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Cuando la elección se convierte en supervivencia

El eterno conflicto entre el reloj biológico y el profesional: un debate que, lejos de ser nuevo, seguimos sin poder resolver

Se ha hecho público que la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha ultimado un acuerdo con una clínica especializada en fertilidad para ofrecer a las jugadoras y árbitras de las selecciones nacionales apoyo y acceso a tratamientos relacionados con la reproducción asistida. Entre las prestaciones contempladas se incluyen técnicas como la vitrificación de ovocitos y la fecundación in vitro, cuyo coste será íntegramente asumido por la Federación.

Según la RFEF, la iniciativa pretende ofrecer a las deportistas una herramienta que les permita obtener información para poder elegir libremente «y sin presión» cuándo ser madres. En principio, se presenta como una medida de conciliación que ofrece la posibilidad de preservar la fertilidad y, por tanto, dar a muchas mujeres una alternativa que antes no tenían. No obstante, hay una pregunta que conviene poner sobre la mesa: ¿hasta qué punto existe libertad de elección cuando las condiciones profesionales hacen que una de las opciones sea mucho más fácil que la otra?

Dos calendarios que no coinciden

La maternidad no siempre encaja con los tiempos que marca una carrera profesional. En el deporte de élite, esta contradicción puede ser todavía más evidente, ya que los años de mayor rendimiento físico coinciden con el momento en el que muchas mujeres empiezan a plantearse formar una familia. A esta dificultad se añade un factor biológico que no puede obviarse: la fertilidad femenina experimenta un descenso progresivo con la edad, especialmente a partir de los 35 años, tal y como señala la Sociedad Española de Fertilidad.

Esta realidad puede situar a las mujeres ante la necesidad de conciliar unos años especialmente relevantes para el desarrollo de su carrera con unos límites biológicos que condicionan las posibilidades de planificación de la maternidad. Tienen que hacer frente a dos calendarios contradictorios: el calendario social en el que se espera que entre los 30 y los 35 años logren el éxito profesional, consigan estabilidad y consoliden su formación, y el calendario biológico.

La lucha por alcanzar la cima laboral coincide con la ventana biológica para ser madres. En este contexto, cuando se habla de «elegir libremente» y de, quizás, poder «ganar tiempo» conviene preguntarse: ¿qué significa ese tiempo? ¿Quién lo gana y, para qué?

La pregunta incómoda

La RFEF presenta su acuerdo como una forma de ampliar la libertad de sus deportistas. Y es cierto que ofrecer alternativas amplía las posibilidades de elección, pero el problema viene cuando lo disfrazan de una herramienta de conciliación.

La libertad no consiste únicamente en la existencia de varias posibilidades sobre el papel, también depende de que las consecuencias de elegir una opción u otra no sean tan desiguales. Si en la práctica una de ellas se convierte en la opción razonable y la otra en «un riesgo», hay un problema.

Como señalaba en su perfil de Instagram la deportista Ana Peleteiro, que recientemente ha sido madre, «la pregunta debería ser cómo conseguimos que ser madre no penalice la carrera». Además «cuando esa opción te la ofrece la institución de la que depende tu carrera profesional, ¿en qué momento la opción puede empezar a convertirse en una expectativa?»

Una cosa es facilitar que una mujer pueda decidir cuándo quiere ser madre y otra muy distinta es conseguir que pueda serlo sin que su carrera profesional se convierta en el precio de esa decisión. Y si a esto se añade que es la propia entidad para la que trabajas la que te ofrece financiar esa «maternidad tardía» —y no nos olvidemos de que no supone una garantía de éxito— ¿realmente no existe ningún tipo de presión en esa decisión?

¿Elección o adaptación?

Lo que propone la RFEF no es una herramienta de conciliación, sino una forma de adaptar los tiempos reproductivos a una carrera profesional, y no una carrera profesional a los tiempos reproductivos. No se garantiza que la mujer que decida ser madre pueda posteriormente reincorporarse, tenga los recursos necesarios para el cuidado de sus hijos o vea respetados sus tiempos de recuperación. Es, por tanto, un intento de presentar como una medida de conciliación lo que, lejos de conseguirlo, parece responder principalmente a las necesidades e intereses del propio sector.

Este problema colectivo no solo se limita al ámbito deportivo, sino que se extiende al mercado laboral en su conjunto. Las mujeres ya no solo tienen que demostrar de lo que son capaces, sino que, además, deben llevar el peso de planificar su vida y elegir el momento en el que ser madre «cueste menos» y no les reste competitividad frente a sus compañeros. En la mayoría de los casos, se ven obligadas a elegir entre maternidad y carrera profesional, cuando deberían de poder ser compatibles y no alternativas disyuntivas.

Ante esta realidad, la solución pasa, precisamente, por seguir trabajando en conseguir que ambas coexistan con cierta armonía. Porque algo deja de ser libre cuando detrás de esa decisión hay muchos otros aspectos e intereses que pueden provocar consecuencias difíciles de reparar. Entonces, ya no se está eligiendo, sino sobreviviendo.

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