas”. “Nos hemos demorado en entender que lo que mata a algunas plantas, indeseadas según la conveniencia, o a los insectos, podría matarnos también a nosotros”.
Lo que debemos aprender de las plantas
Frente al fracaso (hasta el momento) de nuestra comprensión de la flora y al «pavoroso orden social que acabará por extinguirnos», Giraldo propone una manera diferente de aproximarnos a las plantas, más empática y solidaria. El autor pone en valor el modo en que las plantas existen, viven y sienten, y cómo este puede ofrecernos “un modelo de relación con el mundo” distinto.
La propuesta de Giraldo descentraliza al ser humano y vuelca su atención en los movimientos sutiles de la flora, en su lentitud y su inteligencia. El modo en que el autor expone las posibilidades de esta forma de vida resulta conmovedor.
Si bien arte y literatura no resolverán por sí mismos este embrollo, pueden actuar como “mediadores de una relación con la flora que necesitamos recuperar”. Este parece ser el proyecto de Giraldo a través de su reflexión en torno a las representaciones culturales contemporáneas, tanto pictóricas como literarias, de la flora.
Cabe preguntarse, sin embargo, y Giraldo es consciente de ello, hasta qué punto es posible dar un giro de tales características en nuestro momento histórico. Hoy día, el pensamiento y concepción humana de las plantas se dan un contexto intelectual, político y económico en el que la precarización de la vida y la modificación de la flora en los modos “lesivos y contraproducentes” que critica el autor son la norma.


