La Cadena de Hierro continúa siendo una de las sagas más populares de la literatura juvenil
El pasado 26 de enero, se publicó en España La Cadena de Hierro de Cassandra Clare. Esta novela supone la segunda parte de la trilogía Las Últimas Horas, la cuarta saga dentro del mundo de Cazadores de Sombras. Después de casi una veintena de entregas, podríamos llegar a pensar que todo está dicho, pero la complejidad del mundo creado por Clare no hace más que desarrollarse y expandirse con cada nuevo lanzamiento.
En este caso volvemos a la Inglaterra de comienzos del siglo XX con los mismos personajes que nos cautivaron en La Cadena de Oro. Hijos de los protagonistas de Los Orígenes y antepasados de sagas posteriores, sus vidas siguen siendo tan complicadas como es de esperar. Aun así, no es necesario que Clare recurra a tramas excesivamente complejas o a giros forzados para continuar satisfaciendo a su público 15 años después del lanzamiento del primer libro.
La trama, el eslabón más débil
Tal y como nos tiene acostumbrados Cassandra Clare, la historia de esta nueva entrega no deja indiferente. Es sólida, presentando retos inesperados al grupo de protagonistas, y sus giros sorprenden en muchas ocasiones. Por mucho que lo intentes, incluso después de haber leído tantos libros de la autora, no puedes terminar de predecir los caminos que va a escoger. A pesar de mantener la estructura habitual, consigue dotar a cada entrega de una personalidad propia.
Sin embargo, La Cadena de Hierro vuelve a cometer el mismo error que su predecesora. La trama es fuerte, interesante e incluso emocionante en algunos momentos, pero sigue siendo el gran punto débil de la novela. No consigue realmente involucrar al público como otras entregas habían hecho. Los villanos, escondidos en el misterio, quedan desdibujados y tienen una personalidad mucho más plana que Valentine Morgenstern (saga Los Instrumentos Mortales) o Malcolm Fade (saga Renacimiento).
Curiosamente, comparte el mismo defecto con Mortmain, de la saga Los Orígenes, de la que La Cadena de Hierro es continuadora directa. Por ello, la trama en muchas ocasiones se apoya más que en los acontecimientos en la química de sus personajes. No queremos seguir leyendo porque realmente nos interese quién se esconde detrás de los misteriosos asesinatos. Queremos seguir leyendo porque Clare consigue que nos importen los personajes, sus relaciones y secretos. Pero no las catástrofes que los rodean, que en muchas ocasiones parecen ruido más que un incentivo.
Un universo cada vez más complejo
Podríamos pensar que después de tantas entregas, ya sabríamos todo del mundo de Cazadores de Sombras. Y en gran medida, es así. Es un mundo todavía formado por los nefilim y los subterráneos (vampiros, hadas, hombres lobo y brujos), y los continuos roces en su convivencia. Pero, aun así, con cada nuevo libro, conseguimos descubrir un matiz más en este mundo inmenso, con sus propias leyendas.
Un ejemplo de ello es la aparición, por primera vez en la saga, de Wayland el Herrero. Este cazador de sombras mítico había sido nombrado desde la primera saga. Su protagonista, Clary Fairchild, incluso portaba a Heosphoros, una de las espadas creadas por él y nombrada en La Cadena de Hierro. Hasta ahora, no había sido más que un eco, una leyenda. Tras su aparición, toma forma corpórea y una de sus acciones marca de forma innegable el curso de la trama.
Otro ejemplo de la profundidad de este universo es la forma en la que las historias entre sagas se entrelazan. Es en este libro Malcom Fade se entera de que el gran amor de su vida, Annabelle Blackthorn, no está encerrada, sino que falleció muchas décadas antes. Un hecho sin el cual la trilogía Renacimiento no tendría sentido, es más, ni siquiera habría comenzado: trilogía protagonizada por Julian Blackthorn y Emma Castairs (descendientes de los personajes de esta entrega). Este es un simple ejemplo de todos los hilos que conectan sagas y que en este libro se nos muestran.
Cadena de Hierro: un claro crecimiento
Los personajes ya eran la mayor fortaleza de La Cadena de Oro. Pero ahora, un libro después, podemos ver que han crecido y ganado en profundidad. Nos adentramos incluso más en el gran misterio que suponen los poderes de James Herondale, el protagonista, y la pesada carga que suponen para él. Por su parte, Cordelia Carstairs no hace nada más que ganar en poder y confianza en sí misma, situándose muy lejos de la imagen inocente y preocupada con la que se presentó en la primera entrega.
No solo los personajes principales han crecido. Lucy Herondale, hermana de James, ya fue una pieza muy importante del primer libro, sobre todo en su precipitado desenlace. Por fin ahora parece ganar el espacio que se merece y reclamar su lugar en la trama, teniendo también la oportunidad de explorar sus poderes y su ascendencia demoníaca. Aliándose con Grace Blackthorn, a la que muchos considerarían una enemiga, empieza a dejar de preocuparse por los secretos de otros y a guardar los suyos propios.
Otros personajes que también ganan un gran peso en esta entrega son Jesse Blackthorn, Alastair Carstairs o Thomas Lightwood. Cada uno en su particular forma, estos tres jóvenes muestran muchas más caras que aquellas que ya conocíamos. El foco sigue sin estar centrado en ellos o en sus historias, pero cada vez que la narración se centra en ellos, no dejan espacio para la decepción. No es una exageración: algunas de las mayores sorpresas del libro están firmadas con sus nombres.
Todo un juego de ajedrez
Por sorprendente que parezca, La Cadena de Hierro consigue coger otro de los puntos más fuertes de su primera entrega y mejorarlo. Las relaciones entre los personajes y sus dinámicas ya nos sorprendieron en el primer libro, y con esta segunda parte, el tejido que los une no ha hecho otra cosa que volverse más denso. Sus secretos se entrelazan, todos están envueltos en los mismos acontecimientos, pero nadie termina de contarse toda la verdad. Parece que están jugando al ajedrez incluso con sus propios aliados.
La boda entre James y Cordelia, que podía parecer un farol al final de La Cadena de Oro, se convierte en toda una realidad. Eso no cambia solo la dinámica entre estos personajes, sino en todo su grupo de amigos. Es un matrimonio falso, creado únicamente para evitar problemas con la Clave, órgano de gobierno de los cazadores de sombras. Un trato que solo tenía que durar un año, pero se vuelve más complejo cuando Cordelia no puede dejar de estar enamorada de James, y James empieza a sentir cómo sus sentimientos por ella se hacen cada vez más fuertes.
Lucy y Grace, por su parte, forman un dúo sorprendente. Juntas están trabajando para intentar resucitar al hermano de Grace, Jesse, a pesar de que eso sería un crimen terrible ante la Clave. Por ello, deben actuar en secreto, escondiéndose tanto de sus amigos como de sus enemigos, y recurriendo a inesperadas alianzas. Por si no fuese suficiente, el poder de Lucy parece crecer, al igual que los sentimientos que la joven siente por el hombre que intenta resucitar.
Un último paso
La Cadena de Hierro vuelve a ser una entrega redonda por parte de Clare. No es perfecta, pero no por ello deja de ser una experiencia emocionante. Una vez cojas el libro, no podrás dejarlo hasta que llegues al fina. James, Cordelia, Lucy, Jesse y el resto de los Alegres Compañeros… todos los personajes son suficientemente complejos como para asegurarse un rincón en tu corazón. Sus historias cautivan tanto como las de sus padres o las de sus descendientes.
Tras esta entrega, solo queda esperar a La Cadena de Espinas, final de la trilogía Las Últimas Horas, cuyo lanzamiento se espera para finales de este año en Estados Unidos. Después, solo quedará una trilogía más, Los Poderes del Mal, para dar fin al universo Cazadores de Sombras. Pero mientras ese momento llega, no queda otra que releer cuidadosamente todas las entregas, viendo cómo los hilos entre ellas se unen como un auténtico regalo para los seguidores. Porque lo más especial de La Cadena de Hierro es que es otro pulido eslabón que encaja a la perfección en un universo maravillosamente complejo.


