Mi experiencia Erasmus en el país me hace descubrir algunas de las curiosidades que uno no espera antes de venir a este lugar
Bélgica se ha convertido en el foco de atención en los últimos años: sede de la Unión Europea, decisiones ante la invasión rusa en Ucrania o el conflicto actual entre Israel y Palestina. Un país que entremezcla culturas y vive unos de los procesos políticos más importantes para la actualidad de España, el independentismo catalán.
Aunque en un principio mi deseo era estudiar en Países Bajos, finalmente mi destino fue Amberes. Una ciudad ubicada al norte de Bélgica y que culturalmente es completamente neerlandesa. Lingüísticamente, utilizan el neerlandés y gran parte de los contenidos culturales son de procedencia neerlandesa, inclusive los productos de los supermercados o las grandes multinacionales de la ciudad. A esta zona de predominio neerlandesa, la llamamos Flandes. En cambio, el sur del país es conocido como Valonia, zona culturalmente francesa que vive el mismo proceso al norte pero con Francia como punto de referencia.

Viajar es relativamente fácil. Bélgica presencia uno de los mejores sistemas ferroviarios de Europa junto a una red de autobuses que conecta al país traspasando fronteras para acceder a Luxemburgo, Países Bajos o Francia. La red aérea también está desplegada de la mejor forma para tener acceso a gran parte de las ciudades y países europeos. Desde España, Valencia, Bilbao o Málaga, entre otros tienen vuelos directos a la capital belga más allá de ciudades más grandes como Madrid o Barcelona.
Realmente las diferencias culturales en el país llegan a presenciarse fácilmente y las rivalidades están presentes. El norte desarrolla gran parte de la economía belga y consta de las zonas con mayores renta per cápita del país con una economía centrada en el sector de la industria y la pesca. A pesar de estas diferencias, Bruselas, ubicada en el centro, actúa como punto de neutralidad entre las dos culturas que predominan el país y encuentro en uno de los pocos parlamentos nacionales a nivel mundial que acepta el habla de más de un idioma (neerlandés y francés). Canadá, Suiza o España lo permiten entre otros.
Si hablamos de Bruselas, sabemos que es la sede y capital de la Unión Europea. Gran parte de sus instituciones se encuentran en la capital belga, las cuales son transitadas cada día por trabajadores de los 27 estados miembros que conforman la institución. Un lugar que ha podido presenciar algunas de las decisiones más complicadas: el Brexit, la guerra entre Ucrania y Rusia o la recuperación económica ante la pandemia del coronavirus.
Con la escalada de tensiones reciente entre Israel y Palestina, Bruselas ha sido uno de los puntos de mira principales ante cualquier decisión que Occidente pudiese tomar. Durante el conflicto, la Unión Europea intentó paralizar su envío de ayuda humanitaria a Gaza aunque finalmente no ocurrió. Rápidamente un atentado ocurrió ante la iniciativa occidental para ayudar a Israel. Se llevo la vida de dos personas en el centro de la ciudad. Otros edificios importantes y zonas de aglomeraciones han sido desalojados en algunas ocasiones, como es el caso de la estación central de Amberes.
Al fin de al cabo, la diversidad étnica y religiosa es mayor que la de España, a pesar de los grandes movimientos migratorios que nuestro país tiene. Amberes tiene la mayor concentración judía de toda Europa y los procesos sociales y culturales pueden provocar disputas o roces entre diferentes grupos sociales. Incluso los partidos políticos del país suelen presentarse a favor de una religión o zona del país en concreto. Actualmente gobierna un partido con el apoyo de otros seis partidos que entremezclan conceptos como cristiano-laico, socialista-conservador o Flandes-Valonia. Una política totalmente compleja y muy alejada de un sistema bipartidista tradicional como los de Reino Unido o Estados Unidos que bañaban el mapa europeo hasta hace unos años.
En relación con España, Waterloo, un municipio en Bruselas, ha sido la residencia del político español, Carles Puigdemont. Un eurodiputado que ha trabajado en el Parlamento de la UE convirtiéndose en una figura controversial de los últimos años. Desde la celebración de las elecciones inconstitucionales y la proclamación de la independencia de Cataluña en 2017, Bélgica ha sido refugio para el político ante una España que no pudo sancionarle tal y como recogía el derecho de nuestro país. Las relaciones entre el gobierno de Mariano Rajoy y el presidente de la Generalitat de Cataluña fueron distantes y la aplicación del artículo 155 fue un momento de incertidumbre en el círculo del Partido Popular.
Una situación que se ha extendido hasta nuestra actualidad y ha puesto a Bruselas en el centro de la política española. La elaboración de la amnistía en relación a Cataluña presentada en el día de ayer, ha sido una de las decisiones más importantes en el PSOE para que Pedro Sánchez pueda revalidar cuatro años más la presidencia del Gobierno. Este panorama, ha provocado el encuentro de los principales dirigentes políticos de nuestro país con Puigdemont y sus compañeros políticos en la capital belga. Una cuestión que deja a España totalmente atenta a las noticias que puedan llegar desde Bruselas.
¿Por qué Bélgica se ha convertido en el hogar de Carles Puigdemont durante estos años?
No sabemos a ciencia cierta el porqué, aunque probablemente se trasladaría aquí por su labor como eurodiputado. Hay que tener en cuenta que Bélgica sufre un proceso de nacionalismo en las dos regiones del cual ya hemos hablado anteriormente y que ambas presencian esto en sus agendas políticas: el independentismo y el recurso nacionalista como reivindicación de reconocimiento. A pesar de que es diferente al caso catalán, los diferentes procesos independentistas y nacionalistas europeos han respaldado su legitimidad en los últimos años. Por ejemplo Escocia con Cataluña o los sectores independentistas de Irlanda del Norte con Kosovo. Inclusive la llegada de las lenguas cooficiales al Congreso de los Diputados ha sido mencionada y respaldada en la política belga como instrumento de similitud a su sociedad.
Podríamos definir a Bélgica como un país totalmente diverso en cuestiones culturales, políticas y sociales que la colocan en el centro de Europa a la vanguardia de políticas que buscan los intereses europeístas y pro-occidentalistas. Un lugar entremezclado por culturas que conforman una nación totalmente abierta a cualquiera persona que quiera visitarla.

