Literatura y ecologismo
Desde el corazón de Extremadura, en una finca convertida en bosque por sus propias manos, Joaquín Araújo (Madrid, 1947) nos abre las puertas a las entrañas de su pensamiento ecologista -referente en el panorama español- y nos presenta su último libro Somos agua que piensa.
Su reivindicación no es un pensamiento atropellado, sino que ha sido meditado a lo largo de los años. Se ve reflejado en sus labores como poeta, escritor, guionista, naturalista y divulgador. Su fascinación es contagiosa, y ha encontrado las vías para manifestar este amor por la vida: la celebración de la naturaleza y el alarmismo por la acción humana y sus atentados climáticos. Joaquín Araújo impregna de poesía sus intervenciones y se rebela contra la comodidad, el parasitismo y el consumismo exacerbado.
PREGUNTA: Naciste en un barrio de Madrid, en Chamberí, pero has decidido dejar la ciudad por un bosque en el corazón de Extremadura. ¿A qué se debe este cambio de estilo de vida?
RESPUESTA: Bueno, fundamentalmente a una fascinación por la naturaleza, por la belleza espontánea, por la vida apasionante de las plantas y de los animales. Y probablemente también un cierto malestar psicológico cuando hay muchedumbre, cuando hay ruido, cuando hay demasiado ajetreo, demasiada velocidad y demasiada comodidad. Había que elegir y elegí la vida en plena naturaleza.
P: Una forma que tienes de devolver al planeta lo que le estamos arrebatando y agradecer los libros que publicas es plantar cada año árboles en tu finca. ¿Cómo es el resultado de ese bosque que hay en Extremadura?
R: Es fabuloso, aunque todo está amenazado por el cambio climático y en los años de sequía se mueren muchísimos árboles. Pero yo, como llevo muchos años en el mismo sitio, la verdad es que siento una auténtica satisfacción al ver realmente un bosque que ha crecido, una parte del mismo porque lo he plantado yo, pero la inmensa mayor parte porque la naturaleza trabaja mucho más que tú mismo.
P: De hecho, tu último libro publicado el año pasado, Los árboles te enseñarán a ver el bosque, tiene descripciones de estas sensaciones que son una maravilla.
R: Muchas gracias, la verdad es que está teniendo un gran éxito y estoy muy contento. Ver un paisaje realmente renovado, renacido, rejuvenecido todo a la vez, es una gozada. Y ya el colmo es, en algunas zonas donde los árboles han crecido generosamente, poder estar un rato bajo la sombra de árboles que tú has plantado es hasta emocionante.

P: Respecto al descontento por el ritmo de vida que se lleva actualmente, estamos atendiendo a una época de sobrepoblación en las ciudades, que has descrito en otras ocasiones como de “parasitismo”. Esto supone un verdadero problema en la gestión de recursos, en la adquisición de alimentos, materias primas… ¿Cómo ves la situación?
R: Uno de los auténticos callejones que ahora mismo no tienen salida en cuanto al papel de la humanidad en la biosfera, es que las ciudades no hacen más que aumentar. En torno a doscientas mil personas diarias en todo el planeta dejan de ser mundo rural para convertirse en ciudadanos, fíjate, ¡doscientas mil personas todos los días! Pero con la peculiaridad de que un ciudadano, se ponga como se ponga, es un parásito porque no produce vida. Vive a la costa de la vida que producen los campesinos y campesinas, o que produce la naturaleza.
Cuando eso es por miles de millones, se crea una descompensación, y gran parte porque los ciudadanos en estos momentos en el planeta son en torno al 54 y 56% de la humanidad, pero producen el 90% del desastre ambiental y sobre todo del calentamiento global.
P: Paralelamente, también estamos atendiendo a una época de despoblación rural. ¿Cómo repercute en el medio ambiente?
R: El despoblamiento es sumar problemas para la natura y el medio ambiente, y yo creo que también para la humanidad. Quieras que no, siempre hay algo de insatisfacción en el ciudadano… Entre otras cosas, por eso hay atasco en los fines de semana, porque realmente la gente busca un poco de horizonte, busca el aire limpio, busca no estar todo el día apelotonados.
Entonces, si queremos arreglar los grandes problemas ambientales, que lo del clima sin la menor duda es casi inabordable, también tendríamos que procurar que se parara el éxodo rural, o que se revertiera el despoblamiento de la famosa España vaciada. En consecuencia, entre las estrategias de no dañar más el clima figura que los atractivos que tiene la naturaleza y el campo estén más divulgados, valorados y publicitados, para que no sigamos vaciando los pueblos y podamos contrarrestar un poco.
P: El cambio climático y las propuestas ecológicas están en boca de todo el mundo: en España, en la agenda política… pero muchas veces se quedan en un “ecologismo de salón”, por decirlo así; no estamos viendo un verdadero cambio. ¿Qué es lo que está fallando en las propuestas?
R: Las propuestas son magníficas, el asunto es que de proponer a hacer hay un descomunal y larguísimo trecho. Es más, tiene tan buena imagen, que padecemos ahora una epidemia no de virus sino de postureo ecologista. Todo es sostenible; incluso ha habido partidos políticos que eran descarados enemigos del medio ambiente y de pronto se manifiestan como ecologistas más o menos puros. Te encuentras con que las grandes empresas que más han contaminado ahora literalmente ser las mejores amigas del clima…
P: ¿Cómo funciona este ecologismo militante y mediático?
R: Por una parte, es un descomunal proceso de falsificación, hipocresía y fake news, pero más vale que la gente sienta que es oportuno presumir de ecologista que todo lo contrario. Lo que hay que conseguir es que entre tanta trivialidad y tanta levedad en cuanto a los criterios, se vayan consolidando y sean respaldadas actividades directamente relacionadas con lo que necesitamos urgentemente.
Ahora mismo nada se necesita más en el planeta que intentar restablecer su salud, igual que tenemos claro que lo primero era curarnos del virus para luego ir recuperando otras facetas de la actividad social y económica. Deberíamos estar todos empeñados: gobiernos, empresas, instituciones culturales, el sistema pedagógico… todo debería estar obsesionado con arreglar esta situación.
P: Otro problema a la orden del día, ya no solo a nivel medioambiental sino a nivel económico es la crisis energética, el consumo derivado del ritmo capitalista y una economía que no es circular ni sostenible. ¿Por qué consumimos tanta energía y qué alternativa debe lanzar el ecologismo militante para cambiar esto?
R: El asunto es muy fácil de contestar y muy difícil de que se convierta en una toma real de conciencia. Todos los excesos que comete esta civilización, y fundamentalmente el superlativo, literalmente bulímico gasto de energía, se debe a la comodidad. Así de claro. Todo se puede sacrificar, hacer las cosas con menos, pero todo lo que sucede es porque se quiere todo antes y se quiere todo más, también en cierta parte por la prisa y la velocidad. Se quiere todo fácilmente , con mayor comodidad.
P: El libro que has publicado este año, Somos agua que piensa, aborda un dilema más que nos planteamos: ¿qué estamos haciendo con el agua del planeta?
R: En parte sigue el modelo de mi anterior libro Los árboles te enseñarán a ver el bosque, solo que tiene un perfil autobiográfico más intenso. Ahí cuento muchas experiencias vividas con relación al agua. Lo utilizo fundamentalmente para intentar estimular, igual que con los árboles y el bosque, que nuestras relaciones sean de otro tipo. Incluso que sean esencialmente sentimentales, no prácticas, objetivas ni científicas, se trata de vivir, ¿no? Y el agua es tan fascinante, es la prodigiosa materia del universo, que yo propongo que se viva con una intensidad superlativa, especialmente para dejar de maltratarla.
Si el agua es considerada únicamente como materia prima estamos haciendo un pésimo servicio. Porque queda justificado desde el derroche, no digamos la contaminación. Tengamos en cuenta que el agua es el elemento esencial del clima.
P: ¿Cómo plantea estos problemas el nuevo libro?
R: Todo lo que está derivando del cambio climático tiene como primer afectado el agua. Hay un capítulo en el libro que se llama La sed del agua. Ahí mantengo que lo más sediento que hay ahora mismo en el planeta es la sed de agua. Prácticamente en los países con suficientes recursos de agua, se gasta el doble de la necesaria… ¡en todos los sectores! Desde el doméstico al industrial, no digamos el agrícola y el ganadero.
También los temas vinculados con la contaminación están ligados al agua, porque el agua es lo que limpia, y al funcionar como disolvente, la contaminación es incesante. Pero el agua, además, es un tema que está presente en todas las religiones, está muy directamente relacionado con la filosofía y las representaciones artísticas de todo tipo y condición.
P: Entonces, el libro guarda por un lado una protesta y reivindicación, pero por otro un canto al agua, una faceta más poética, ¿no? Que no tienen por qué ir separadas.
R: Yo insisto mucho en el agua para los grandes compositores, el agua para la poesía, el agua para la belleza, en una palabra. Si se entiende bien la vida y la natura, la natura es el gran artista, y si quieres tener grandes sensibilidades artísticas, tienes que estar muy próximo a la naturaleza.
"Estamos maltratando la esencia de la vida,el agua”.@joaquinaraujo habla en @radio5_rne de su libro "Somos agua que piensa"
Reivindicación,ciencia y belleza en un texto repleto experiencias y poesía sobre "la sustancia más creativa del cosmos" @Ed_Critica https://t.co/RgbXnaxOfd pic.twitter.com/rFZm8rHxK5— reservanatural.rne (@reservanaturalR) March 25, 2022
P: Revisando tu trayectoria en los medios para recorrer el papel de cara a la sociedad como divulgador de este amor por el medio ambiente y del ecologismo, fuiste colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente en El hombre y la Tierra.
R: Bueno, yo trabajé mucho más en el campo editorial con Félix que en el televisivo o cinematográfico. Me fichó para escribir, ¿eh? Pero uno de los momentos más extraordinarios de mi afortunada vida profesional fue cuando me encargaron terminar los últimos ocho capítulos de El hombre y la Tierra una vez él murió.
P: ¿Cómo fue esa experiencia, teniendo en cuenta el impacto que tuvo el programa en la televisión española?
R: Lo importante es que yo estuve seis años aprendiendo intensa y profundamente todo lo que ha sido mi vida de cara al público. Aprendí a escribir decentemente, aprendí muchas cosas desde el primer momento. Empecé a publicar en el año ochenta, pero también aprendí a hacer radio, hacer cine… por tanto, lo que yo puedo valorar de mi etapa con Rodríguez de la Fuente es que fue como hacer tres carreras y diez masters.
P: Actualmente colaboras con RNE, el suplemento Natura de El Mundo… ¿Cuáles son tus labores en estos medios y tus proyectos en mente este año, además de la publicación de Somos agua que piensa?
R: Bueno, para empezar saldrán otros dos libros más.
P: ¿Este año?
R: Sí, a lo mejor tres más, pero seguro que dos más. Bueno, estos últimos tiempos soy cada vez más escritor y menos cómplice de medios de comunicación, pero sigo en radio nacional. Hago mucha menos radio que hace diez años, pero sigo dando muchas conferencias, haciendo exposiciones, colaborando con toda ONG que me lo pide… En fin, que ahí seguiré. Este año es posible que haga una nueva película.
P: Veo que sigues bastante activo.
R: Pues sí, la verdad que demasiado (risas).
P: Por último, una pregunta de opinión más personal, pero que resuma toda la filosofía de vida en cuanto a tu relación con el medio ambiente y tu ecologismo militante. ¿Qué podemos hacer para solucionar el cambio climático? Y sobre todo… ¿estamos todavía a tiempo para ello?
R: Mi respuesta es muy contundente: hay que elegir. Se han acabado los límites para aplazar, procrastrinar, en fin… lo que se trata es de elegir. Parece un maximalismo pero la situación es tan preocupante que no queda más remedio, así de rotundamente: con la vida o con la muerte. Entonces, si eliges la vida, tienes que gastar muchas menos energía, intentar ayudar en la medida de lo posible: contaminar poco, comer decentemente, ayudar a los que están asfixiados… En fin, solidaridad con el tiempo futuro y solidaridad con los que están absolutamente apabullados en el presente.


