El festival, que se celebra en Palma, contará durante una semana con la presencia de varios artistas de renombre
La duodécima entrega del AMFF dio el pistoletazo de salida el pasado domingo y no apagará sus pantallas hasta el siguiente. De esta forma, Palma se convierte durante una semana en el centro cultural del país.
Con la madurez ya alcanzada, el AMFF se está convirtiendo en referencia y va ganando adeptos con su puesta en escena. La programación que incluye proyecciones, conferencias y conciertos, se lleva a cabo en diferentes sedes. Desde patios al aire libre a salas de cine como Rívoli y CineCiutat. Jaume Ripoll, director del festival y cofundador de la plataforma Filmin, es el alma del certamen. Enaltece las salas mencionadas definiéndolas como la esencia del cine en Mallorca. “Deberíamos poner en un altar y proteger al Rívoli y CineCiutat”, declaró en una entrevista para el Diario de Mallorca. La principal promotora del festival, Filmin, se encarga de cuidar el producto cinematográfico de calidad, algo que el AMFF lleva por bandera.
Marina Abramović y Neil Jordan, los primeros protagonistas
La performance de la artista balcánica llegó a Palma el primer día, una gigante del arte estuvo presente en La Misericòrdia para la proyección de uno de sus últimos trabajos, Las siete muertes de Maria Callas. Un film que incluía la obra de Maria Callas, la voz de la soprano iba acompañando los movimientos y expresiones medidos al milímetro de Marina Abramović y el actor Willem Dafoe. Antes, Atlantide había inaugurado la muestra en la sala Rívoli. La cinta, que enseña una cara desconocida de Venecia; lejos de la Basílica de San Marcos y los vaporettos, encandiló a la organización precisamente en el Festival de Venecia. “No nos podíamos permitir que esta obra de Ancarani no fuera proyectada en nuestro festival”, explicó un miembro del staff antes de que empezara la sesión.

Neil Jordan fue el primer galardonado con el premio Masters of Cinema. Durante esta semana además del irlandés, Sergei Loznitsa e Isabelle Huppert también recibirán este reconocimiento. Jordan, que nació no muy lejos de la frontera con Irlanda del Norte, charló sobre su filmografía y sobre la industria actual antes de que Juego de Lágrimas, una de sus películas más aclamadas y con la que obtuvo un Oscar a mejor guion original en 1993, se mostrara en CineCiutat. De CineCiutat a La Misericòrdia. Allí, Rita Payés con su trombón y su banda, llenaron el patio en el que unas 500 personas se dieron cita.
El concierto de la cantante catalana sirvió de excusa para que muchos de los presentes se quedaran a ver Ramona, oficialmente la película inaugural. La ópera prima de Andrea Bagney cuenta la ansiedad con la que Ramona vive. La protagonista despotrica sobre las convenciones que dan forma a la sociedad junto a un desconocido que, más tarde se convertirá en alguien clave en su desarrollo profesional. Bagney sintiéndose parte de la isla, “Desde que nací veraneo en Alcanada”, centra la trama en el barrio madrileño de Lavapiés, en el que Ramona es capaz de pasar de la euforia a la confusión en apenas una serie de planos.
Paolo di Paolo y el producto balear
CineCiutat, la sede en la que habita el cine clásico, abrió la jornada del martes con La mamá y la puta. La organización recibió una versión restaurada de la película que ya fue mostrada en Cannes hace unos meses durante su festival. La sala se empapó de la atmosfera de París, el ambiente de las terrazas e interiores de los cafés de la capital francesa llamaban la atención del espectador como símbolo de una época desaparecida. Los personajes, bohemios con pocos recursos, viven sin mirar al futuro. Centran todos sus esfuerzos en disfrutar del presente y recordar con nostalgia el pasado. Sus 215 minutos de metraje sirven como retrato de una forma de entender la vida, como una experiencia llena de placeres, muchos de ellos pasajeros.
Paolo di Paolo fue el centro de todas las miradas durante la noche. La vida y obra del fotógrafo italiano fue mostrada al público gracias a un documental (Las fotografías de Paolo di Paolo, el tesoro de su juventud) dirigido por Bruce Weber, un enamorado del país transalpino. La gala, que se celebró en el Museu de Mallorca, fue hospedada por Silvia di Paolo, hija del fotógrafo y por la productora del documental. Paolo di Paolo a sus 97 años conserva una inteligencia privilegiada y un sentido del humor envidiable. Fue el fotógrafo que retrató la Dolce Vitta italiana. Desde fiestas privadas en las que retrataba a Marcello Mastroianni o a Alberto Sordi hasta las escenas más costumbristas de la Italia de posguerra.
Pier Paolo Pasolini y Anna Magnani abrieron su intimidad a di Paolo que con maestría capturó momentos inéditos de las personalidades más ilustres de la cultura italiana. El fotógrafo decidió desaparecer de la vida pública tras el cierre de la revista Il Mondo en 1966, su labor fue olvidada durante décadas. Pero el empeño de sus hijos permitió que la obra de Paolo di Paolo volviera a ver la luz. “Tienes que contarlo. No puedes guardar el secreto” le decía su hija en un instante del documental. Capturas de un genio de la cámara.

El programa no podía obviar el producto autóctono. Por eso, la tarde del miércoles, la sala 1 del Rívoli se vistió de gala para recibir a algunos de los creadores que presentaban sus trabajos en el festival. Con la presencia de Jaume Ripoll, cinco cortometrajes fueron exhibidos a los espectadores. “En los años que el festival lleva celebrándose en Mallorca, hemos tenido cura de los proyectos producidos aquí. Queremos que esta y las siguientes ediciones no sean una excepción.”, comunicó desde el escenario el director del AMFF.
Una breve presentación de los cortos por parte de sus directores precedió a las proyecciones. Temas diversos hicieron centrar la atención del público hacia la gran pantalla. Una gran pantalla que el festival se encarga de mimar y promete seguir deleitando en lo que queda de semana.


