El último libro de Myriam M. Lejardi tiene un único objetivo: cautivar a toda la audiencia
La autora madrileña publicó el pasado mes de mayo su nueva novela, No Confíes En Asher Hall. Con ella, continúa su misión de recorrer todos los géneros que se propone, sin dejar el romance (uno de sus puntos más brillantes) de lado. Se ha adentrado en la fantasía más contemporánea con obras como Hellfriend, ha apostado por el crimen en el estado más puro con Hasta Que Su Muerte Nos Separe o demostró su maestría en la narrativa romántica con Tres (No) Son Multitud. A pesar de disponer de opciones tan variadas en su catálogo, Myriam M. Lejardi sigue consiguiendo encontrar nuevas miradas que explorar. En este caso, bajo los apasionantes focos de un reality show.
Un formato cautivador
No Confíes En Asher Hall presenta desde el primer momento una propuesta muy interesante. Un reality con una docena de concursantes encerrados dentro de una casa que tienen que interactuar entre sí para conseguir puntos. A través de un sistema de nominaciones y una gran prueba final (diferente para cada concursante), los espectadores acabarán eligiendo al ganador o ganadora de este programa: Trickster. Una propuesta que cautiva desde el primer momento y a la que la autora es muy fiel.
Myriam M. Lejardi no utiliza este reality como una excusa para poder desarrollar la historia, sino que es el elemento vertebrador y consigue cautivar al lector. Al igual que sucede con los formatos de telerrealidad de mayor éxito, Trickster tiene unas reglas muy bien delimitadas que se llevan hasta el final, sin excepciones. Esto hace que el lector no pueda parar de fijarse en todo lo que sucede, planteándose hasta dónde estarán dispuestos a llegar los personajes y qué valores sacrificarán a cambio de unos cuantos puntos.
A medida que avanza la novela, las pruebas para conseguir puntos se vuelven más extremas, acaparando más y más la atención del espectador. Y en un ejercicio muy orgánico de coherencia interna, este aumento de la atención se cuantifica, poniendo entre capítulos las cifras de audiencia que alcanza este hipotético formato. Un detalle que pasará desapercibido para algunos, será incluso tedioso para otros, pero que demuestra la delicadeza con la que se ha diseñado este particular ecosistema televisivo.
Las estrellas del programa
No hace falta ser un amante acérrimo de la telerrealidad para tener muy claro un aspecto: sin estrellas, no habría programa. Ningún reality funcionaría sin sus arquetipos bien definidos: la buena al borde de la corrupción, el seductor con doble moral, el villano encantador… Figuras preestablecidas que en sí mismas carecen de identidad o interés. Pero Myriam M. Lejardi es capaz de recoger las convenciones de estos formatos y darles una vuelta, generando personajes realmente poliédricos.
Sin lugar a dudas, Asher Hall es el ejemplo perfecto de esta realidad. Ya desde el título del libro, la obra invita al lector/espectador a no confiar en este personaje. Sin embargo, la perspectiva personal desde la que se narran los acontecimientos hacen que se convierta en difícil aferrarse a algo que en principio debería ser tomado como una verdad universal. Asher Hall es gris, y probablemente leer todos los acontecimientos de la novela no cambia la realidad: no es una persona de fiar. Sin embargo, la narración hace que la confianza o su ausencia pasen a un segundo plano, dejen de importar tanto.
Remi Evans, la protagonista y narradora principal de la historia, no se queda atrás. Lo sencillo sería que, frente a un personaje tan bien delimitado como el de Asher Hall, Remi acabase terminando en un segundo plano. Fuese definida únicamente a través de sus interacciones con él. Por suerte, Myriam M. Lejardi es mejor que eso. Remi acaba protagonizando no solo la novela o el reality, sino un arco de evolución que no deja indiferente. Si esa evolución es positiva o supone un detrimento para el personaje y sus valores, ya es algo que queda a juicio del lector. Porque ni ella, ni Asher ni ninguno de los demás personajes van a preocuparse por la frontera entre lo correcto y lo incorrecto.
¿Deberíamos confiar en Asher Hall?
Al terminar el libro, y sin ninguna intención de hacer un spoiler, la respuesta queda clara. Pero no vamos a hacernos eco de ella en esta reseña. Asher Hall es importante, pero la pregunta realmente fundamental es otra: ¿deberíamos confiar en Myriam M. Lejardi? Por supuesto que sí. Tal vez parezca una respuesta demasiado tajante, pero tras No Confíes En Asher Hall, Myriam M. Lejardi no se merece menos.
No lo tenía fácil. Esta nueva propuesta se distanciaba radicalmente de todo lo que había hecho. Además, se enfrentaba a una comparativa obvia. Hace menos de un año sus amigas Iria y Selene publicaban Imperio, una novela que también gira alrededor de un reality televisivo (aunque de corte más futurista). Con su nueva novela, Lejardi no solo ha esquivado en gran medida las comparaciones, sino que ha logrado brillar en un margen que en principio no le pertenece. Ha cautivado la mirada de quien la lee, una vez más. Asher Hall podrá ser de fiar o no. Pero lo que está claro es que Myriam M. Lejardi nunca decepciona.

