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Estamos olvidando un paso importante en la prevención de pandemias

Un estudio publicado por la revista Nature nos revela que quizás estemos pasando por alto una herramienta muy valiosa para prevenir las pandemias desde su raíz

Siendo un tema recurrente en las cumbres y foros internacionales, queda claro que se están llevando a cabo repetidos esfuerzos por preparar al mundo para la siguiente pandemia. Bien sea mediante la creación de convenios internacionales, el diseño de planes de actuación o la asignación específica de un fondo para futuras pandemias, el mundo está decidido a que la siguiente ola infecciosa no nos encuentre tan desprevenidos como lo hizo el COVID-19 hace cuatro años. Pero ¿y si estuviéramos poniendo el foco en el lugar equivocado? ¿Y si hubiera una manera más efectiva de reducir el riesgo de una futura pandemia? 

Tal y como nos explican en dicho artículo, existen tres grandes ejes en los que deben invertirse para la reducción del riesgo de una nueva pandemia: la prevención, la preparación y la respuesta. Actualmente, los esfuerzos y las inversiones globales están dirigidos especialmente hacia las dos últimas. Y aunque la preparación y respuesta son medidas claramente necesarias, si se llevan a cabo conjuntamente con un sistema reforzado de prevención podrían tener un impacto mucho mayor.El artículo de Nature, particularmente, se centra en la prevención primaria,

¿En qué consiste la prevención primaria de pandemias?

La prevención primaria se basa en la reducción de la probabilidad de que un patógeno se transmita desde su “huésped” animal a los humanos. Se trata de un tipo de prevención que hace hincapié en las intervenciones ecológicas y del comportamiento, en contraste con la prevención secundaria, que trata de limitar la propagación y de un brote que ya se ha iniciado y está centrada en medidas médicas y epidemiológicas.

En palabras sencillas, la prevención primaria trata de evitar que el microorganismo patógeno llegue a nosotros. Para que la transmisión ocurra, el virus, bacteria u hongo debe sobrepasar varias barreras:

  1. Distribución solapada. La especie que actúa como reservorio y la especie que es infectada deben estar superpuestas, generalmente mediante distribuciones geográficas solapadas
  2. Funciones inmunes del reservorio. Los animales cuentan con mecanismos para mantener los patógenos zoonóticos a niveles bajos; estos mecanismos pierden calidad con el estrés derivado de una pérdida de hábitat o la falta de alimento.
  3. Exposición humana al patógeno. Los humanos deben estar expuestos al patógeno para que ocurra la transmisión zoonótica, bien a través de contacto directo (como una mordedura) o contacto indirecto (con los excrementos del animal infectado).
  4. Susceptibilidad humana. El patógeno debe ser capaz de establecer una infección en humanos, venciendo sus barreras estructurales e inmunológicas.
  5. Amplificación y transmisión humana. Después de establecer una infección en un humano, el patógeno debe ser capaz de amplificarse dentro de este nuevo organismo y luego transmitirse de manera exponencial a otros humanos.

¿Cuál es la causa de que los microorganismos lleguen a las personas?

Los cambios en la utilización del terreno, presentes desde el inicio de las civilizaciones y acentuados en las últimas décadas con la conversión de zonas forestales en áreas agrícolas, crean una brecha en las tres primeras barreras mencionadas y suponen, por lo tanto, el mecanismo más evidente por el cual los microorganismos llegan a nosotros. 

Estas modificaciones en el territorio, por una parte, derivan en el desplazamiento de la fauna local en busca de los recursos que necesitan para vivir. Y esto puede significar una mayor proximidad a las zonas con ganado y, por lo tanto, un aumento en el riesgo de transmisión de microorganismos.

Por otra parte, cabe mencionar que no se trata únicamente de una cuestión espacial. Existe un concepto fascinante que también influye en la transmisión de microorganismos. La degradación y destrucción de los hábitats naturales suponen un estrés considerable para los animales que habitan en ellos, y sus cuerpos se ven obligados a concentrar la energía en la supervivencia, desviándola de otras funciones esenciales como las defensas inmunitarias, lo cual perjudica a los mecanismos que mantienen bajo control los patógenos y previenen su distribución.

Dicho de manera sencilla, los animales, sin recursos y con el estrés propio de una mudanza inesperada, seleccionan el “Modo ahorro de energía” y pierden así capacidades esenciales que previenen que se esparzan los patógenos.

Otro factor a tener en cuenta son las acciones humanas que aumentan la frecuencia e intensidad del contacto que tienen las personas con la fauna o sus excrementos. Algunos ejemplos son la recolecta de guano, la visita a cuevas turísticas y el comercio con animales salvajes 

¿Qué medidas pueden tomarse?

Cuando se trata de prevenir una pandemia, como hemos visto, es evidente que la primera línea de defensa es mantener un ecosistema intacto. Evitar que microorganismos potencialmente causantes de brotes alcancen a los humanos. El artículo propone contramedidas ecológicas que contribuyen a este fin, en particular lo hace para el caso de las enfermedades transmitidas por murciélagos, pero son precauciones que pueden aplicarse a otras especies también. La importancia de su implementación queda en evidencia al saber que cuatro de los nueve patógenos priorizados por la OMS por su potencial de generar epidemias con riesgo para la salud pública, residen en distintas especies de murciélagos.

Murciélagos en ramas de un arbol| Fuente: Pexels

 

Las medidas se dividen en: la protección de las zonas donde los murciélagos recolectan comida (asegurar, por ejemplo, la existencia de fuentes de alimento que puedan sustentar a los murciélagos y mantenerlos en zonas alejadas de la población), medidas que protejan la zona en la que anidan (como garantizar una separación física con las zonas de residencia humana y proporcionar educación medioambiental a las comunidades cercanas) y, finalmente, la protección de las personas en riesgo, en especial comunidades que dependen de la recolecta de guano, del turismo y de la consumición de animales salvajes.

¿Qué beneficios tiene este nuevo enfoque de prevención de pandemia?

Al tratarse de medidas que persiguen la restauración de los hábitats y la disminución de las interacciones entre humanos y fauna transmisora de infecciones, las medidas ecológicas traen consigo múltiples beneficios medioambientales y contribuyen a la preservación de la biodiversidad. Se trata de una respuesta integral que aborda varios problemas a la vez.

Además, las medidas de prevención primaria suponen un beneficio global y equitativo, que no depende de la accesibilidad de las personas a los servicios sanitarios. Benefician de manera global a todos. Es lo contrario a lo vivido con las vacunas del COVID-19, un claro ejemplo de que las medidas de prevención secundaria, si bien son necesarias, en muchas ocasiones tienen una distribución limitada para poblaciones vulnerables y con mayor riesgo de infección y resultados adversos.

No cabe duda de que la propuesta de la Dra. Plowright y su equipo se trata de un proyecto ambicioso, sobre todo teniendo en cuenta la escasa información que se tiene en la actualidad sobre la distribución de los microorganismos en la naturaleza y considerando la necesidad de la implicación de múltiples sectores más allá de la sanidad pública, sin embargo, solo un enfoque global como el que proponen puede asegurar una prevención eficaz y es, por tanto, crítica una llamada a la importancia de solucionar el problema de raíz.

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