Un día como hoy hace 27 años, la «Princesa del Pueblo” Lady Diana Spencer fallecía en un trágico accidente automovilístico
Su carácter amable y tímido, la cariñosa relación que siempre tuvo con sus hijos y su férreo compromiso con las causas más marginales de la sociedad la popularizaron mundialmente durante su vida y la han convertido en un icono de la cultura británica tras su muerte.
Los orígenes e infancia de Lady Diana
Nacida el 1 de julio de 1961, la futura princesa de Gales pertenecía a una de las familias aristocráticas más antiguas y prestigiosas de Inglaterra. Entre sus antecesoras, destacan la excéntrica Lady Georgiana Spencer (1757-1806), duquesa de Devonshire, y otras Lady Diana Spencer, relacionadas con el linaje Churchill. Con un árbol genealógico tan conspicuo, no es de extrañar que su familia mantuviera una estrecha relación con la casa real, ni que sus abuelas, la condesa Spencer y la baronesa Fermoy, fueran ambas damas de honor de Isabel II.

Diana fue la cuarta hija de John Spencer, VIII conde de Spencer, y Frances Ruth Burke Roche, vizcondesa Althorp. El divorcio de sus padres en 1967, la pésima relación con su madrastra y la poco sentimental manera de ser británica marcaron la personalidad de Diana, que desde pequeña se caracterizó por ser reservada y afectuosa. A partir de los nueve años, asistió a una escuela privada londinense en la que no sobresalió como estudiante, pero demostró tener talento para las actividades deportivas. Nunca se inscribió a la universidad, aunque fue la primera esposa real en tener un trabajo antes casarse, como niñera y profesora de guardería.
Un matrimonio tortuoso
Con solo 20 años de edad, el 29 de julio de 1981 se casó con el príncipe Carlos, heredero al trono. La pareja se conoció cuando él tenía 29 años y mantuvo una breve relación con la hermana mayor de Diana, Sarah. Cuando se reencontraron tres años después, la presión de encontrar una mujer digna del título de princesa hizo que Carlos se interesase en la joven. Sin embargo, el corazón del príncipe pertenecía a Camila Shand, que había sido rechazada por la familia real y estaba casada con el militar Andrew Parker Bowles.

El cuento de hadas pronto torno en pesadilla. Las diferencias de la pareja, cuyo noviazgo se había compuesto únicamente de 13 encuentros, eran insostenibles. Tras 11 años de matrimonio, en el que destacan el nacimiento de sus dos hijos, William y Harry, las relaciones extramatrimoniales del príncipe con Camila y un escrutinio en la vida privada de Diana exacerbado por parte de los tabloides, la pareja real decidió separarse en 1992. Los papeles del divorcio se firmaron finalmente en 1996.
Un espíritu libre y caritativo
En la ceremonia nupcial Diana decidió no pronunciar el tradicional voto de obediencia que sus predecesoras habían jurado a sus maridos. Esta faceta rebelde de la princesa fue uno de los factores que la hicieron tan atractiva a los ojos del pueblo inglés, que veían en ella una figura real más moderna y genuina. Siempre estaba dispuesta a romper las rígidas reglas protocolarias para mostrar afecto a sus hijos. Los fotógrafos capturaban frecuentemente besos y abrazos, además de excursiones con las que Diana trataba que William y Harry vivieran una infancia normal.
Es imposible olvidar el amplio trabajo filantrópico con el que ayudó a miles de desfavorecidos. Un ejemplo de su infinita amabilidad fue el apretón de manos que dio a un enfermo de VIH durante la inauguración de la primera unidad especializada en sida de Reino Unido. Esta espontaneidad y cercanía fue determinante para desmontar la creencia de que el virus pudiera contagiarse por contacto, contribuyendo así a desestigmatizar a los afectados por la letal epidemia.

La «Princesa del Pueblo» aprovechó su popularidad para visibilizar graves problemas sociales. Fue madrina de innumerables asociaciones benéficas y acompañó a importantes activistas y personalidades, como Nelson Mandela o la Madre Teresa de Calcuta, en la lucha por un mundo mejor.
Lady Diana, un icono de moda siempre bajo los flashes
Aún hoy, el estilo de Lady Diana sigue causando admiración. La elegancia y funcionalidad de su forma de vestir marcaron tendencia en su momento y ahora forman parte de su leyenda. Su esperado vestido de novia, con miles de pliegues, mangas abullonadas y cola kilométrica; el polémico revenge dress con el que apareció tras su separación o sus cómodos outfits para hacer recados han pasado a la historia.
Su popularidad solo iba en aumento. Las fotografías inéditas de la princesa eran muy codiciadas entre los paparazzi, que violaban diariamente su derecho a la privacidad y propia imagen. La constante persecución de fotógrafos y los titulares sensacionalistas empeoró su salud mental y provocó problemas de la conducta alimentaria, depresión y ansiedad.
Una muerte temprana
Desgraciadamente, en la madrugada del 31 de agosto de 1997 en París, después de cenar en el Ritz junto a su pareja Dodi Al-Fayed, Diana fallece en un accidente automovilístico. La noticia conmocionó al mundo entero y Reino Unido se tiñó de negro. Durante su funeral, la reina Isabel II no logró contener las lágrimas y el reconocido músico británico Elton John modificó su canción Candle in the wind (anteriormente dedicada a Marilyn Monroe) en su honor.
Con esta ceremonia los ingleses se despidieron de la «rosa de Inglaterra», pero su recuerdo sigue vivo en sus corazones. En los últimos años, su bondad, sencillez y labor humanitario, así como su fragilidad y sensibilidad, han inspirado películas como Diana (Oliver Hirschbiegel, 2013) o Spencer (Pablo Larraín, 2021), además de la cuarta y quinta temporada de la aclamada serie The Crown (Peter Morgan, 2016-2022). Hoy, como cada 31 de agosto, lloramos su pérdida y agradecemos su legado.


