6.1 C
Madrid
domingo, 11 enero, 2026
6.1 C
Madrid
domingo, 11 enero, 2026

CentroCentro acoge la exposición “Underground y contracultura en la Cataluña de los 70”

La muestra, que se estrenó en el Palau Robert de Barcelona, permanecerá hasta el 12 de febrero en el Palacio de Cibeles

Con más de 700 documentos (revistas, periódicos, imágenes, grabaciones…) narra una década de grandes cambios. Una juventud sin miedo a nada estaba decidida a cambiar el rumbo de la sociedad.

Si cada movimiento tiene una fecha y un acontecimiento de origen, en este caso nos tenemos que remontar a septiembre de 1971. En Ibiza nació el concepto de ciudad instantánea, un experimento de vida en comunidad. Con un potente mensaje “La utopía es posible” la juventud respondió a la llamada, una nueva forma de concebir el ciclo vital había nacido. El embrión del movimiento recalaría en Cataluña, allí fue adoptado por jóvenes que percibían que las instituciones públicas les cortaban las alas.

Cataluña, centro neurálgico

Nuevas corrientes contraculturales entraban en su auge en California, Ámsterdam y Londres. Eran los años de los Beatles, de los Rolling Stones y de Vietnam. En España, la dictadura estaba de capa caída, sin embargo el régimen seguía imponiendo el orden, el silencio y la represión. La adopción de las nuevas tendencias marcó el devenir de la década. Varios puntos de Barcelona se convirtieron en calles, avenidas o barrios que clamaban contra las imposiciones del Estado. La Casa Fullà fue un ejemplo de ello. Este edificio reunía a jóvenes que deseaban tumbar un sistema anticuado y autoritario. Las ramblas barcelonesas, el barrio chino, hoy Raval y el barrio del Born fueron centros simbólicos para que el movimiento fuera creciendo.

Unos visitantes contemplando los documentos exhibidos en una de las vitrinas de la exposición | Fuente: Madrid es Noticia

La banda sonora del movimiento underground tenía acento británico. Los éxitos de David Bowie, Iggy Pop o los Stones sonaban en la discoteca Les Enfants Terribles, un local que se convirtió en icono de la noche catalana. Los actos multitudinarios, celebrados no sin pegas de las autoridades, servían para consolidar un cambio de paradigma. La juventud notaba que vivía encorsetada en un ciclo tedioso. Inamovible, si no se unían convencidos en derribar un muro que les separaba de una nueva forma de entender la vida. En 1975, Canet de Mar vivió su particular Woodstock. Alrededor de 30.000 personas asistieron al festival Canet Rock, la música ambientaba los puestos de hippies que vendían collares, inciensos, comida vegetariana o libros de yoga. Hasta la Guardia Civil, que controló el evento en todo momento desde el otro lado de la valla que rodeaba el recinto, no se quiso perder el acontecimiento.

Publicaciones transgresoras

Pepe Ribas, comisario de la exposición y reconocido como mejor comisario del año por la Asociación de Galerías de Arte de Cataluña y Arts Barcelona, jugó su papel dentro de la contracultura. Una de las armas usadas para plantar cara a la autoridad eran las revistas, varias publicaciones alcanzaron su cénit en esa época. Una de las publicaciones más destacadas fue la revista Ajoblanco, editada por el mismo Ribas, en uno de sus números se presentaba en portada como la revista que rompe y provoca. Ajoblanco apostó por nuevos colectivos y potenció movimientos sociales inéditos como la ecología, el feminismo o los movimientos de lucha homosexual. Junto a la revista Star, esta última trufada de historietas underground, crearon un lenguaje vivo y desvergonzado.

Las manifestaciones fueron parte del movimiento. Salir a la calle era la respuesta a la opresión. | Fuente: Gabriel Crespí

La respuesta de un régimen en descomposición siguió el tono coercitivo que la caracterizó. En 1974, Salvador Puig Antich, militante anarquista, fue ejecutado mediante el garrote vil. Se convertiría en la última persona en sufrir la brutalidad de aquella máquina que con apenas un giro, te destrozaba el cuello. Sin embargo, una cuestión aún por esclarecer es el Caso Scala. Tras una intensa jornada de manifestaciones, ya con el dictador fuera de combate, la sala de fiestas Scala ardió tras el lanzamiento de varios cócteles molotovs. El Estado acusó a tres jóvenes que más tarde, sin pruebas que les incriminasen más allá del testigo policial, ingresaron en prisión. La defensa apuntaba a la creación de un montaje con la intención de quitarse de en medio a un colectivo que dificultaba la actividad política en la Moncloa. Hoy, el Caso Scala está clasificado como secreto de Estado. Lo sucedido en el Scala marcó el final de una época. Una década definida por un movimiento que aglutinando influencias externas se encaró con el poder.

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

Enric Juliana: “Junts es Convergència pasada por el pequeño cesarismo de Puigdemont”

El periodista repasa la actualidad política siempre con un ojo puesto en el pasado, pero advierte: “El pasado que siempre sirve para explicar el presente, esta vez se queda corto” Enric Juliana es uno de los más brillantes cronistas políticos....

Un WTF permanente

Los móviles son la herramienta perfecta para mantenernos en un estado de hiperactividad constante Algunas comunidades autónomas han actuado y prohibido el uso de los teléfonos móviles en los colegios hasta los 16 años. En las aulas universitarias responder al...

Morir dos veces

Por desgracia, la liturgia del minuto de silencio en los estadio ahora es apenas unos veinte segundos de aplausos está en peligro de extinción El silencio está perdiendo el protagonismo que debería tener en nuestra sociedad. Al igual que la...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo