«Despolitizar la violencia es una manera de negar que existe»
Lara Alcázar fundó el grupo Femen España en 2013, cuando ella tenia 21 años. Esto es una organización feminista que llevan a cabo acciones de protesta contra la sociedad patriarcal, la religión y los regímenes antidemocráticas.
Pregunta: Hay mucha gente que no sabe exactamente que entendemos las feministas como violencia machista. ¿Qué se entiende por violencia contra la mujer? ¿Qué actos y comportamientos son entendidos como violencia a la mujer?
Respuesta: Las violencias machistas, que al final es a lo que atiende el 25N, serían todos esos comportamientos, todas esas agresiones, violencias que a nivel estructural sufren las mujeres por el hecho de serlo. Digamos que la sociedad patriarcal, tal y como está estructurada, con base en un sistema de privilegios donde las mujeres estamos desiguales o tenemos menos privilegios, enfrentamos situaciones de desigualdad que a menudo llevan a situaciones donde sufrimos violencia. Esta violencia puede ser de muchos tipos. Nosotras, de hecho, hace un par de años, hicimos una campaña en redes para visibilizar que no son solo violencias a nivel físico, sino a nivel estructural, como puede ser la violencia económica, la violencia psicológica, la violencia obstétrica, pueden ser muchos tipos de violencia.
Estamos en una situación desigual y que en muchos casos nos ven como más frágiles, más débiles, y nada que ver. Lo que pasa que sí que es verdad que el mundo está predispuesto de una forma donde las mujeres tenemos menos poder y menos herramientas para poder confrontar esas violencias y, precisamente, por eso el feminismo es algo necesario. Es una herramienta, una defensa hacia nuestros derechos y hacia nuestra libertad. En este sentido, una jornada como esta sigue teniendo todo el sentido, desde la parte de los feminicidios, donde a las mujeres se nos asesina por el hecho de serlo, hasta cosas que, quizás a priori, pueden parecer más banales como puede ser la violencia económica, la salarial, pasando por cosas tan graves como las violencias y agresiones sexuales sean en el grado que sean.
P: ¿Por qué crees que hay tantas opiniones y pensamientos diferentes con respecto a la violencia machista? Opiniones que la afirman e incluso que la niegan
R: Yo creo que el hecho de que de repente se nos quiera llevar hacia atrás, y hablemos de violencia intrafamiliar o hablemos de violencia sin género, tiene mucho que ver con los avances que el feminismo ha logrado conquistar. Despolitizar la violencia es una manera de negar que existe. Todo es político en el mundo, por supuesto, pero la violencia, en este caso, contra las mujeres, es, si me apuras, doblemente político, y es una cuestión que atiende a nuestro género y al lugar en el que se nos coloca socialmente, que es , en este caso, por debajo de los hombres. Entonces cuando las mujeres empezamos a revolvernos, las mujeres empezamos a conquistar derechos, y empezamos también a ser conscientes de lo que no merecemos y no es lícito ni legítimo que suframos violencia por ser quien somos, aquellos hombres que entienden que el feminismo no tiene cabida y que las mujeres somos algo pasivo y somos algo a poseer y algo a manejar, pues se revuelven. Y cuando esos hombres consiguen representación política, esas visiones sobre un mundo desigual, sobre un mundo violento y sobre un mundo machista, tienen representación dentro de un parlamento, y esto es muy peligroso, y lo hemos visto en muchos, y en especial, lo hemos empezado a ver en parlamentos autonómicos. Por ejemplo, es el caso de Castilla y León, o es el caso donde también PP y Vox están en Extremadura, y podríamos citar más casos.
Entonces, la importancia de decir que la violencia sí tiene género, que la violencia machista si tiene un género, que a las mujeres se nos asesina por el hecho de serlo, y es importante nombrarlo porque si no no identificamos dónde está la raíz de ese problema, sigue siendo una necesidad a día de hoy. Por eso el 25N no es un día de reflexión, sino que también es un día de manifestación.
Negarlo es una intentona de llevarnos hacia atrás, es una intentona de seguir privatizando una problemática que es estructural y que no solo afecta de puertas para adentro, sino que afecta en el espacio público, y lo vemos, no solo, insisto, con los asesinatos machistas o con las agresiones físicas, sino también con la discriminación laboral, insisto, con las agresiones sexuales desde el acoso callejero hasta las agresiones sexuales en un grado más alto, las violaciones, en la sexualización de las mujeres, y un largo etcétera.
Entonces, es y sigue siendo necesario una visión feminista dentro de la lucha contra todo este tipo de violencias, porque además, es muy claro cuando nosotras nos sentamos con cualquier mujer con la que establezcamos una conversación de su vida normal, podemos identificar estas violencias. Desde espacios como el trabajo, hasta espacios como el propio hogar y la calle. Mientras esto siga ocurriendo va a seguir siendo necesario criticar que la raíz del problema es sistemática, no son casos aislados.
P: ¿Crees que hay suficientes recursos y apoyo disponibles para las mujeres que han experimentado violencia de género?
R: Yo sí que pienso que a día de hoy hay más recursos de los que había. El problema, como mencionaba antes, es que el hecho de que existan leyes estatales no siempre implica que se cumplan a un nivel autonómico, y esto es un gran problema. Ocurre con más leyes de hecho.
Es importante, precisamente, acabar con este pensamiento, por un lado, de que la violencia no tiene género, de que estas cosas ocurren porque hay hombres que son malos y hay hombres que son buenos y no hacen eso, o que depende mucho y, simplemente, el foco hay que ponerlo en la educación. Por supuesto que la educación es la raíz de todo, pero no podemos obviar que ya hay personas que son adultas que producen estos comportamientos que están fuera del sistema educativo. Por supuesto que a futuro el avance de todo es la educación y por eso en este último gobierno ha habido propuestas que apostaban muy fuertemente por esa base educacional. Pero no nos podemos olvidar de que las personas con una edad adulta que conforman la sociedad ya están ahí fuera. Ya tienen unos privilegios, en concreto los hombres, para ejercer las violencias que es real.
Entonces, si pienso que hay más recursos, pero pienso que, por ejemplo, que hay algunas autonomías que no disponen de estos recursos. Está probado que exista, pero muchas veces, pues no existen presupuestos o directamente no se pone en marcha. Se va postergando o se precarizan las condiciones, por ejemplo, de las técnicas que trabajan dentro de esas oficinas, o de esos departamentos que pueden asistir a esas supervivientes de las diferentes violencias machistas.
Sin embargo, pienso que siempre es necesario más. Y creo que esto es algo que desde el feminismo se comparte, en cualquier grupo, asamblea y movimiento. Es necesario que se invierta más en recursos para identificar esas violencias, en recursos para educar contra esos tipos de violencia. También en educar en lo contrario, en los buenos tratos, en lo que no se debe hacer y lo que no es lícito dentro de una sociedad democrática e igualitaria. También tenemos que reforzar la parte de que es lo bueno, que es lo que sí hay que reforzar. Educar solo a la contra no es algo completo, también hay que educar y concienciar en lo positivo. Asimismo, también creo que es importante llegar a otros espacios y quizás sentarse a escuchar a la gente que es más joven y que nos cuente, sobre todo las chicas: pues donde ven que ahora se están desarrollando esas violencias, de qué forma, a través de qué canales, qué consejos nos podrían dar.
Nosotras en Femen, por ejemplo, como somos un grupo abierto y las mujeres que pueden empezar a participar van desde los 18 en adelante, siempre intentamos tener esa visión y contamos con compañeras de todos los grupos de edad para intentar hacerlo lo más global posible. Por eso es tan importante que el feminismo sea algo accesible a las mujeres más jóvenes, porque todas lo necesitamos, independientemente de los años que tengamos, de qué educación tengamos, que trabajo tengamos… E igualmente creo que hay que llevar el mensaje a los hombres, porque son los que ejercen esas violencias. Está bien que nosotras sepamos identificar y tengamos herramientas para protegernos y defendernos por nuestros propios medios, sin necesidad de que nos tutoricen y personalicen, pero también es necesario que entiendan que son el foco y la diana social de esos comportamientos. Y de la misma manera, son el foco para erradicarlo. El cambio en la narrativa y en el mensaje también es clave.

P: Existe el pensamiento entre la juventud de que su acción no va a servir para nada ¿Por qué crees que es tan importante el activismo en jóvenes? Si pudieras decirles algo, ¿qué sería?
R: Pues que yo creo que el feminismo es para todas y que muchas veces parece, o da la impresión, de que el feminismo es solo academia y si no te has leído X libros, pues ya no puedes participar, o porque no sepas ”lo suficiente”, tu argumento no es válido. No. El feminismo es algo que está vivo porque se participa en él y hacemos que evolucione, y para que pueda servir de algo y evolucionar necesitamos que todas participemos. Creo que hay que intentar erradicar esa idea de que yo no cuento por qué no estoy organizada dentro de un grupo todavía, o me da un poco de miedo. Creo que cualquier pequeño paso que se dé para intentar estar concienciada con algo es el inicio de algo más grande, es decir, solo con indignarte o entender por qué algo está mal, ya es algo que es muy grande, por qué en general no nos educan para eso. (…)
No hay que presionar nunca a nadie para que se implique más de lo que cree estar preparado, es decir, no todo el mundo tiene que estar involucrado al mismo nivel porque quizás su personalidad, recursos o privilegios no se lo permiten. Tampoco es lo mismo una chica joven con nacionalidad española en un hogar estable que tenga unos pilares fuertes dentro de su red que la apoyen, que una chica que dentro de su casa se enfrenta a ciertas violencias, que igual no ha nacido aquí y que está racializada y llega, por ejemplo, a un instituto nuevo. Que no quiero decir que no pueda hacerlo, por supuesto que tiene el mismo derecho, pero no podemos negar que el punto de partida no es el mismo, se enfrenta a muchas más discriminaciones. Por eso mismo hay que respetar y fomentar que existen diversos tipos de grupos de activismo, de acciones, de manifestaciones, donde cada una pueda participar en la medida que se sienta segura y cree que pueda hacerse responsable.
P: ¿Crees que la gente es consciente de la mella en la salud mental que provocan las violencias machistas?
R: Siempre se resta importancia al sentimiento que podemos tener las mujeres, pero también creo que es que, más que minimizar o maximizar, tiene más que ver con el sentimiento paternalista sobre cómo nos sentimos, o con tutorizar cómo nos tenemos que sentir, porque si nos fijamos bien siempre que se atraviesa un episodio de violencia todo el mundo parece que nos dice cómo nos tenemos que sentir. Esto pasa también con el tema de los abortos: “Seguro que te tienes que sentir fatal, que tienes que estar super triste”… Bueno, pues igual sí o igual no. Y eso no resta legitimidad a lo que te ha pasado. Cada uno tiene un contexto, unas herramientas y un círculo de apoyo que no siempre es el mismo. Hay gente que no cuenta con ningún tipo de apoyo a su alrededor, y cuando las mujeres atravesamos una situación, que para las nosotros, por ejemplo, en este caso de violencias machistas, puede ser haber sufrido una agresión o acoso sexual, todo el mundo nos dice como nos tenemos que sentir, y parece que estamos constantemente en un examen. En lo que tenemos que trabajar y hacer mella es en que podemos pasar por muchas fases y cada una tiene una manera de procesar las cosas que no siempre se corresponde con lo que se supone que el relato establece.
Yo recuerdo mucho como se persiguió a la que fue víctima de la violación de la Manada, y cómo se la escrutó públicamente porque seguía haciendo su vida. Y esto ha ocurrido con muchísimas más mujeres: “Bueno, tan mal no lo habrá pasado porque no está en su casa llorando y se ha ido a trabajar”. Y muchas veces es al revés: “Igual no fue para tanto y está exagerando”, “¿cómo se va a deprimir alguien porque unas imágenes privadas suyas se hayan difundido sin su consentimiento?”.
Parece ser que hagamos lo que hagamos se nos va a criticar. Nunca vamos a ser lo suficientemente valientes, comedidas o correctas, para lo que se espera de nosotras. Cada mujer tiene sus circunstancias, y lo que tenemos que trabajar e impulsar es que haya recursos para todas y que estén a nuestra disposición. Y que de ahí ella decida cuáles le son útiles en cada momento en el que esté.
P: ¿Cómo veis el futuro en relación al movimiento hacia la igualdad?
R: Yo creo que, por un lado, hay que ser optimistas porque lo que sí que se ha demostrado es que el feminismo no es una institución, no es solo un ministerio, el feminismo es un movimiento. Es un movimiento que sí ha conseguido estar durante tanto tiempo vigente, es porque se ha sabido transformar y generar alianzas con otros colectivos vulnerables que también reivindicaban mayores derechos e igualdad. Creo que aquí la clave está en comprender que el feminismo sigue siendo necesario y que lo que proponemos desde las calles, que la final es lo que hace que el feminismo siga vivo, el trabajo en las asambleas, grupos de estudiantes, grupos de activismo como Femen, es lo que hace que el feminismo siga vivo. Lo que tienen que hacer las instituciones es recoger esas demandas y llevarlas a estatus de ley o de lo que sea necesario: pactos de estado, dotaciones económicas, iniciativas en materia de igualdad… Esa tiene que ser la sinergia, exigir desde la calle que es donde tenemos los pies y donde pasan las cosas, y que las instituciones lo recojan y respondan, porque lo que no podemos olvidarnos nunca es que los logros sociales no los consigue un partido, nunca, lo conseguimos las personas que estamos en la calle y transmitiendo esas demandas a las instituciones, porque son servidores públicos de la ciudadanía que están ahí puestos porque nosotros les hemos votado. Por ello tienen que entender que son una herramienta democrática al servicio del pueblo y que tienen que responder a nuestras demandas. Si nosotras no tenemos la voluntad de votarles y ponerles donde están no existirían, por lo tanto, su papel es responder a lo que demandamos.
Y sobre todo seguir reivindicando que esto se produce porque el mundo y la sociedad es patriarcal y atiende a un sistema que está basado en privilegios de unas personas sobre otras.

P: ¿Qué os mueve a trabajar de la manera en la que lo hacéis?
R: Después de todos estos años, que han sido diez concretamente, sentimos energía en ver que sigue habiendo una voluntad por parte del feminismo, de continuar y de seguir reclamando más derechos y blindar los que ya tenemos. Porque no nos podemos olvidar de que cada vez que hay ocasión, el antifeminismo y los sectores de la derecha van a intentar arrebatarnos nuestros derechos, por lo tanto, hay que estar muy vigilantes. Y también poner en práctica aquellos derechos y libertades que ya hemos conquistado para que la sociedad entienda, que son de utilidad y que tienen todo el derecho, legitimidad y sentido de estar en vigor.
Por otro lado, creo que también encontramos fuerza en ver que cada vez más gente entiende lo que hacemos, entienden el mensaje y cada vez menos gente nos pregunta por qué tenemos que hacerlo, cómo lo hacemos y por qué enseñamos en cuerpo. Cada vez más gente lo entiende, y esto significa que las cosas cambian. Tampoco hay que ser pesimistas del todo. Estamos mejor de cómo estábamos. Hay muchas más ofensivas porque hemos avanzado. Cuando tú te liberas y vas consiguiendo más derechos, los que los tenían antes bien aferrados se revuelven.
Creo que ahora más que nunca el feminismo propone una solución no violenta, diálogo, soluciones, maneras nuevas de la política y de ver el mundo. Además, cada vez asumiendo más compromisos, no solo para mujeres, sino para todas las personas. (…)
El feminismo está entendiendo que la crisis climática es algo que debe asumir, si queremos un planeta en igualdad debemos tener un planeta que poder evitar. Hemos entendido que los derechos LGTB los tenemos que asumir en la lucha y de la mano. Y un largo etcétera.
El feminismo es una lucha social y es una lucha por la igualdad. Y la igualdad no solo para unas pocas para todas. A su vez es un movimiento social, por lo que debemos ir de la mano con el resto de las causas sociales y viceversa. De nada nos sirve conquistar derechos si no hay perspectiva de género.
P: Tras tantos años de trabajo, ¿cuál es la lección más importante que has aprendido?
R: La lección más importante que me llevo es que a pesar de lo que quieran muchos predicar y contar que las mujeres no sabemos organizarnos, que no sabemos trabajar en equipo, de que somos nuestras peores enemigas, eso es mentira. Las mujeres somos capaces de organizarnos de manera brillante, sin recursos en el 99% de los casos, me atrevería a decir. Somos capaces de sentarnos a hablar y de ayudar a la que tenemos al lado, aunque no sea nuestra amiga.
Creo que la mayor cosa he aprendido es que esa idea misógina de que no somos capaces de organizarnos políticamente y seguir adelante es mentira. Femen lo ha conseguido no solo en España en 10 años, sino que a nivel internacional también. También una cosa que he aprendido es que nos subestiman tanto, que cuando somos capaces de llevar a cabo acciones de este grado y dificultad a cabo, como es quedarnos enfrente de primeros ministros, presidentes, entrar dentro de parlamentos, somos capaces de hacerlo, porque no nos creen capaces. Sin embargo, desafiamos esa idea de que somos pasivas, de que no tenemos la fortaleza y el ingenio para hacerlo. Hemos demostrado de sobra que sí y que, además, lo hemos hecho siempre desde la no violencia. Nos han tenido tan poco en cuenta que no se han dado cuenta de que hemos estado enfrente de grandes figuras políticas y no hemos percibido, en ningún caso, una agresión. Las mujeres somos capaces de muchísimas cosas y dentro del feminismo las hemos ejercido desde la no violencia. Esa es la línea que marcamos. Eso es lo que proponemos.
Nosotras formamos parte de ese relato y hemos sabido continuarlo, con una propuesta distinta. El ser partícipes de esa historia del feminismo, como grupo y como movimiento, es algo estupendo y que es algo que a todas las que hemos pasado por este grupo y permanecemos nos hace muy felices. Además de participar activamente en las cosas.
Es algo que te llena de energía y que te hace sentir que estás haciendo algo por cambiar las cosas.
Son tres cosas: el despertar, participar y continuar.

