Un modelo que gana terreno en todo el mundo y desafía las estructuras tradicionales del trabajo
Cada vez más países experimentan con la reducción de la jornada laboral sin recortes salariales. Los resultados apuntan a mejoras en la productividad, el bienestar y el equilibrio personal, pero también generan resistencias, especialmente entre pymes y autónomos.
¿Trabajar menos días, ganar lo mismo y ser igual (o más) productivo? Lo que parecía una utopía, hoy es una realidad tangible para miles de empleados en países como Islandia, Alemania, Reino Unido o España. La semana laboral de cuatro días está dejando de ser un experimento para convertirse en una tendencia global.
Casos que inspiran
Uno de los referentes más sólidos en la implementación de la semana laboral de cuatro días es Islandia. Entre 2015 y 2019, el país llevó a cabo dos ensayos a gran escala, impulsados por el gobierno nacional y el Ayuntamiento de Reikiavik. Participaron más de 2.500 empleados del sector público, incluyendo trabajadores de oficinas, hospitales, escuelas y servicios sociales.
La jornada se redujo de 40 a 35-36 horas semanales, sin rebaja salarial. ¿El resultado? La productividad se mantuvo o incluso aumentó, y los trabajadores reportaron mejoras significativas en bienestar, salud mental y equilibrio entre la vida personal y profesional. El éxito fue tal que hoy, casi el 90% de la población activa islandesa disfruta de horarios más flexibles o reducidos, consolidando este modelo como una realidad, no solo un experimento.
En Alemania, un reciente ensayo con 41 empresas de distintos sectores también ha arrojado resultados muy positivos. Tras varios meses de prueba, el 73% de las empresas decidió no volver a la semana de cinco días. Los trabajadores reportaron mayor motivación, menos estrés y una mejora general en la calidad de vida, mientras que las empresas no solo mantuvieron su rendimiento, sino que en muchos casos lo mejoraron gracias a una mejor organización interna.
España: avances con cautela
En España, la semana laboral de cuatro días aún está en fase exploratoria, pero gana adeptos rápidamente. Un estudio de Capterra revela que el 88% de los empleados de pymes estaría interesado en introducirla. Las razones principales: mejor conciliación, salud mental y bienestar. No obstante, el entusiasmo no es compartido por todos. Según Adecco, el 73,5% de las empresas y el 61,5% de los autónomos consideran que esta medida es inviable sin reducción salarial, por motivos relacionados con la productividad, los costes y la organización interna.
En cuanto a experiencias reales, la Comunidad Valenciana ha impulsado proyectos piloto en sectores como el comercio y la industria, con el respaldo de instituciones públicas. Estas iniciativas buscan evaluar los efectos de la semana laboral de cuatro días, centrándose en aspectos como la productividad y el bienestar de los empleados. Joan Sanchis, economista y experto en el tema, explica que “los países más productivos son aquellos que trabajan menos horas”. Este enfoque, según Sanchis, podría ser la clave para mejorar tanto la calidad de vida de los trabajadores como la eficiencia de las empresas, al centrarse más en resultados que en horas trabajadas.
Más allá de la moda
La discusión ya no es solo sobre jornadas laborales. Se trata de repensar el modelo económico y social, especialmente tras una pandemia que cambió nuestra relación con el trabajo. La irrupción del teletrabajo, la digitalización acelerada y la creciente preocupación por la salud mental empujan hacia una nueva cultura laboral.
Según varios estudios, la semana laboral de cuatro días puede ser una herramienta eficaz contra el burnout, mejorar la retención de talento y reducir el absentismo. Pero para que funcione, es necesario formación, planificación estratégica y voluntad política y empresarial.

