La Residencia Josete Massa, que abrirá próximamente en Madrid después de años de demoras, es la respuesta de la Fundación 26 de Diciembre a la deuda histórica a este colectivo
¿Qué pasa cuando nos hacemos mayores? Es imposible escapar a esta cuestión en un país en el que una de cada cinco personas tiene más de 65 años. Aún así, se trata de una pregunta que apenas se ha abordado en el relato público sobre el colectivo LGTBI. Desde hace tiempo, estas siglas se han asociado con la juventud y con una imagen festiva. A menudo se ha tratado la diversidad sexual y de género como si solo fuera un fenómeno social relativamente reciente. Pero todo el mundo envejece.
La generación que encabezó las primeras marchas LGTBI en los años de la Transición denuncia sufrir hoy, en la vejez, una cierta invisibilización. Un borrado que se produce incluso dentro del propio colectivo. Las personas mayores LGTBI tampoco han tenido una gran presencia en la literatura académica ni en los medios de comunicación, con contadas excepciones como Maspalomas, la última película de José Mari Goenaga y Aitor Arregi. Esta aborda y visibiliza algunos de los tabúes que rodean a este grupo, que enfrenta una doble discriminación —por su sexualidad y por su edad— y que, pese a su especial vulnerabilidad a la precariedad, dispone de recursos específicos muy limitados.
Un colectivo que envejece en silencio
En La Tercera Edad LGTBIQ+ (Editorial Egales, 2024), el psicólogo Manuel Ángel Soriano señala que este colectivo apenas ha despertado interés social. La vejez se ha entendido casi siempre como un espacio ajeno a la sexualidad y a su diversidad. A este vacío se le suma un recorrido histórico difícil: las personas mayores LGTBI crecieron durante la dictadura franquista y sufrieron un contexto de represión, violencia institucional, estigmatización y exclusión laboral. Al hacerse mayores, siguen teniendo dificultades; según un informe de FELGTBI+ de 2019, alrededor del 40% de los mayores LGTBI viven solos. Ante la posibilidad de ingresar en una residencia, muchas personas se ven obligadas a “volver al armario” para evitar el rechazo del personal o de sus compañeros.
Una consulta al mapa buscador del Ministerio de Igualdad basta para constatar que los recursos específicos para este colectivo en España son escasos. Uno de ellos se encuentra en el barrio de Lavapiés, en el corazón de Madrid. Allí está la sede de la Fundación 26 de Diciembre, la asociación más importante del país dedicada a las personas mayores LGTBI. Fundada en 2010, la 26D lidera un proyecto pionero: la creación de la Residencia Josete Massa, un centro residencial especializado en mayores LGTBI. Tras años de paros y retrasos, pronto terminarán las obras de rehabilitación del edificio, ubicado en la calle del Arroyo Bueno, en Villaverde Alto.
Generar espacios para existir
Federico Armenteros creó la Fundación 26 de Diciembre después de hacerse la pregunta que aún hoy muchos se formulan: ¿dónde están los mayores LGTBI? “Después de salir del armario, fui consciente del edadismo. (…) Nosotros también existimos, también estamos”, dice Federico. Durante los últimos quince años, la 26D ha crecido mucho. “Hemos empoderado a muchas personas mayores, que ahora viven, hacen y se relacionan, y no como cuando empezamos, pidiendo permiso para existir”.
El equipo de la Fundación descubrió que “la sociedad no entendía o no había sido previsora” de que las personas del colectivo también se hacen mayores, y que atraviesan una serie de circunstancias que les dificultan envejecer con unas buenas condiciones de vida. “Te encuentras con una cantidad de gente muy mayor que tiene pensiones no contributivas”, cuenta Federico. Comprender esta precariedad económica requiere situarse, de nuevo, en el contexto histórico de las personas mayores del colectivo. “Antes, estábamos más callados, intentábamos ‘que no se nos notara’, y si ‘te lo notaban’, te echaban a la calle”.
La 26D trata de generar “espacios para existir”, donde las personas mayores LGTBI puedan encontrarse, socializar y recibir atención especializada. “Llevamos una carga terrorífica, y el poder entrar en un espacio donde, desde el equipo psicológico, te van acompañando para el tránsito, el buen envejecer, el ver que eres una parte importante de la sociedad, te hace cambiar la visión”. Sin embargo, todavía queda mucho trabajo para avanzar en la inclusividad. Una de las líneas de actuación de la Fundación es la formación de auxiliares de residencia con perspectiva LGTBI, que puedan tener en cuenta las necesidades y sensibilidades de este colectivo. “Hacen falta profesionales especializados para que por lo menos las personas tengan un acompañamiento más digno”, apunta Federico.
“Nos está persiguiendo la mala suerte, pero la residencia se abrirá en meses”
La Residencia Josete Massa, la gran iniciativa de la Fundación, está a punto de abrir sus puertas, después de años de esfuerzo y numerosas demoras. El reto principal ha sido obtener el dinero para poder sacarla adelante. Aunque la Comunidad de Madrid ha colaborado mediante la cesión del edificio, en aplicación de la Ley 3/2016 contra la LGTBIfobia, y con la financiación del proyecto a través de subvenciones, las obras se han tenido que paralizar en repetidas ocasiones. “Nos está persiguiendo la mala suerte, pero la residencia se abrirá en unos meses”, anuncia Federico. “El dinero no nos llegaba (…) Imagínate sin un duro que tengas que convencer y crear esa necesidad”.
Se percibe una falta de preocupación de la administración sobre las necesidades de la tercera edad LGTBI. “¿Por qué no se nos pregunta y sabemos cuántos somos del colectivo? No hay datos y si tú no tienes datos, no vas a hacer políticas”. Federico cifra en 160.000 los mayores de 65 años LGTBI que viven en Madrid, una población a la que “no se le está dando una respuesta”. Cuando hayan concluido las obras, la 26D quiere celebrar la inauguración de la residencia en una fecha significativa para el colectivo. “Teníamos para abrir el 26 de diciembre (fecha que da nombre a la asociación y en la que, en 1978, se despenalizó la homosexualidad en España), pero quizás será el 17 de mayo (Día Internacional contra la LGTBIfobia) o en junio”. Cuando esté operativo, el centro contará con 62 plazas residenciales y 15 plazas de centro de día.

“Se habla muy poco de los mayores de 50 años”
Cristina, usuaria de la Fundación 26 de Diciembre, vivió ‘dentro del armario’ hasta bien entrada la madurez. “Hace 15 años más o menos, empecé a utilizar con seguridad ropa de mujer”. Años después de haberse casado y formado una familia, tomó el paso para vivir de acuerdo a su verdadera identidad, y se encontró con una situación incierta. “Entonces me sentí bastante sola y perdida, y lo que hice fue llamar, meterme por Internet y conocer a la Fundación. Empecé a hablar con la psicóloga, con la trabajadora social y a meterme en actividades”, recuerda Cristina.
Desde la 26D, también ayudaron a Cristina a conseguir una plaza en un piso tutelado, y poco a poco, fue rehaciendo su vida. “Me adapté muy bien, y tengo varios amigos y amigas. Ahí seguimos luchando. Me he dado cuenta de mi realidad y ahora trato de vivir de acuerdo con ella, y aquí me siento muy feliz”, dice Cristina desde la sede social de la 26D. Esta es también un centro comunitario, donde se organizan todo tipo de talleres, actividades y charlas para los mayores. Junto a ellos, hay un extenso equipo de personas voluntarias y profesionales, que se ha ido ampliando con los años.
Cristina comparte la impresión de que en muchas ocasiones, solo se habla de los jóvenes en el colectivo LGTBI, mientras que a los mayores se les invisibiliza o incluso se les infantiliza. “Se habla muy poco de los mayores de 50 años, y creo que se debería hablar más de que tenemos sexualidad”. Reivindica que la vejez es una parte más de la vida, y que las personas mayores tienen un gran valor que no se está aprovechando. No obstante, cree que ellos también tienen que ‘empoderarse’. “Una persona mayor puede aportar mucha materia de conocimiento, de sabiduría a la vida que ha vivido, pero tiene que hacerse a la idea de que puede. Hay mucha gente que se cierra y dice que ya se acabó para nosotros la lucha”.
España aún tiene un largo camino por recorrer en materia de atención a la tercera edad LGTBI. Según Federico Armenteros, la sociedad debe acercarse a la vejez, entenderla y no temerla. “El inicio de la vida es muy bonito y se celebra, pero el final no, es un tabú. Es sufrimiento”. Hoy en día, existen pocas iniciativas como la de Fundación 26 de Diciembre, pero la inauguración de la Residencia Josete Massa podría marcar un antes y un después, e inspirar proyectos similares en otras partes del país. Cristina tiene esperanza. “Creo que la sociedad debe cambiar radicalmente, pero me gusta ver las cosas con posibilidad de mejorar en todo”.


