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El Rey de Harlem: una editorial «en los márgenes»

Ejemplo literatura social e independiente, nos cuenta su visión del mundo y sus perspectivas editoriales

La tarde en Torrevieja podría ser más calurosa, pero el viento ejerce de refresco y hace que no quemen los rayos de este primer sol de primavera. La Feria del Libro, situada en el paseo de Vistalegre de la localidad alicantina, tiene ya todas sus casetas abiertas. Me detengo en una caseta, pequeña, con libros que no conozco y que está decorada con una bandera del colectivo LGTBQ+ cuyo centro reza en letras negras Editorial El Rey de Harlem.

Como buenos vendedores, rápidamente Elena Flores (editora de este pequeño proyecto) y su padre, me hablan acerca de cada publicación y las intenciones que hay detrás de la misma. Llegado este punto, justo cuando me están mostrando el compendio de relatos Coloquio de resistencia, empiezo a pensar que estoy ante algo digno de ser noticia.

Me llama la atención todo cuanto veo y me pueden contar, así es que, sin vacilar mucho, me emplazo con Elena en esta misma caseta dos días después, al mediodía. Esta vez está ella sola. Por la mañana, la Feria del Libro de Torrevieja (que es la primera a la que acuden esta temporada) tiene menor afluencia, así es que podemos charlar con calma.

Cucharas que crujen

Al entrar a la página de la editorial, en la pestaña sobre nosotros, lo primero que podemos leer es que la editorial viene de una noche “en la que crujían las cucharas”. Elena me cuenta que todo en la editorial, desde el nombre hasta esa descripción, gira en torno al poema El Rey de Harlem, de Federico García Lorca. Toda una declaración de intenciones. Este poema central de Poeta en Nueva York es un alegato contra la discriminación racial en los Estados Unidos de 1929. Las cucharas que crujen son vivencias que hacen que no se viva a gusto, y que, como me cuenta Elena, encuentran su alivio mediante la literatura.

Los autores llegan “de todas las formas”, con movimiento por redes sociales, ya que trata de ser “bastante activa” en la publicación de contenido. Las editoriales independientes, a fin de cuentas, sólo se tienen a sí mismas. En este caso, el escritor novel “suele llegar más a través de ferias como esta”, ya que las librerías “no son los máximos expositores” porque “de todos los libros que hay, encontrar justo el nuestro es más difícil”.

Comunidad y comarca

Es llamativo observar cómo, respecto a las ferias del libro y los autores, Elena me habla de “comunidad”. Las ferias del libro “son puntos comunitarios”, porque el autor entra en contacto con el editor y con el lector, de tú a tú. Para lanzar un proyecto editorial que hable de comunidad, hay que conocer la máxima expresión de comunidad y ahí es donde entra lo rural. Es por ello que Elena, pese a haber nacido en Madrid, ha decidido comandar este proyecto desde Benagalbón , en la Axarquía (Málaga).

De abuelos que migraron a la capital quiere demostrar, volviendo al pueblo que tuvieron que dejar, que “la cultura no sólo está en Madrid o Barcelona”, sino que también está “en los pueblos que un día fueron despojados de su fuerza”.

Es un homenaje a su familia, me cuenta, pero también una forma de demostrar que “aún viviendo en la ciudad, nuestra esencia es el campo”. Así lo demuestra el cuento María, pies de zanahoria, libro que inauguró la editorial.  “Es la reivindicación de que no todo está centralizado”. Porque, como me dice, en Madrid “te sientes como una hormiga”, pero en el campo “puedes crear y dejar que otros creen”.

“Desde una casa en el campo se vende poco”

Pese a todo lo bonito que tiene la reivindicación de lo rural, Elena me confiesa que “desde el campo se vende poco”. Tras etapas más creativas o de parón, le toca “hacerse la tournée” y recorrer de feria en feria todo el Estado. En Madrid “hay 800 eventos al día y, si eres espabilado, tienes tu red de librerías amigas, que te acogen cuando quieran”. Sin embargo, trabajar desde Benagalbón “implica planificar y calendarizar, con un desembolso importante de dinero y de tiempo”. Aunque, me cuenta que “al ser un proyecto chiquitito, todo puede articularse mejor.

En ese sentido se contenta con saber que la editorial “no es lo que tiene”, sino “lo poco que necesita [para ser]”. Lo que busca El Rey de Harlem no es crecer a un ritmo frenético, sino aportar. “El valor de las personas y de los proyectos no reside en su capacidad de ser enormes, sino en lo que aportan a los demás”. Esa es la magia, no solo de la casa de campo, la calma o la cercanía editorial. La magia de El Rey de Harlem es que busca aportar “semillas de cultura que crezcan bien”. En ese “crecer bien” no encaja crecer mucho o dar lugar a una copiosa cosecha.

Proyectos pequeños: tendencia y dificultad

Con esta apología de la comunidad, no puedo evitar retrotraerme a otros proyectos culturales como Versándonos, en Madrid. Tienen en común que buscan comunidades pequeñas, no saltar al mainstream. “Al final, la cultura se basa en la comunidad”. Más ahora que “cualquier persona tiene el derecho y la posibilidad de crear, de ser el artista que, en otro momento de la historia, no hubiese podido ser”.

Los espacios de creación artística, pequeños, con la finalidad única de crear en unión, le recuerdan “a las señoras que salen con su silla a tomar el fresco en verano”. Son “ese campo que no todos podemos tener en nuestra vida, pero que vive en nosotros”. Sobresalir dentro del mundo del arte es difícil, pero nunca es tarde para empezar. “No hace falta recorrido, hacen falta ganas, y a veces es difícil, porque estamos en la época de la benzodiacepina”.

Ser altavoz

La labor editorial de El Rey de Harlem, que afirma ser “resistencia y hacer activismo”, pasa por visibilizar a “la otredad”. Siguiendo la estela de Poeta en Nueva York, buscan “ser altavoz” (que no dar voz, ya que, como dice Elena, “todos tienen ya su propia voz, yo no estoy para dársela”). Altavoz de voces oprimidas, silenciadas, El Rey de Harlem publica narrativa, poesía, ensayo y cuentos.

Literatura infantil, transversalidad y educación en valores

La editorial se inauguró con el cuento infantil María, pies de zanahoria. Este cuento habla acerca de una niña con dos madres, una blanca y una negra, que, además siente tanto amor por los animales que elige no comerlos.

Elena, además de editora, es escritora, y profesora. Por eso, me cuenta que “los profesores son los primeros influencers”. Por eso, mediante los cuentos, se necesita enseñar de manera simple a los pequeños cómo es el mundo en el que viven. La literatura transversal en la infancia es la forma de mostrar las caras del mundo, “y tienen que estar todas”. En una época en donde la diversidad es visible, “tenemos que crear arte que haga visible la diversidad”.

Los cuentos infantiles no son literatura al uso, siempre tratan de educar inconscientemente. “El niño ve la aventura, pero de adulto puede leer las emociones”. Con la necesidad de nombrar que tienen los niños, la literatura es la “forma de ayudar al niño a aprender de todo”. Como relectura del pasado, Elena apunta que “los cuentos clásicos educan desde el miedo” y busca “un desarrollo más positivo de las moralejas”.

Sobre la oscuridad

Para todo proyecto independiente y con ánimo de visibilizar minorías, es evidente que vienen tiempos difíciles. Hablando sólo en términos de visibilidad LGTBQ+, en lo que va de año ya se contabilizan hasta 8 agresiones LGTBfóbas. El Rey de Harlem plantea una literatura social, subversiva, que no encaja en los crecientes discursos de odio.

Elena admite que no suele hablar de política, porque cree que “la cultura está por encima”. No es que vengan tiempos convulsos “es que ya están presentes”. Por eso, tiene la convicción de que “frente a ese odio, nuestras palabras y nuestras plumas”. Nadie va a dejar de sentir lo que vive, por eso, lo personal seguirá siendo poético. “La cultura ayuda a paliar el odio”, para eso, afirma que “hay que unirse”. Volviendo a la idea del inicio, “volvemos al sentido de comunidad, tenemos que ser manada”.

Y es que, gracias a estos pequeños proyectos, podemos ampliar la literatura “en los márgenes”. Al término de la entrevista, con el sol, sin aire, pegando con fuerza en Torrevieja, nos quedamos charlando aún más rato. Elena es de esa gente con la que puedes charlar desde lo sencillo, hasta lo más complejo a nivel cultural. Elena y El Rey de Harlem son una muestra poderosa de lo que el mundo editorial puede ofrecer fuera lo mercantil. Me vuelvo a casa tranquilo, sabiendo que dejo los párrafos reivindicativos en buenas manos.

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