La inacción de las administraciones autonómicas amenaza con acelerar la pérdida irreversible de biodiversidad en la península ibérica
En pleno ecuador del mes de agosto, la biodiversidad de la península ibérica vuelve a situarse en una posición francamente crítica. La organización ambientalista SEO/BirdLife ha hecho un llamamiento urgente a los gobiernos de las comunidades autónomas. Su objetivo es que decreten la suspensión inmediata de la actividad cinegética durante la temporada de media veda.
Según denuncian los técnicos e investigadores de la entidad, la preocupante secuencia de olas de calor, la sequía que arrastran los cuencas hidrográficas y la destrucción de hábitats provocada por los incendios estivales sitúan a las aves autóctonas en un escenario de vulnerabilidad sin precedentes.
La alerta máxima se centra de forma prioritaria en especies emblemáticas de los campos ibéricos, tales como la codorniz común, la tórtola europea y diversas variedades de aves esteparias y migratorias. Dichas poblaciones viven un declive demográfico, causado en gran medida por la intensificación agrícola, la pérdida de linderos naturales y la escasez generalizada de recursos hídricos. Desde el colectivo ecologista advierten de que someter a estas especies a la presión cazadora en un contexto tan desfavorable compromete su capacidad de reproducción y su supervivencia.
Un ecosistema al límite por el impacto térmico e hídrico
El impacto de la crisis climática ha dejado de ser un problema futuro para convertirse en una realidad cotidiana que altera drásticamente los ciclos biológicos de la avifauna. La falta de agua en los humedales tradicionales y la reducción drástica en la disponibilidad de alimento reducen las probabilidades de éxito de las nidadas tardías. A este contexto se suma la fragmentación de los terrenos ocasionada por los fuegos de los últimos meses. Los cuales obligan a miles de ejemplares a desplazarse hacia zonas donde la presión humana es sensiblemente mayor y los riesgos se multiplican.
Expertos en biología de la conservación señalan que la gestión cinegética pública no puede continuar ajena a la realidad meteorológica de cada campaña. Mantener los cupos tradicionales de captura sin realizar evaluaciones previas sobre el estado de las poblaciones equivale a ignorar el principio básico de sostenibilidad ambiental. Esta falta de flexibilidad en la planificación no solo castiga a las especies directamente perseguidas, sino que desestabiliza las cadenas tróficas completas. Estas aves juegan un papel crucial para el control natural de plagas e insectos.
La inacción administrativa frente al mandato normativo de la UE
Más allá de la evidente emergencia ecológica, el núcleo del conflicto reside en la pasividad que muestran las diferentes consejerías de medio ambiente autonómicas. Pese a las reiteradas advertencias de los organismos científicos, la mayoría de los gobiernos regionales han optado por mantener los calendarios de caza prefijados. Eludiendo la aplicación de medidas de cautela que sí se adoptan en otros países del entorno europeo. Esta falta de coordinación territorial genera un parcheado normativo en el que las aves quedan desprotegidas en cuanto cruzan los límites entre comunidades.
Desde SEO/BirdLife subrayan que la Directiva de Aves de la Unión Europea obliga a proteger legalmente las especies en declive. Pidiendo que se adopten moratorias temporales cuando las condiciones biológicas lo necesiten. Ignorar estas recomendaciones pone a España en riesgo de enfrentar expedientes de infracción en los tribunales comunitarios. Además de mostrar una clara desconexión entre lo que se dice políticamente sobre la neutralidad climática y cómo se gestiona realmente el territorio.
La necesidad de un cambio estructural en la gestión del territorio
La controversia generada esta temporada reabre el debate sobre la urgencia de modernizar el modelo de custodia ambiental en el Estado español. Organismos internacionales y colectivos locales coinciden en que no basta con reaccionar de manera puntual ante cada episodio de canícula o sequía estival. Es imprescindible diseñar planes de ordenación que integren variables climáticas en tiempo real. Garantizando la creación de corredores ecológicos seguros y el mantenimiento de puntos de agua estratégicos para la fauna silvestre en los momentos de mayor estrés térmico.
Proteger la avifauna ibérica durante los meses centrales del verano no constituye una mera opción ideológica, sino un deber para garantizar la estabilidad de los ecosistemas agrícolas y forestales de los que depende toda la sociedad. En un contexto en el que el calentamiento global se acelera, permitir que sigan adelante las actividades extractivas sobre especies amenazadas es reducir la adaptación de nuestro patrimonio natural. Además de condenar a los campos españoles a un silencio ecológico de consecuencias imprevisibles.


