Afuera lo viejo y adentro lo anacrónico
El 15 de julio de este mismo año, Netflix estrenaba una nueva adaptación de una novela de Jane Austen, Persuasión. En este caso le tocaba el turno a una historia de resentimiento, remordimiento, redención y amor, pero con un toque algo más actual.
Toda obra artística nace en un determinado contexto. Un contexto que explica sus características, quizás un por qué, el cómo o, al menos, el entendimiento de su creación. Así, esta nueva versión de Persuasión no es más que un producto de su generación. Una cinta artística que, como todas las demás, bebe y se nutre de aquellas pasadas y algunas más recientes.
Antes de ver su influencia, he de mencionar que la trama base se mantiene como en la novela original. La historia sigue a Anne Elliot (interpretada por Dakota Johnson, Cincuenta sombras de Grey, Mejor… solteras). Hija de un rico noble de Inglaterra, dejó pasar a su verdadero amor ocho años atrás. Al no tener él ni título ni riquezas, se dejó persuadir por su familia en la creencia de que no era lo bastante bueno para ella. Años más tarde y con el corazón aún roto, puede que sus caminos se vuelvan a cruzar. Será en este momento cuando Anne tenga que enfrentarse al error y la vergüenza que le acechan cada día.
El origen de un movimiento
Sin cambiar la historia, en esta adaptación son claros los dos pilares de su influencia: Bridgerton (Chris Van Dusen, 2020- Presente) y Fleabag (Phoebe Waller-Bridge, 2016-2019). De la primera, los colores pastel, la combinación de estos, la sensación de estar en un cuadro en movimiento, una obra de Pinterest hecha pieza de museo. De la segunda, esa ruptura de la cuarta pared. Recurso por el cual la protagonista, nuestra heroína, Anne Elliot, nos comenta y nos hace partícipes de sus desventuras y pensamientos.

Así, la protagonista nos pone en contexto, nos presenta a los personajes, bromea con nosotros, llora con nosotros, hace suyo al público. También, de Fleabag, es precisamente esa serie de escenas y pensamientos tan parecidos, en gran medida, a los de la serie, aunque sin llegar a la altura de esta. La lamentación, la forma de presentarnos los hechos, lo socialmente torpe que puede llegar a ser, lo incomprendida que se siente alrededor de aquellos con los que se relaciona, el difícil manejo de los sentimientos…. Todo ello combinado con la historia que todo fan, y no tan fan, de Jane Austen conoce.
Esta línea artística y su origen se resume en las palabras de un tweet del usuario @VictorMGonz. Como se puede ver en el tweet, proclama que se debe dar a Sofia Coppola, por su película María Antonieta (2006), el mérito que se merece por ser la pionera de la nueva moda de Bridgertonear todo. Esto es, coger una obra o momento de época y modernizarlo, ya sea en diálogo, vestuario, etc. pero con los elementos de la época que se transforman o se dejan siempre dentro de una estética visualmente excéntrica e hipnótica.
Si vais a bridgertonear todo el género de época, al menos dadle a Sofia Coppola el crédito que merece.
— Víctor M. González (@VictorMGonz) July 16, 2022
La batalla entre el rigor y lo esperpéntico
Hay una serie que se merece una mención especial. Antes de Bridgerton nos encontramos con Reign (Laurie McCarthy, 2013-2017), tan criticada como querida por algunos. En ella se nos mostraba la historia de María Estuardo desde un punto de vista más adolescente. Una serie donde la moda suspendía con creces el rigor histórico, pero lo compensaba con fabulosidad. En la que María y el rey de Francia bailaban en su palacio mientras de fondo sonaba la música del momento en el siglo XXI. Toda una revolución adelantada a su época que permitió que películas como Persuasión llegasen a nosotros.
Por supuesto, todas estas adaptaciones tienen sus detractores. «Se cargan la historia, se pierde la esencia del personaje, se diluyen los diálogos tan importantes y espectaculares de la novela original, la tela del vestido no es la que se usaba en aquella época…» Una retahíla de ejemplos por los que estas adaptaciones son un insulto a la obra y momento histórico, según algunos espectadores.
Por mi parte, dadme más. Siempre que se haga bien, como ocurre con esta adaptación, es una experiencia única el verme en una protagonista que se mueve por la campiña inglesa con sus trajes de época, su raya del ojo del Sephora y una conversación que podría tener yo con mis amigas en la puerta del Starbucks.
Un sacrificio (in)necesario
Todo ello se une a un humor específico. Un humor que puede resultar algo incómodo, en una especie de vergüenza ajena, para algunos. Sin embargo, para otros, me incluyo en este campo, no deja de ser un humor en el que reflejarse. Se ve a una stalker sin redes sociales anhelando un amor truncado haciendo chistes fatalistas sobre su propio ser y estupidez. Todo ello transportado a una especie de siglo XIX que no sigue las reglas, pero que deja un marco incomparable a la hora de contar una historia tan cercana como representativa de una generación actual.

La película, por sí misma, funciona. Es una comedia romántica divertida. Tiene toques melodramáticos y sus momentos de personaje principal que hacen una cinta de este tipo lo que verdaderamente son. No obstante, no todo va a ser positivo. Por ejemplo, la química entre los dos protagonistas es casi inexistente, pero no deja que ensombrezca la historia que se quiere mostrar.
Ahora, como adaptación, la película se desliga un poco de la esencia de la novela. Se puede observar a la hora de retratar a la heroína y a su interés romántico, el capitán Wentworth (interpretado por Cosmo Javis, Lady Macbeth, Raised by Wolves). Convierte a la primera una exaltación exagerada de sí misma y al segundo en alguien algo plano, al igual que ocurre con los demás personajes. Aunque en este caso este hecho no chirría tanto como podría pasar en otra ocasión. Desde el principio se puede hacer uno una idea de cómo va a transcurrir la historia en mayor o menor medida. Sigue un esquema ya conocido en el que el desarrollo y evolución de los personajes es arquetípico, por lo que la falta de este se puede suplir en una falsa convicción de que sí existe a través de los acontecimientos.
Una adaptación más
También ayuda el trabajo que realiza el reparto. A los ya mencionados le acompañan actores como Henry Goldin (Un pequeño favor, Last Christmas) en el papel de Mr. William, Mia McKenna-Bruce (Get Even, The Rebels) como la hermana pequeña y Nikki Amuka-Bird (Tiempo, El cazafortunas) interpretando a Lady Russell, entre otros. Todos ellos manejando una actuación más que apta entre ambientaciones dignas de postales y fondos de pantalla placenteros.

De esta forma, la nueva adaptación de la novela de 1817 se queda como una versión digna de su contexto histórico que divide a los espectadores. Unas dos horas de entretenimiento y placer visual en una cinta que da lo que ofrece. Es exactamente lo que quiere ser, pero sin llegar a ser tan insólita como para admirarla ni tan ordinaria como para repudiarla.


