La obra de Louisa May Alcott es una de las más importantes de la literatura, y cuenta con múltiples adaptaciones cinematográficas. Publicada el 30 de septiembre de 1869, encontró el éxito y catapultó a su autora a la fama.
La historia de las hermanas March ha pasado de generación en generación como una reliquia familiar. El legado que dejó Alcott se mantiene con el paso de los años y sigue calando en la vida de miles de lectores que aún hoy se adentran en las páginas de Mujercitas. El hecho de que el libro sea un fenómeno intergeneracional no es casualidad. A pesar de que las aventuras de Meg, Jo, Beth y Amy se enmarcan en el contexto de la Guerra de Secesión, la autora detalla de una manera tan real y cuidada los acontecimientos que hasta la generación Z se puede identificar con las protagonistas.

Es en parte el carisma de los personajes principales lo que convierte Mujercitas en la reliquia de la que hablábamos antes. Las hermanas March consiguen arropar el corazón de cualquiera que se atreva a conocerlas. A través de sus experiencias y propósitos vitales, Alcott relata qué significaba ser mujer en el siglo XIX.
Las mujercitas
La novela es considerada por muchos un clásico feminista. Jo, un alter ego de la propia Louisa, rechaza la idea del matrimonio y lucha por publicar sus cuentos y novelas en una época en que la mujer no tiene cabida en la literatura. Alcott se inspiró en su propia vida para construir el personaje, y plasmó en ella sus sueños e inquietudes. Jo es un calco de la autora, casi una autobiografía.
La existencia de Josephine March es una de las mejores cosas que le ha pasado a la literatura. Es divertida, carismática y pasional. Su desesperado anhelo de triunfar y de labrarse un hueco en la escritura la convierte en una de las más queridas por el público. Es, además, un personaje que conquista por sí solo. No necesita un interés romántico para que su historia encandile al lector. De hecho, la admiración que siente hacia Beth, su hermana predilecta, es más bonita e interesante que sus historias con Friedrich o Laurie. En una carta, le dice: Querida hermana, que en todo me superas, enséñame a vivir como tú, ajena a luchas y preocupaciones, haciendo de la vida algo hermoso. Lo más bonito de esta novela es el amor que se profesan los personajes de la misma.

El resto de hermanas no comparten las inquietudes de Jo. Meg desea casarse y formar una familia, mientras que Amy sueña con triunfar en el mundo de la pintura. Alcott se encarga de otorgar la misma validez a todos estos propósitos, y defiende la libertad de las muchachas para elegir su futuro. Es emocionante pensar en una niña de 1869 leyendo esta novela. Por fin se hablaba de personajes femeninos que tenían sus propios objetivos vitales, y que luchaban por conseguirlos. Por fin se respetaban los deseos de la mujer.
La vida y la muerte
Las hermanas no viven grandes aventuras. El encanto de la novela reside en la cotidianidad de las historias que narra. La familia vive en una casa humilde, y espera con temor a recibir noticias de Robert March, el padre de las muchachas, que se encuentra en las trincheras. Al mismo tiempo, las niñas intentan adaptarse a la pobreza en que tienen que vivir, y no siempre lo consiguen. Alcott no las describe como perfectas: señala cuándo son egoístas o se comportan mal, expone sus defectos y cómo tratan de superarlos. Esto se agradece. La vida de los March es sencilla, pero en esa sencillez el lector encuentra el abrazo cálido que necesita.
Es así cómo Louisa muestra las decisiones que toman las jóvenes en el día a día, y cómo estas las llevan por un camino u otro. Se narra una vida real en el contexto de 1869: el sufrimiento de unas hijas por un padre ausente, la pobreza en que se hallan, y las relaciones que establecen con la gente de su alrededor. Juegan un papel fundamental sus vecinos, en especial, el joven Laurie. La devoción que siente por la familia March es una de las narrativas más tiernas de la novela.

No todo es amor y ternura en la casa de los March, claro. Meg, Jo, Beth y Amy crecen, y todo lo que hay a su alrededor lo hace con ellas. Como en la vida real, la enfermedad y la muerte se hacen presentes en la vida de las muchachas. Louisa May Alcott hace ver que es algo natural, que puede ocurrir hasta en los hogares más acogedores. Así, las hermanas se enfrentan a la pérdida.
La pérdida no es solo la muerte. Jo vive con terror la separación de Meg y Amy cuando estas rehacen sus vidas en otro lugar, lejos de ella. Josephine ha de enfrentarse a sus inseguridades, al miedo y a la incertidumbre. Son momentos de introspección, aunque también están cargados de sufrimiento y angustia. Es la parte más madura de la novela, donde se habla de la búsqueda de identidad y del declive emocional. Louisa escribe: Lo cierto es que Jo no era una protagonista de novela, sino una joven real, que luchaba por salir adelante en la vida, como hacen cientos de mujeres.
Un éxito más que justificado
El triunfo de Mujercitas a lo largo de los años se entiende mejor cuando uno lee el libro. La autora construye una atmósfera casi poética en la que los personajes maduran y aprenden conforme avanza el relato. Es una novela que habla de miedos, de crecer, de ser mujer, de la enfermedad y de la muerte.
Mujercitas supuso un cambio en las jóvenes del siglo XIX, que ni siquiera tenían derecho a votar. Es una declaración de intenciones, una demostración de que la vida puede ser bonita y plena también para la mujer, que es capaz de construir su propio futuro. Louisa May Alcott puede sentirse orgullosa allá donde esté, porque su historia aún supone un destello de luz para las mujeres que se sienten perdidas.


