Arquitectura hostil: una forma de diseño urbanístico utilizada para controlar el uso de los espacios públicos
Principalmente, este tipo de diseños arquitectónicos afecta a las personas sin hogar, pero también a los residentes de las zonas urbanas y al desarrollo de la vida en comunidad.
¿Qué es la arquitectura hostil?
La arquitectura hostil, también se conoce como arquitectura defensiva o diseño excluyente. Estas definiciones del fenómeno no son aleatorias, pues uno de los fines que persigue este tipo de arquitectura es impedir y restringir el uso de determinados espacios públicos por una parte de la población. Esto se consigue a través de alteraciones en el mobiliario urbano y la implementación de elementos disuasorios.

La arquitectura hostil puede ser fácil de identificar mediante barrotes de hierro o pinchos en pórticos o puentes (para evitar que personas sin hogar pernocten en ellos). También se puede manifestar de una forma más sibilina, mediante bancos unipersonales o con forma inclinada. Según un ensayo divulgativo de la Revista Hispanoamericana de Historia de las Ideas la arquitectura hostil es una forma de control sobre la población a través de elementos como el diseño arquitectónico, la luz o el sonido.
El mapeo colaborativo organizado por la Fundación Arrels, que lucha por el sinhogarismo, ha detectado en febrero de 2023, 334 elementos arquitectónicos característicos del diseño excluyente en Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat.

¿A quién afecta la arquitectura hostil?
La arquitectura hostil está destinada a distintos grupos de personas, sobre todo a las personas sin hogar, los skaters o patinadores, o personas con drogadicción. Aún así, estas variables arquitectónicas del mobiliario público afectan a todos aquellos que hacen uso de los espacios públicos. Los bancos individuales entorpecen la comunicación entre amigos y familiares; en días de lluvia es difícil resguardarse bajo los portales o puentes; y que los niños correteen en verano por las plazas sin arbolado y zonas verdes se hace imposible. Además, muchas veces la imposibilidad de reunión en el espacio público genera que las reuniones amistosas se tengan que dar en lugares privados, como restaurantes o bares.

Las zonas urbanas contemporáneas, que carecen de arbolado y zonas verdes, evitan los asentamientos comunitarios pero también impiden la socialización y desarrollo comunitario de los individuos. Aunque la arquitectura hostil dificulta la vida social los espacios comunes, los mayores damnificados por el diseño excluyente son las personas sin hogar.
La palabra «sinhogarismo» se añadió a la RAE el pasado martes 28 de noviembre. Según la Real Academia de la lengua Española el sinhogarismo es la circunstancia de la persona que carece de hogar donde vivir y, generalmente de cualquier medio de vida. La organización sin ánimo de lucro Hogar Sí, establece que este fenómeno estructural afecta a más de 37.000 personas en España. Desde la organización defienden que «el sinhogarismo es una violación de los derechos humanos, del derecho a la vivienda, a la salud, al empleo, a la seguridad y a la dignidad humana».
Además de las diferentes adversidades a las que se enfrentan las personas sin hogar, combaten las obstaculizaciones de la arquitectura hostil. Entre los diferentes elementos usados por el diseño excluyente para evitar que las personas sin hogar duerman y vivan en las calles se encuentran: los pinchos, bloques y barreras bajo puentes y lugares techados; los asientos en bancos y marquesinas separados por reposabrazos; las rejas o vallas en poyetes; y los bancos individuales o circulares. Este tipo de diseño arquitectónico desvía el problema del sinhogarismo, obligando a las personas sin hogar a pernoctar en lugares inhóspitos. El Instituto Nacional de Estadística publicó en su Encuesta de Centros y servicios de Atención a personas sin hogar de 2022, que 28.552 personas sin hogar han sido usuarias de centros asistenciales de alojamiento (tales como albergues). En España se estima que 37.000 personas están en situación de sinhogarismo, por lo que alrededor de 10.300 personas se encuentran sin cobertura de alojamiento.

Diseño urbano inclusivo y diseño urbano sostenible: alternativas a la arquitectura hostil
El diseño urbano inclusivo es el polo opuesto al diseño excluyente, que busca crear entornos urbanos accesibles y acogedores para todas las personas, sin importar sus características individuales. Se busca generar espacios que propicien la interacción entre las personas en la vía pública. Este tipo de diseño aboga por la accesibilidad en la arquitectura urbana para garantizar una convivencia cómoda y segura para todos los ciudadanos.
Por su parte, el diseño urbano sostenible, es otra de las alternativas a la arquitectura hostil ya que apuesta por la sostenibilidad social, económica y medioambiental. Este tipo de diseño se centra más en el uso de las energías renovables y la creación de espacios verdes para fomentar la protección del medioambiente y por lo tanto la protección de los individuos de la ciudad.

La arquitectura hostil, es un modelo arquitectónico que afecta al conjunto de la sociedad no sólo por los problemas de convivencia y estéticos que genera, sino por la desviación de soluciones reales al problema del sinhogarismo.


