Bajo una tela de azulejos y publicidad de Jabón de Sales de Carabaña y Cemento Portland, la estación de metro de Chamberí celebra los 16 años de su reinauguración
En la penumbra de las leyendas urbanas que dan color a la capital se encuentra el metro de Chamberí, una parada histórica congelada en el tiempo que hoy en día sirve como museo, pero que formó parte de los cimientos del transporte público de la ciudad. Esta no figura en los mapas, ya que su uso es meramente expositivo, pero guarda un rincón especial en el corazón de Madrid y de sus gatos.
Chamberí formaba parte de la primera línea de metro que atravesaba Madrid en el siglo XX, y se mantuvo en funcionamiento como una de las ocho estaciones de esta durante casi 50 años.
Metro Chamberí
Tras su apertura en octubre de 1919, la estación cubrió la distancia que entonces separaba Sol de Cuatro Caminos, y llegó a ser empleada como refugio y almacén de suministros durante la Guerra Civil Española. No obstante, con la reforma de la Compañía Metropolitana de Madrid, la Línea 1 fue ampliada, al igual que la longitud de sus trenes, y la estación que se encontraba entre Bilbao e Iglesia terminó por ser catalogada como “inservible” dentro del conjunto azul.

Fue clausurada en 1966, pero nunca destruida; y los trenes se vieron obligados a reducir su velocidad al circular a través de ella para no dañar su infraestructura, mucho más anticuada.
Esta velocidad propició leyendas urbanas sobre la parada, que ya estaba envuelta en un aura fantasmagórica debido a las anécdotas e historias para no dormir de los trabajadores que llevaban a cabo su rutina en el subterráneo de la capital; que se convirtió, con el paso del tiempo, en un ciudadano más.
Así lo reconocía Jorge Serrano, portavoz de Amigos del Metro de Madrid: “En la capital contamos las distancias en estaciones. Si no tuviera metro, Madrid sería otro Madrid».
Los agradecimientos por la reinserción de este residente han de ir dirigidos a Luís María González, responsable de Andén Cero y, por tanto, de la vuelta a la vida de uno de los vecinos del barrio.

La reforma
Con una inversión de cerca de 6,3 millones de euros, y una aportación de 800.000 euros anuales indispensables para su mantenimiento, la obra del arquitecto Antonio Palacios obtuvo una segunda vida el 25 de marzo de 2008, hace exactamente 16 años.
La reforma se activó en 2006 con el fin de que los pasajeros no tuviesen que asomarse a la ventanilla y entrecerrar los ojos para poder apreciar a uno de los testigos del siglo XX madrileño; y se alargó durante 18 meses en los que los principales esfuerzos se centraron en la limpieza y restauración de la publicidad de porcelana expuesta: el elemento más llamativo y distinguido de la parada.

No obstante, los muros, suelos y bóvedas también requirieron de intervención, y las humedades que se filtraban debido a las lluvias, fugas de agua y riegue de parques hicieron indispensable una segunda reforma en la primavera de 2018, convirtiendo la estación en un emblema y testigo de lo que un día fue la vida española.

Leyendas entre coche y andén
Pese a su clausura temporal, su gen anecdótico se mantuvo vivo en todo momento, alimentando los relatos de quienes afirmaban el avistamiento de fantasmas y voces extrañas en los andenes, y que se terminaron por convertir en las musas de novelas y libros como Chamberí y sus fantasmas, del propio Luís María González.
En este, González explica que los andenes de Chamberí fueron escenario de situaciones escalofriantes que oscilaban entre obreros que veían su trabajo deshecho de la noche a la mañana, y vigilantes y pasajeros que aseguraban haber visto a la niña del globo, antigua miembro del hospicio de Tribunal que fue arrojada a las vías y que, hasta 2010 y tras una intervención policial, paseaba por el metropolitano del barrio en busca de compañía.
Lo cierto es que durante su cierre sirvió como refugio para personas sin hogar, por lo que cabe la posibilidad de que fuesen aquellas “sombras” irreconocibles y las presencias avistadas que alimentaron el imaginario colectivo del barrio. Sin embargo, gracias a esto obtuvo su reconocido pseudónimo, y se fue nutriendo de un morbo castizo que aún 16 años después, atrae semanalmente a extranjeros y a ciudadanos que, por una mañana, deciden ser turistas en su propia ciudad.

Gracias a ella, viajar al Madrid de los años 60 es tan simple como reservar una visita guiada completamente gratuita en el corazón de la ciudad. No obstante, Chamberí ya no es la única antigua instalación de metro que admite visita: desde octubre de 2023, el antiguo vestíbulo de la estación de Pacífico se convierte en un viaje a 1966 y recibe al público el último sábado de cada mes.

