10.2 C
Madrid
viernes, 20 febrero, 2026
10.2 C
Madrid
viernes, 20 febrero, 2026

Lesbiana busca amistad, espacio y voz

¿Dónde están las lesbianas? La pregunta que a muchas nos atormenta, y sus consecuencias

Me pregunto si alguna vez ha existido un espacio para las lesbianas. Un espacio en el que escuchar a Chappel Roan, leer a Safo, y dar vida a los estereotipos. Y un lugar en el que formar una identidad política. Hoy, es más necesaria que nunca.

Un mordisco de la gran manzana, aquella de los años 30 y 40, pertenecía a las lesbianas. A las lesbianas y la mafia italiana, concretamente. Y quizás este fue el apogeo del espacio común para este colectivo. ¿Dónde se reúnen hoy las lesbianas? No las encuentro.

Dudas como esta, asfixiantes e insistentes, nacieron en mi joven conciencia cuando escenas de la famosa serie Glee, o los videos musicales de la rapera Nicki Minaj, llamaron mi atención sobre un hecho innegable: me encantan las mujeres. Y me atosiga hoy aún, más de una década después y tras años fuera del armario. Más de una vez me ha perseguido hasta bien adentrada la noche, cuando mi único deseo ha sido otra mujer queer con la que chismear.

Semáforo LGTBQ en Bélgica| Fuente: Gaelle Marce (Unsplash)

Son muchos los negocios cerrados debido al alza del coste de la vida y las seguidas crisis el siglo XXI. Sin embargo, conviene explorar la historia del espacio geográfico y físico que han ocupado las lesbianas. Este es un espacio liminal; a medio camino entre la libertad real o pactada con el status quo.

Y, como si de un anuncio se tratase, ahora muchas firmamos nuestras publicaciones en redes con el hashtag #wlw (Women loving women, o mujer que ama a las mujeres). Más que vender, la misión es adquirir un hueco en línea; reclamando un espacio que físicamente nunca existió con certeza. En esta nueva realidad, hallan su intersección sueños frustrados, interrogantes abrumadoras y el gran un obstáculo de un colectivo.

La mafia y las lesbianas

En las últimas semanas, me topé con la tesis de Alison Jean Helget (2022): “¿Quieres jugar sucio?»: La improbable asociación de la Mafia y las lesbianas Butch en Greenwich Village, 1945-1968”. Vacilé, y vacilo, entre la romantización y la rabia.

Este extraño capítulo de la historia queer es, por una parte, excéntrico y excitante. ¿Dónde estábamos en la trama de El Padrino? De haber estado ahí representadas, quizás coincidiría con aquellos cinéfilos devotos al clásico de culto de Coppola. Pero, la exhaustiva investigación de Helget, a mi pesar, lleva a unas reflexiones más bien entristecedoras. Y, sin duda, esclarecedoras.

Anna Genovese (mujer de la Mafia) con sus camareras “drag kings” | Fuente: X (@mobqueenspod)

Las lesbianas butch neoyorquinas hicieron de sus negocios nocturnos un imperio. Rompieron, así, con todo estereotipo sobre la enraizada tradición de la mafia italiana, que no tuvo remordimientos en aprovechar el potencial de estas empresarias. Ahora bien, lejos de ser una unión radical, Helget apunta que las empresarias hicieron este acuerdo “no necesariamente condenando la tradicional masculinidad italiana, sino más bien cambiando su feminidad para adherirse a una estructura heteronormativa y patriarcal”.

Helget apunta a la sumisión al status quo. El acuerdo necesario en la búsqueda, actualmente inacabada, de tener un espacio seguro para las mujeres queer. Asimismo, habla de la división interna en el colectivo, y el cuento de hadas rápidamente se vuelve tragedia. Reyes y reinas del drag enfrentados. Pero sin ningún territorio realmente propio para conquistar ni defender.

La voz de la mujer queer hoy

Zara McIntosh, creadora del célebre podcast Taboo on the bus apunta al papel protagónico que han adquirido las redes sociales en este ámbito. Ninguna escapamos del #wlw (Women loving women o mujer amante de las mujeres) en TikTok. Señala, incluso, una relación entre el ascenso del uso de medios resultante del COVID-19, y la prominencia en línea de la comunidad lesbiana. Una comunidad hambrienta de ocupar un espacio. Y un deseo latente de crear una comunidad.

Listado de hashtags en TikTok y su uso | Fuente: TikTok

La FederaciónLGTBI+ denunciaba, mediante su informe Estado del Odio: Estado LGTBI+ 2025, un grave incremento de violencia física o verbal, que pasa del 6,8% en 2024 al 16,3% en el informe de 2025, hacia este colectivo. Señala, concretamente, que un perfil de persona entre 25 y 34 años, trans o con bajos ingresos, es un factor de riesgo ante dicho odio.

Como mujer lesbiana, la instrumentalización de nuestra palabra en la agenda tránsfoba ha sido desoladora. Según la encuesta de Just Like Us en 2023 a jóvenes queer en Inglaterra, “de todas las identidades LGBT+, aparte de las propias personas trans y no binarias, las jóvenes adultas lesbianas tenían más probabilidades de decir que conocían a una persona trans (92%), y con mayor probabilidades de decir que son «de apoyo» o «muy solidarias» a las personas trans (96%)”.

 

 

Publicación en X de J.K Rowling | Fuente: X (@jk_rowling)

Sin embargo, se ha propagado una idea contraria a esta evidencia. En nombre de nuestro colectivo, grandes figuras como J.K Rowling, u organizaciones como LGB Alliance, han difundido desinformación, que claramente se refleja en la realidad increpantemente peligrosa a la que se enfrenta la juventud queer.

La inexistencia de una voz clara y unida de parte de las lesbianas permite a otros apropiársela. La privación de un espacio seguro se traduce en la privación de una identidad.

Necesidad y deseo

Esta pasado verano, con 22 años, he pasado tiempo por primera vez con un grupo de personas queer. Tras la oscuridad que recibió a mi curiosidad adolescente, he encontrado a otras lesbianas. Nuestras playlists son casi idénticas. Nos conocimos, literalmente, al son de Chappel Roan.

Willa Bennett, directora de las revistas Cosmopolitan y Seventeen, hablando de un bar especifico, Cubbyhole, lo describe como “una sala llena de personas que ella sabía que la aceptarían, sin hacer preguntas”. Fue “el lugar donde descubrí la belleza de mi rareza”, contó a The Guardian en 2023. Somos magníficas.

Imagen de una protesta LGTBI+ | Fuente: Alan Poe (Unsplash)

Mientras exista tan solo una conversación sobre el fin de los bares lésbicos, sigue ausente una lectura real sobre la situación. Grandes cabeceras anuncian nuestra lúgubre existencia. Es fácil, así, obviar los daños tangibles de esta situación. Y se reescribe la historia, en la que, más bien, nunca hemos estado debidamente representadas. Es difícil morir sin haber vivido antes.

Por tanto, busco lesbianas. Anuncio nuestro deseo y necesidad. Y me adentro a recovecos de la historia a indagar y conmemorar quién vino antes, y lo que queda por conquistar. Empezando por una voz propia, y una espacio en el que alzarla por el colectivo LGTBI+ y nuestro futuro.

 

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

Comprando una niñez perdida

Las modas virales del pasado año retratan la realidad precaria de la Generación Z En 2025 las tendencias virales dicen mucho más sobre los miedos de las nuevas generaciones que sobre colores de moda o nuevos gustos y obsesiones. Estas...

Solos ante el Labubu

Los jóvenes pedimos respuestas ante una realidad con tintes surrealistas Esta pasada semana, el Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025, elaborado por Fad Juventud en colaboración con la Fundación Mutua Madrileña, compartía nuevos datos acerca de la experiencia juvenil en...

Kneecap, mesías de la juventud

Kneecap se alza como símbolo de resistencia al status quo, y retoma el desorientado espíritu punk La violencia del conflicto palestino sitúa bajo escrutinio todo aquello dado por conocido. Obliga a mirar las contradicciones de un sistema que señala como...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo