En España, más de uno de cada cuatro jóvenes se encuentra en situación de desempleo y una gran parte de quienes trabajan lo hacen en condiciones de temporalidad o precariedad. En este contexto, el discurso que cuestiona su esfuerzo sigue presente. Sin embargo, lejos de esa imagen, cada vez más jóvenes impulsan proyectos, generan ideas y participan activamente en la transformación de la sociedad desde distintos ámbitos.
Nina Méndez Bisgaard y Maximilian Stjernstrom me atienden desde su coche tras salir de la universidad, en la que los dos estudian el grado de Arquitectura. Aprovechando sus escasos minutos libres, hablan con la calma y el aplomo de quien rebosa experiencia en su campo. A sus 24 años, ambos vinieron a estudiar a la Universidad Europea de Madrid hace tres años -ella es mexicana danesa, y él, de origen sueco pero afincado en Fuengirola desde 2011-, y compaginan los estudios con la gestión de MAS Property, una inmobiliaria de apartamentos de lujo que abrieron el año pasado.

“Queríamos tener la oportunidad de vender algo y conocer gente”, explica Nina. “Tiene el mismo nombre de la inmobiliaria que mis padres tienen en Marbella, MAS Property. Por eso fue lógico que abriéramos una oficina aquí durante el tiempo que estamos estudiando”, añade Maximilian. Sus días se suceden entre clases y proyectos propios, reflejando una dinámica que cada vez está más extendida entre jóvenes que compaginan sus estudios con iniciativas profesionales.
Amaniel vivo, o pensar la ciudad desde otra perspectiva
Estas ganas de innovar y desarrollarse en el sector les llevó a presentarse al concurso Sueña Madrid 2025, en el que obtuvieron el primer puesto con su proyecto Amaniel vivo. Centrada en el entorno de Bellas Vistas, su propuesta partía de una idea clara: “Recuperar espacios urbanos desde una lógica más habitable, integrando zonas verdes y fomentando la vida en comunidad”.
“Elegimos Bellas Vistas porque es una zona densa con muchos apartamentos y mucho potencial, y además, forma parte de la historia de Madrid”, explican. Inspirados por ejemplos europeos como la ciudad de Breslavia, plantearon un uso más flexible del acueducto de Amaniel, convirtiendo un lugar olvidado en un espacio multifuncional: “Queríamos convertirlo en lo que la sociedad necesita”, comenta Maximilian. “Queríamos quitar la carretera para crear un espacio más peatonal y que fuera un sitio vivo, donde convivieran distintas personas, culturas y usos”, recalca Nina.

Más allá del premio, su proyecto refleja una mirada renovada a la forma de entender las ciudades, priorizando su transformación en espacios vivos, sostenibles y multifuncionales, para crear un entorno basado en la comunidad. Para ellos, el reconocimiento les ha dado la oportunidad de demostrar que las nuevas generaciones vienen preparadas para aportar ideas propias e innovadoras: “La sociedad va cambiando y no se puede esperar que se haga lo mismo que hace 100 años. Con nuestras ideas, creemos que podemos mejorar la vida de las personas”, señalan.
Dar voz a lo que no se ve
Con ese mismo afán de mejorar la realidad actual, Pablo Tello, periodista residente en Madrid, se alza como una de las voces jóvenes más prometedoras del sector. Con tan solo 25 años y nacido en Soria, nunca pensó en dedicarse al periodismo. Sin embargo, tras cursar una asignatura relacionada con los medios en su carrera de Filología inglesa, cambió su rumbo y descubrió su pasión.
Hoy, tras tres años en la plantilla de El Periódico de España, tiene muy claro su objetivo: “Es hacer justicia al Pablo de cinco o diez años. Yo crecí en una ciudad súper cerrada, y pronto me di cuenta de que igual no era como el resto de niños. Por lo que por mi falta de referentes, quizá hoy quiero ser referente para otros niños”, explica. “Es importante no quedarnos en la superficie, y contar las realidades de personas que quizás están en los márgenes”.
El drag como armadura
Y ese compromiso con la reivindicación de otras realidades se ha visto reflejado en el reconocimiento que ha recibido junto a su compañero Pedro del Corral Arche por el reportaje Sólo el drag les hace libres: una armadura ‘queer’ para sacar brillo a la discapacidad. Publicado en 2024, este trabajo les granjeó el Premio Injuve al Periodismo 2025 en la categoría de Periodismo Escrito, el VI Premio Nacional de Periodismo Placeat, y el XXVII Premio Tiflos de Periodismo Social de la ONCE.
Este reportaje aborda la realidad de distintas personas con discapacidad dentro del mundo del drag, desde un enfoque poco habitual. “Queríamos dar voz a personas que están silenciadas ya no por una vertiente, sino por dos vertientes, siendo relegados a un segundo plano. Por ello, quisimos contar sus realidades desde un punto de vista completamente distinto, y hacer de esa discapacidad e identidad una insignia y una armadura”, explica Pablo. Aunando su interés por el drag con una curiosidad incansable, Pablo tomó como inspiración una iniciativa en Reino Unido para comenzar a buscar por nuestro país historias a las que poder dar voz. “No se trata de escribir sobre estos temas porque toca, sino de profundizar y darles el espacio que merecen”.

Una generación que propone ideas nuevas
Aunque desde distintos ámbitos, tanto Pablo como Nina y Maximilian coinciden en una idea común: la necesidad de que las nuevas generaciones tengan más espacio para participar en los debates que afectan a la sociedad.
“Como jóvenes, es importante dar nuestra opinión, ya que en nuestra iniciativa y propuestas está un poco el cambio.” señala Pablo. En su opinión, la clave está en la diversidad dentro de los equipos y en la incorporación de nuevas perspectivas que respondan a los retos actuales. “Podemos aportar un montón de líneas temáticas e ideas en cuanto a problemas actuales, y utilizar herramientas como las redes sociales que enfoquen los problemas de forma distinta”.
En el caso de Nina y Maximilian, esa aportación pasa por repensar el entorno urbano desde la sensibilidad de las nuevas generaciones hacia criterios como la sostenibilidad o la convivencia. “A pesar de que todos estamos preocupados, creo que, de cierta manera, los jóvenes estamos un poco más preocupados porque nos queda toda la vida para lidiar con los problemas”, apunta Nina.

Rompiendo las barreras generacionales
Frente a la idea de que los jóvenes no se implican lo suficiente, sus experiencias dibujan un escenario distinto. No solo trabajan y se forman, sino que además emprenden, investigan y proponen nuevas formas de entender la ciudad y la sociedad.
Pablo Tello lo resume con claridad: “Es importante mostrarse tal y como somos y dar voz a nuestras ideas sin miedo a que puedan rechazarlas o que no lleguen a ningún punto” . Una afirmación que conecta con la trayectoria de quienes, desde distintos ámbitos, intentan abrirse paso mientras contribuyen a transformar su entorno.


