‘Última noche en el Soho’, la reminiscencia que funciona

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Imagen promocional de la película | Fuente: Nerdevil.it

Las pesadillas también son sueños que se hacen realidad

El pasado 19 de noviembre se estrenaba Última noche en el Soho. Se trata de un thriller en dos tiempos donde pasado y presente se unen en un fabuloso relato de investigación.

La infancia. Una época tierna y dulce, al menos en la mayoría de los casos. Un día cualquiera ves una película y se enciende en ti una fascinación que no puedes llegar a comprender. Amas los colores, la música, los personajes… Has encontrado tu lugar feliz. Un sitio seguro al que ir cuando el mundo exterior se vuelve tedioso y crecer se convierte en un reto que no habías pedido, pero que te ha tocado atravesar por el simple hecho de nacer.

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Por supuesto, el crecer implica ver otras cosas, sentir otras cosas. Sin embargo, últimamente todo está basado, inspirado o es directamente una copia de otra película, serie, etc. Uno de los aspectos positivos de este hecho es que siempre se puede volver a una historia ya conocida. Una fórmula que funciona y que gusta y que, bien tratada, puede gustar igual que tu lugar de confianza original. Esto es lo que ocurre con Una noche en el Soho.

La historia comienza con Eloise (Thomasin Mckenzie, El poder del perro, Tiempo), una joven que se traslada a Londres para seguir su sueño: ser estudiante de moda. Una vez allí, esta retraída y especial chica luchará para encontrar su sitio. Paralelamente, podrá ver cómo eran los años 60 en la piel de Sandy (Anya-Taylor Joy, La bruja, Emma), una joven que al igual que ella quiso arrasar en Londres. Esto será el inicio una historia de descubrimiento e investigación, donde pasado y presente se juntarán en un juego de muñecas rotas en una sociedad donde la delicadeza y belleza se castigan con saña y alevosía.

Anya-Taylor Joy como Sandy en una imagen de la película | Fuente: Geekykool

El arte de la inspiración

Es algo ya conocido y visto. No es un secreto que el anime es una fuente de inspiración, llamémoslo así, para Hollywood. Así pues, en 1997 se estrenaba Perfect Blue, dirigida por Satoshi Kon (Millenium Actress, Paprika), considerado una de las mentes más grandes del anime. Menos de diez años más tarde, el director Darren Aronofsky (¡Madre!, Réquiem por un sueño) estrenaba en 2010 Cisne negro. El director había comprado los derechos de imagen para una secuencia en Réquiem por un seño, pero sin embargo niega su inspiración en la película del 2010. Curioso, ya que esta famosa película sobre Nina, una bailarina interpretada por Natalie Portman, que caía en la locura de la perfección, tiene secuencias y una trama muy similar a la película de 1997. Todo esto y más se puede leer en este enlace.

Otros diez años más tarde, Edgar Wright (Baby Driver, Scott Pilgrim vs. The World), recoge, con intención o sin ella, aquellos elementos visuales y de trama de las dos películas y crea Última noche en el Soho. Si bien es cierto que esta nueva se aleja algo más de la narrativa de las dos anteriores, aunque no faltan la locura y el agobio, los efectos visuales son dignos sucesores. Cristales rotos por doquier representando esa caída libre a los infiernos en un Londres moderno de los años 60.

Tenemos así una historia que usa una fórmula ya conocida y vista, pero cuyo resultado final es un espectáculo visual con un mensaje que, a algunos puede resultar anticlimático, básico y/o satisfactorio. No va a gustar a todo el mundo, pero todos van a querer llegar al final. Lo mismo ocurre con los giros de guion. Previsibles o no, son piezas de un puzle que encajan perfectamente. Última noche en el Soho es el cuento de Caperucita Roja hecha en humanos. Un cuento de terror con el monstruo más terrorífico que se puede imaginar: un hombre con poder.

Un placer para nada culpable

Es un oxímoron en sí misma. Es una perfección de domingo por la tarde con una producción, reparto, efectos y fotografía de una elegante exquisitez. Su director combina los elementos técnicos y narrativos de forma que convierte la cinta en una compleja coreografía. Al principio te introduce en la pista de baile, lentamente, pero sin dejar que mires hacia la puerta de salida. No obstante, sin que te des cuenta empieza un baile que envuelve al espectador y no acaba hasta que se encienden las luces. Es el director el que guía a los espectadores por ese camino, y este se deja llevar. Esta dinámica permite que disfrute activamente de la película dejándolo al borde del asiento en más de una ocasión.

Imagen del tráiler oficial de la película | Fuente: kritiky.cz

Además de las películas mencionadas anteriormente y esa sensación de cuento para adultos, esta cinta recuerda a otras películas como Flores en el ático, pero no la de 1987, sino la de 2014. Aquella película hecha para televisión. Los detalles grotescos y siniestros, y ese final de telefilm la hacen perfecta para los amantes de las tardes de Antena 3. Es una combinación exaltante. Una cinta que mata lo culpable en su placer de verla por lo bien que está hecha. Esos personajes tan bien cuidados en escenarios brillantes y relucientes. A Thomas McKenzie y Anya Taylor-Joy se les une Matt Smith (Doctor Who, The Crown), Diana Rigg (Juego de tronos, Victoria) y demás profesionales, en una sucesión de interpretaciones hipnóticas. Un espectáculo coral partiendo desde un punto en común: los sueños de una joven promesa en una gran ciudad.

Sin poder hablar mucho más de ella para no caer en spoilers y destripar lo importante de la película solo me queda decir que es una cinta que merece la pena porque es una obra hecha con amor a los artistas, al cine y a los amantes de este. En definitiva, es una experiencia divinamente retorcida.

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