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«Arte en la era digital», abrazar la reflexión sobre la condición del arte en el presente tecnocapitalista

En la obra colectiva editada por Javier Correa y Julia Isasti el pensamiento filosófico se pasea por múltiples formatos artísticos para dialogar en torno a nuestra relación con el arte en la actualidad

En una época acelerada y abarrotada de estímulos importa detenerse a reconocer las dinámicas que rigen la experiencia artística. Así como los comportamientos más rutinarios, cuyo doble carácter personal y político expone cómo nos atraviesan los avances digitales dominados por el individualismo y el capital. Arte en la era digital es una obra coral; integra poesía, ilustración, relato y ensayo. Diversos escritos que, a su manera, se convierten en el altavoz de la generación que ha convivido la mayor parte de su vida con lo digital y, lejos de sentir el asombro de sus padres, advierte cierto desencanto.

Javier Correa Román y Julia Isasti son los encargados de abrir un espacio literario para explorar la doble cara de las causas y consecuencias que han desembocado en un arte sobresaturado, cuyo consumo meramente pasivo se desentiende de algo tan humano como es la magia de la vida en comunidad. Él es graduado en filosofía por la UNED y doctorado por la Universidad Autónoma de Madrid. Es cofundador del Colectivo Mentes Inquietas y redactor de Filosofía & CO. Asimismo, ha publicado: Y pensar ¿Para cuándo? Filosofía de jóvenes para jóvenes (2019), Mentes inquietas. Contrarrefranes y cultura popular (2020) y Estética y Emancipación. Hacía una teoría del arte de lo común (2021). Ella es licenciada en Historia del Arte y Arqueología por la Universidad de París y gestora cultural. Investiga sobre la violencia y la cultura popular en Latinoamérica, con un foco en la performance. También cursa un máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual.

Los textos que llenan ese espacio de debate pertenecen a Paula Ducay, Myriam Rodríguez del Real, Javier Calderón, Paula Melchor, Marta Martínez, Alba Mezcua, Marcin Bartosiak, Mara Sannia, Pepe Tesoro y Pablo Caldera. ¿Cómo miramos hoy el arte? ¿Qué supone democratizar el arte? ¿Cómo son los poderes que rigen los museos y los algoritmos de las redes sociales? ¿Qué interesa hoy del arte en la sociedad? ¿Qué pueden aportar las redes sociales a los artistas? ¿Qué nuevas estructuras de poder se interponen en la creación artística?… La mirada con la que abarcan estas preguntas es única, el lector se reconoce en ella y pasa por comprenderse a sí mismo y adoptar una nueva perspectiva de su posición en el sistema de consumo.

Más allá del ensayo, una apuesta por reflexionar sobre el arte desde el propio arte

Pregunta: ¿Cómo nace la idea de editar Arte en la era digital?

Respuesta Julia Isasti: En un principio partimos de gustos en común. Yo le mostré a Javier una cosa que estaba escribiendo para mi máster y le pareció guay, así que decidimos trabajar juntos. Creo que siempre supimos que no queríamos hacerlo solos, había que buscar gente que nos gustase como hablaba, escribía y pensaba. Entre gente que teníamos fichada y amigos salió una mezcla interesante, no podía ser solo nuestra opinión.

Respuesta Javier Correa: Sentimos que había una experiencia con el arte que nos parecía insatisfactoria. Por ejemplo, las plataformas de streaming han traído la individualización del consumo. Antes ibas al cine y todo el pueblo se juntaba, luego con la tele solo la familia y ahora con el streaming estás tu solo. Nosotras que somos las dos de Vallecas a veces vamos al cine de La Villana, que es un centro social, y charlamos mucho sobre lo que supone ir al cine con tus amigas y comentarlo. Hay otro ejemplo relacionado con la música, Julia que es DJ venía pensando sobre la música basura, como la Chica LOFI.  Es una música repetitiva que sirve para dejar de pensar y aumentar la productividad… Son cosas que nos chirriaban mucho. Entonces, nuestra inquietud fue pensar el arte, y siempre es mejor hacerlo con más gente. La pluralidad puede ser muy chula, sobre todo cuando salen textos tan bonitos como los que componen el libro. Además, apostamos por lo artístico; no queríamos que fuera todo ensayo, incluimos ilustraciones, poesía, relatos…

P: En las universidades existe cierta obsesión con el ensayo como único método de “lectura crítica”, ¿qué gana una obra eminentemente filosófica al integrar formas de texto tan variadas?

R Javier: Primero, hay una cuestión de clase. El ensayo requiere un determinado lenguaje y capital cultural con el que se siente más cómoda la gente que ha ido a la universidad. Para nuestras amigas que no han ido a la universidad su forma de acercarse a la cultura y sus medios de reflexión pasan más por lo audiovisual, la novela y la ilustración, nada por el ensayo. Así, nos pareció importante valorar a quién nos queremos dirigir. Luego, creemos que la reflexión se da en muchas formas y que si queríamos mostrar cosas del arte había que incluirlo. No solo decirlo, sino mostrarlo.

R Julia: Claro, nos preguntamos, ¿cómo nos atraviesa el arte y lo digital? Y las respuestas filosóficas vienen de leer textos, cuentos, poesía… diferentes tipos de expresión que son complementarias y nos hacen reflexionar sobre cómo lo digital afecta en lo que creamos, en los afectos, en la manera de comunicarse en las relaciones… hace que todo esto sea mucho más amplio.

P: ¿Cómo se construyen los puentes para lograr que lo interdisciplinar en Arte en la era digital cobre sentido?

R Julia: Nosotros queríamos provocar una reflexión a partir de una idea que teníamos. Partimos de Walter Benjamin, pero análisis de su obra sobre la reproductibilidad técnica del arte hay mil. Buscábamos algo diferente y nuestra propuesta consistió en `nos mola esta idea, ¿qué te surge a partir de esto? ¿cómo lo ves en tu disciplina? ´.

R Javier: Claro, es verdad que hicimos un poco de trampa porque la mayoría de las colaboradoras son amigas. Sabíamos que Paula Ducay, Pablo Caldera, Myriam Rodríguez… habían estudiado filosofía y escrito ensayos. Además, tuvimos suerte porque muchas estaban despuntando; Pablo acaba de publicar El fracaso de lo bello en La Caja Books, a Paula Melchor le habían dado el Premio de Poesía Transversal, Ducay justo había empezado el podcast (Punzadas Sonoras)… En cualquier caso, el método de trabajo no fue pedirles directamente un relato o un poema, sino charlar con ellos sobre temas, ideas, objetivos y ayudarles en el proceso de creación.

R Julia: Sobre todo, cuando hablamos con artistas no tan familiarizados con el ensayo, como Alba Mezcua, Marcin Bartosiak o Mara Sannia. Su trabajo no está ligado a la Academia, vienen del diseño, el dibujo o el arte plástico; entonces, la propuesta con ellos fue más arriesgada. No íbamos a incluir sus ilustraciones en la portada, sino que iban a formar parte de la obra en pos de tratar la vivencia del artista, cómo le afecta lo digital. Tiramos de todos los hilos para que el resultado fuese distinto.

P: Julia, mismamente, tú has estudiado Historia del arte y arqueología, una disciplina que tiende a reducirse al comentario histórico o formal de una obra…

R Julia: estudiar Historia del arte es una formación muy cuadrada, partes de un objeto y hay que analizarlo. Eso te da un contexto, pero no analizas la historia, te deja en un lugar muy neutro, incluso algunos defienden la historia del arte como una ciencia. Al final, todos los historiadores del arte nos posicionamos, ya sea una no-posición. No posicionarse es posicionarse.

Julia Isasti, coeditora de Arte en la era digital ı Fuente: Behance

Los vestigios subversivos del arte en la era digital

P: Arte en la era digital se pregunta sobre las posibles transformaciones en la naturaleza del arte a causa de la tecnología y tiende a adoptar una perspectiva socioeconómica en las respuestas. ¿Por qué ha sido tan importante para vosotros esta posición?

R Javier: No es nada intencionado. Sí creo que hay dos líneas que lo explican: por un lado, lo generacional, en todos los textos la gente está cansada, saturada de imágenes o abrumada; por otro, el capitalismo. Si bien no se da en todos los textos, ha salido un libro bastante crítico. Somos conscientes de que hay un sistema económico detrás del arte que consumimos, es un tipo de arte que genera ganancia.

R Julia: Yo creo que la crítica que se repite a través de las épocas. El mercado del arte tiende a esa homogeneidad, por eso hay que ver cómo ahora eso hace que el arte se consuma de una manera específica. Desde el punto de vista de las artistas se dennota en el cansancio del que hablamos. Verse obligada a pensar continuamente, a producir textos e imágenes de manera repetida para sobrevivir en el mercado genera saturación; no nos permitimos perder ni un segundo. Esto lo muestra muy bien el texto de Marta Martínez.

R Javier: En la generación de nuestros padres había una promesa de que la contracultura podía generar la rebelión. Ahora hay un desencanto general hacia el poder subversivo de la cultura, no creemos que subir un storie pueda generar nada.

R Julia: Yo cuando sueño en el Volumen II de Arte en la era digital me imagino pensando en utopías artísticas. Vale, tenemos este sistema, pero ¿cómo lo subvertimos? ¿cómo hacemos que el arte sea revolucionario?

P: ¿Tiene el arte la capacidad de evitar que la razón económica y el individualismo dominen la propia creación artística y su uso de la tecnología?

R Javier: La pregunta del millón…

R Julia: Para mí el arte no puede escapar. Es cómo lo que explicaba de `no posicionarse es una posición´; si me estás hablando de arte sin realidad política es porque vivís en una realidad donde lo socioeconómico no te afecta. Yo que soy Argentina a veces soy escéptica con el arte europeo que habla de cosas superfluas, que se queda en el arte por el arte. Lo que más importa del arte es la capacidad de reconocerse en el otro, de empatizar y conocer realidades distintas. Pienso que el texto y la conversación con la comunidad sí puede mover los cimientos.

R Javier: El sistema económico es muy simple, o trabajamos o no tenemos nada. El arte en general lo tiene muy difícil, no vamos a alcanzar resultados utópicos escribiendo libritos. A partir de ahí, un arte comunitario si puede beneficiar a su comunidad como hacen los murales y grafitis, o los procesos de creación que generan estructuras económicas de autoempleo.

P: Ahora mismo, ¿el arte va más allá de sensibilizar, visibilizar o concienciar?

 R Javier: Respecto a esto existe cierta autocomplacencia. María Llinares lanza la pregunta ¿cuánto tiempo gastas en hacer ver que eres de izquierdas? El arte juega un papel esencial en la performatividad; sin embargo, ver películas consideradas de izquierdas en Filmin o leer a determinada autora no es actuar.

R Julia: Aquí se cruza la cuestión de clase, el que no tiene tiempo no puede llevar a cabo esa performatividad. Inventamos un personaje y el que lo cumple es porque le sobra el tiempo, el resto estamos sobreviviendo y nos sentimos culpables por no leer, por no cumplir con los requisitos que engloba ese personaje.

P: Durante mucho tiempo se mantuvo la concepción de que el fin último del arte es provocar placer en el espectador. No obstante, en el arte contemporáneo la estética ya no es lo único que prevalece, ¿qué nos interesa hoy en la creación artística?

R Javier: Hoy en la era de la industria cultural lo que se busca es anestesiar y entretener. La belleza estética se olvida cuando se consume cultura en el móvil para generar dopamina. Quizás, deberíamos buscar la tensión, poner en relieve lo incómodo, desmantelar prejuicios, mostrar acuerdos tácitos… Esto puede desactivar obras, en qué cabeza cabe ver el Guernica y sentir placer.

R Julia: En el nacimiento del arte contemporáneo ya está el punto de incomodar. De una manera muy sutil los impresionistas provocaron al pintar de una manera diferente a lo que gustaba en el momento. No tengo claro si esto puede invitar a la reflexión; desde luego hay una separación entre el conformismo del arte de colección, las obras que van más con los NFTs o las que encajan en el carácter decorativo de ARCO; y lo combativo de artistas como Marina Abramovíc. Con ella nos replanteamos nuestra realidad, vemos lo injusto y nos surgen preguntas sobre cómo actuar.

Sobre cómo atraviesan los procesos digitales la experiencia artística

P: ¿Supone el avance en lo digital progreso para el arte?

R Julia: Hay trampa en pensar que todo el progreso es para mejor. Lo digital no ha mejorado nada, seguimos con las mismas problemáticas de siempre, más polarizadas y extremas, pero ahora están en un nuevo campo.

R Javier: El progreso técnico no siempre significa progreso moral. De hecho, la sociedad no es necesariamente más humana o mejor que hace cien años, ¿por qué esa pulsión de querer progresar? En el arte, sí tomamos las teorías de Mark Fisher y pensamos en la crisis de la imaginación vemos que no hay tal progreso. En los años 20 era una tontería pensar que usabas la ópera del siglo XIX, ahora, Aitana va a El Hormiguero a presentar su último disco y ensalza lo innovador de reciclar sonidos de los 90.

P: Sin embargo, algunos de los textos que conforman el libro trabajan en destacar los aspectos positivos de la era digital, ¿cómo se escapa de los tópicos nostálgicos `ójala haber vivido en otra época´ o `antes todo era mejor´?

R Julia: Es cierto que nos pasó, el pensar que el resultado era muy negativo. Creo que nos salvó el texto de Pepe Tesoro (La revolución tampoco será generada por la IA) y el de Paula Melchor (Toda mi vida he tenido miedo a los alacranes).

R Javier: Claro, Paula nos explica cómo ella, siendo de un pueblo de Granada, hace literatura porque un día se metió en Tumblr. Tampoco queríamos plantear que la tecnología es horripilante, nos gusta el techno, los memes… Había que pensar en jugar con un doble sentido. Paula Ducay nos hace pensar en la posibilidad de visitar un museo desde la tranquilidad del hogar, sin gente; lo que a su vez es tremendamente solitario.

P: Hablamos de toda una serie de nuevos procesos hace décadas inimaginables, ¿necesitamos nuevos conceptos que nos permitan describir los procesos transcurridos en la práctica artística actual?

R Julia: Todas nuestras vivencias se nombran con un lenguaje que nos queda viejo. Nuestras experiencias son tan nuevas y distintas que cada una merece su propio lenguaje, por eso, a veces tenemos la necesidad de inventar lenguajes comprensibles por la gente que está pasando por lo mismo.

R Javier: A la vez, se dan cambios tan rápidos que no da tiempo a pensar, la velocidad juega en nuestra contra. Nos paramos a reflexionar sobre la identidad en Instagram y ya ha aparecido Tiktok. Lo que dice Julia es muy bonito, dejarse contaminar por la realidad y ser capaz de pensar a partir de ella; por supuesto, lo difícil es la carencia de conceptos para todas las experiencias al ritmo que se suceden. Aquí, la literatura da un paso adelante al permitirnos narrar la sensibilidad de nuestro tiempo. No hay que juzgar actitudes nuevas por las formas o desecharlas porque creemos que en ellas no hay pensamiento. Sí las interrogamos pasamos a entender de qué realidad surgen. Comernos letras cuando escribimos es consecuencia del límite de caracteres que tenían los SMS, nos cobraban sí no lo cumplíamos, esta es una realidad material muy concreta.

¿Cómo nos desenvolvemos como espectadores en la armonía del ecosistema posmoderno?

P: Se habla mucho de la democratización del arte, ¿se pueden resaltar las problemáticas de este fenómeno sin caer en conclusiones elitistas o excluyentes?

R Javier: En primer lugar, yo no diría que poder ver series en Netflix es democratización del arte, es industria cultural. Hay que distinguir entre arte y entretenimiento, que a menudo se confunde. Es innegable que hay más acceso al arte, pero ese acceso se hace a través del consumo; uno dice, ¿para esto se democratiza? Luego, veo un cambio positivo en cómo lo digital ha acabado con el talento biológico. Bad Gyal no canta necesariamente bien y es una gran artista porque puede suplir las carencias vocales con nuevas técnicas y sonidos.

R Julia: Está muy presente la idea de democratizar el arte, pero ¿quién dice que hay que democratizarlo? Siento que tiene un deje paternalista, hablo de la obsesión con proyectar el arte como lo bueno, lo que te va a hacer pensar… El consumo del arte no te hace ni mejor persona, ni más inteligente. Consumir una película de Netflix sólo es otra forma de consumo. Aparte, yo dudo que el arte esté democratizado. Hay cierta mentira meritocrática en él si quieres puedes ir; en realidad, hay que tener determinado capital cultural, dinero y tiempo para disfrutar de un museo. En las estadísticas del Reina Sofía se ve cómo el 60% de los visitantes tienen estudios superiores, el resto son visitas de colegio o turistas. Esto no me parece democrático.

Javier Correa, coeditor de Arte en la era digital y autor del relato Espectros ı Fuente: LinkedIn

P: Hoy, muchas obras de arte plástico ya no cumplen el motivo original de su creación. Su funcionalidad se reduce a ser observadas y ofrecer placer visual a los espectadores. Javier, en el relato Espectros el protagonista recuerda cómo a través de un videojuego pudo disfrutar de un sinfín de posibilidades en torno a la catedral que visita, mucho más allá de la mera contemplación como turista. ¿Abre la tecnología nuevos caminos que resuciten el arte fosilizado?

R Javier: Es un relato muy biográfico, fui a Florencia y me di cuenta de cómo cuando jugaba al Assasin´s Creed con mi hermano disfrutaba de múltiples posibilidades. Muchas veces visitamos un monumento y la sobresaturación de fotografías de este provoca decepción, ya no nos sorprende. Ahora, imagina visitar las ruinas de la Antigua Grecia con gafas de realidad virtual o ir a una iglesia que se ha convertido en discoteca techno… Sí pienso que aquí pueden surgir muchas cosas, los monumentos tienen que ser hijos de su tiempo. Tengo dudas respecto a dónde nos puede llevar todo esto en época de masificación turística de la mano del capitalismo, siempre hay una deriva peligrosa.

P: ¿Existe una forma correcta de participar en la obra de arte como espectador?
R Javier: Yo me quitaría la culpa, ningún cambio va a venir por un cambio individual. Después, es fundamental pensar en los efectos de lo que consumo, que cambian cuando desplazamos los objetos de su contexto pasivo y realizar un consumo activo, desindivualizado. Por ejemplo, en lugar de limitarnos a comprar una camiseta de un cuadro de Boticelli cuando salimos de un museo, la podemos convertir en un recuerdo especial pintándola nosotros mismos. También, sí nos entretiene mirar Tiktok, podemos sacar nuestro lado creativo al editar los sonidos, grabar vídeos con amigas… O, mismamente, si nos gustan programas como OT o La isla de las tentaciones, tratar de verlos en grupo, comentarlos y convertirlos en una actividad que recupere el sentimiento comunitario.

R Julia: Ambos creemos que la comunidad invierte realidades. Lo vemos en Cinema Paradiso, donde todo el pueblo consume arte, pero unen sus vidas a través de él. En el cine forjan lazos, los chicos crecen, comparten experiencias… es maravilloso.

P: Finalmente, ¿qué conclusión debe extraer el lector de Arte en la era digital? ¿estamos en un punto de no-retorno respecto a la experiencia artística del ser humano?

R Julia: Hay que habitar la situación, aceptarla y ser creativos con las alternativas. No estancarnos en la famosa frase de Jameson `es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo´. Para mí, el fin del capitalismo está en las acciones chiquitas que subvierten el estado de las cosas y ayudan a ver que hay otro mundo.

R Javier: Del libro se pueden sacar varias cosas claras. Primero, las vivencias con las tecnologías nos afectan distinto generacionalmente. A diferencia de nuestros padres, pocos de nosotros tenemos esperanzas salvadoras en el móvil. La obra parte de la sensación de cansancio, se pregunta ¿cómo hacer el cambio? ¿cómo logramos lenguajes plurales? Queremos seguir habitando el espacio digital, pero hay que desaturarlo.

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