Ante el crecimiento desmedido del mundo del podcast, es complicado encontrar las joyas ocultas. Para eso nace este espacio
Es paradójico. Cuantos más podcasts aparecen, más difícil resulta encontrar aquellos que merecen la pena. Podcast. Podcast. Podcast. Podcast. Podcast. Y así podría seguir, y rellenar el artículo escribiendo la palabra podcast tantas veces como podcasts se crean en un solo día. Quién no conozca a alguien que haya participado en uno, que hable ahora o que calle para siempre. Vivimos rodeados de ellos.
A posteriori, es sencillo encontrar razones que expliquen su éxito. La primera: las grandes plataformas están apostando por el formato; en especial Spotify. La empresa sueca ya se anuncia como Music and Podcast, ha llegado a pagar más de doscientos millones —según The New York Times— para tener la exclusividad del contenido de Joe Rogan, y hace semanas se alió con Patreon para integrar la plataforma.
La segunda: los oyentes han perdido el miedo a crear sus propios episodios. Lo sencillo de su producción permite que cualquiera pueda empezar su propio podcast. Llaman la atención casos como el de Cris Blanco, host de Como Si Nadie Escuchara, quien —grabando con un móvil desde su habitación— ha conseguido situarse como el podcast más escuchado en España. O el caso de La Pija y La Quinqui, que ha llegado a grabar con Pedro Sánchez en plena campaña electoral, mientras las cadenas de televisión se peleaban por unos minutos con los candidatos.
La tercera: el formato. En la era de la inmediatez, episodios que pueden durar horas han conseguido hacerse hueco. Pero tiene truco, un podcast puede escucharse corriendo, planchando, conduciendo, paseando; lo que da una sensación de productividad que engancha tanto como lo inmediato.
La cuarta: es un formato de masas y de nichos. En los tops de más escuchados conviven nombres como The Wild Project, que charla con personajes de actualidad, con otros como Memorias De Un Tambor, que repasa acontecimientos históricos en episodios que llegan a las seis horas de duración, o como Undercut a De Vries, para seguidores de la Fórmula 1.
Es evidente. Ya no podemos obviarlos. Sin embargo, ocurre algo extraño con los podcasts: se esconden muy bien. Es probable que los algoritmos de recomendación no estén del todo depurados o que nos cueste lanzarnos a escuchar uno sin que nos lo hayan recomendado de primera mano. Para (tratar de) encontrar las joyas ocultas, donde quiera que se encuentren, nace este espacio: la Mina del Podcast.


