Helena Tur: «Hagas lo que hagas, hay que ser fiel a uno mismo»

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La línea que separa persona de personaje es muy fina. En ocasiones, algunos pseudónimos aprietan tanto que parecen tener vida propia más allá de la firma en falso sobre el papel. Y es que la tinta tiene magia. Cómo podría explicarse si no que la gente conozca a Pablo Neruda y no a Neftalí Reyes, siendo la misma persona. O que se ignore a Samuel Langhorne, pero las estanterías de cualquier casa posean Las aventuras de Tom Sawyer con el nombre de Mark Twain en la portada y el lomo del libro. En ocasiones, la delicada frontera que aleja la realidad de la ficción se vuelve confusa y comienza a desdibujarse. Entonces parece que la persona ha dejado de existir en pos de un personaje creado a raíz de las tazas de café, la tinta y el papel que conviven, taciturnos en este plano, bajo el flexo de un escritor.

Helena Tur (1969) ha vivido un recorrido literario de la mano de Jane Kelder, su pseudónimo. Este año, la escritora ibicenca fue la gran apuesta de la editorial Plaza & Janés, y el manuscrito llave que le convirtió en promesa vino firmado por su verdadero nombre. De esta forma, Helena Tur da el salto a la literatura, amparada por años de experiencia, con Malasangre. Esta novela de suspense se ambienta en El Bierzo de 1858 y cuenta la historia de Henar, una joven huérfana que se ve inmersa en un mundo de misterio y desconfianza sobre el que pesan las sombras de varios asesinatos sin aparente explicación.

En esta entrevista, Helena hace un repaso de las piezas clave de esta obra y de su literatura; así como del camino que la ha llevado hasta aquí y la desvinculación con Jane Kelder para darse paso a sí misma en el infinito mundo de las letras.

Pregunta: ¿Por qué Jane Kelder?

Respuesta: Bueno, tener un pseudónimo me lo aconsejó un agente editorial porque ya había publicado ensayos con mi nombre. A veces parece que en el mundo comercial tu nombre es una marca, y parece que Botero solo puede esculpir gordas. En cuanto a Jane Kelder, Jane fue por mi abuelo Juan, y Kelder porque busqué un tutorial en YouTube de pseudónimos y aconsejaban una letra que quedase a media altura en la estantería (ríe). Busqué algo que sonara fonéticamente bien con esa idea.

P: ¿Qué diferencia hay entre Jane y Helena?

R: Sobre todo, la libertad. Con Jane Kelder al final te etiquetan en un tipo de género. Tiene su parte divertida, y marca el camino que tienes que seguir, pero no te puedes desviar. En cambio, con Helena me siento con la libertad de escribir lo que me apetezca. Además, la editorial me ha dicho que adelante con lo que quiera.

P: Tu última novela, Malasangre, fue publicada este año bajo tu nombre y no bajo tu pseudónimo, ¿es el fin de Jane Kelder?

R: Esta novela es una mezcla de géneros. Nunca se sabe. Me lo han preguntado muchas veces. En un principio, ojalá sí. Me apetece ser yo, pero si la cosa fuera mal igual me plantearía volver con otro pseudónimo. Lo que no me planteo es no escribir, eso no cabe en mí.

Portada de Malasangre | Fuente: Librosyliteratura

P: Eres filóloga y doctora en Teoría de la Literatura; han tenido que pasar por tus manos cientos de libros

R: Además, soy hija única y mi refugio de pequeña para no aburrirme era leer. Es algo que constantemente hago, no puede pasar día en que no lea.

P: ¿Cuál es tu mayor influencia literaria?

R: Depende de quién sea: si soy Jane Kelder, sería Jane Austen, como Helena depende mucho. En ensayos Nietzsche, sin duda, y en Malasangre he tratado que se viera la huella de Mary Shelley.

P: Con ese influjo distinto, ¿en qué se diferencia el estilo de cada una?

R: Las novelas de Jane son mucho más imitación inglesa. En cambio, como Helena, procuro ambientar más las novelas en España, y hay una diferencia entre el trato de los criados y señores, el tipo de pudor, el tipo de léxico. El español es más expresivo y el inglés más comedido e irónico. Esto hay que adecuarlo a la época, puesto que hago ficción histórica. Es el tema del lenguaje, de la adecuación del protocolo de los personajes.

P: Las críticas sobre Malasangre coinciden en que uno de los puntos fuertes de tu literatura es la ambientación. ¿Cuál es el secreto para ambientar tan bien al lector en una novela y hacerle sentir parte del contexto?

R: Te confieso que cuando la empecé a escribir no había estado en El Bierzo en mi vida. Luego sí que he estado (ríe). Sobre todo, leer autores de la época. En el caso de Malasangre, como escogí una zona rural, no implicaba conocer tan a fondo la ciudad. De todas formas, una ciudad ahora no tiene nada que ver con cómo era en el siglo XIX. He tirado mucho de la flora, la fauna, olores, sensaciones. He procurado ver El Bierzo a través de los ojos y de las sensaciones de la protagonista.

Valle del Silencio, El Bierzo | Fuente: siempredepaso

P: En eso coinciden muchas de tus novelas anteriores con Malasangre, ¿por qué el siglo XIX?

R: Me encanta. Todo empezó en el siglo XIX porque la primera que escribí como Jane Kelder no pretendía que fuera romántica. En esos momentos, por esas cosas del sistema educativo, yo era profesora de historia y coincidió con la primera crisis. Veía que los jóvenes no sabían acerca de las luchas obreras, de todo lo que había supuesto la consecución de unos derechos que de repente se estaban perdiendo. En el siglo XIX inglés coinciden los cartistas, los luditas, el socialismo utópico, los sindicatos, Marx. Me fascina esta época. En el caso de Malasangre, buscaba más un sitio rural por el paisaje del bosque. Quería que fuera un ingrediente más para el desasosiego, no fue por un tema social.

P: Llama la atención en esta novela la importancia, tanto a nivel simbólico como en la propia trama, de las abejas y de la apicultura, ¿por qué la abeja y no otro animal? ¿Qué representa?

R: Cuando escuchas el zumbido de una abeja muchas veces ni las ves. Giras la cabeza y la abeja ya está por otro lado. Vuelan bastante en zigzag. No son muy previsibles. Es un sonido constante que desde que sale el sol hasta que se apaga lo estás notando. Es muy difícil determinar, si las tienes miedo, qué abeja te puede picar. Son muchas. El simbolismo viene de lo que le pasa a Henar, la protagonista: ve enemigos por todos lados y no sabe de quién fiarse. Como si estuviera dentro de un enjambre.

P: En una entrevista con Periódico de Ibiza y Formentera dijiste que la literatura actual está muy condicionada por las etiquetas.

R: Precisamente por los géneros. Yo mezclaba los géneros, y tenía un poco desubicados a mis editores. Hicimos presentaciones en enero y febrero ante libreros, y la pregunta que repetían cada dos por tres era: “¿Cuál es el género?”. Se podía colocar en tantos: novela histórica, romántica, etc. Estaban un poco perdidos en ese sentido. Y yo también (ríe).

P: En aquel momento, cuando se empezó a mover todo el asunto de la editorial Plaza & Janés, te mostrabas muy ilusionada, pero también nerviosa y queriendo llevar todo con tranquilidad por la oportunidad que supone.

R: Claro, yo tengo tendencia a dispararme. Y a soñar. Conoces mil casos de apuestas y promesas que luego han fracasado. Intentas obligarte, otra cosa es que lo consigas.

P: ¿Crees que Malasangre ha cumplido con las expectativas?

R: No lo sé, porque no sé qué hubiera sucedido en una situación normal. Las ventas han bajado mucho, y aunque las librerías guarden ejemplares para la campaña de Navidad, también aleja una reedición. Intento actuar como si Malasangre nunca hubiera existido, es lo que me aconseja mi editora. La gran oportunidad, tras esta primera experiencia, está por llegar. Esto también me presiona para la próxima, claro (ríe).

La gran oportunidad, tras esta primera experiencia, está por llegar.

P: Vista tu relación con la literatura y la cantidad de horas dedicadas a ella diariamente, esa oportunidad no tiene por qué ser más difícil.

R: Es cierto, pero lo que he descubierto ahora, y que no me fijaba antes, son las críticas. Al principio estaba un poco determinada. Me ha costado volver a escribir porque estaba influida por estas, hasta que dices “dejo de leerlas y voy a ser yo”. Ha sido más eso que mejorar por las mismas. Evidentemente lees de dos maneras, y vas fijándote también. No leía tanta literatura actual, leía más ensayo o clásicos, y ahora sí que lo hago fijándome especialmente en ciertas técnicas.

P: Combinas el ensayo con la novela, y también tu vida literaria con tu profesión, ¿qué te llena más? ¿La escritura o la docencia?

R: La escritura, sin duda. En estos momentos la docencia no puede llenar a alguien que tenga vocación docente porque están haciendo todo lo contrario: que vayas al instituto a jugar y a hacer terapia. Apenas puedes dar contenidos. Si la docencia motivaba algo, ahora con los aprobados generales… Desmotivados todos. En cambio, la escritura depende de mí. Intento enamorarme de cosas que dependan de mí y no de más gente. Luego el triunfo comercial o el fracaso ya no está en mis manos, pero escribir sí. Es lo único que me garantiza que no me falle algo.

P: Después de Malasangre, ¿qué proyectos literarios tienes en mente?

R: Como seguimos con la pandemia ha habido muchos retrasos de publicaciones. Las editoriales pensaban publicar mucho más en el 2020 y han tenido que dejar mucho catálogo para el 2021. No hay ninguna prisa, y por la presión de querer hacerlo bien, he decidido escribir dos novelas y presentarle a la editorial ambas para que pueda elegir. Una de espionaje en las Canarias de 1904, y otra en la Mina de Arnao cuando se funda la fábrica de Zinc en 1853, en Asturias.

P: Ambas bajo el nombre de Helena Tur.

R: Así es.

P: Si Henar tuviera la oportunidad de fugarse un minuto del libro para darnos un consejo, ¿qué nos diría?

R: Que hay que fiarse de la intuición. Hagas lo que hagas hay que ser fiel a uno mismo. Siempre. Aunque tampoco tengo claro si esa es Henar, o soy yo (ríe).

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