El true crime en clave de comedia de Jorge Ponce y Javier Valera, que se estrena el 18 de octubre en Prime Video, se queda en el intento de introducir un formato innovador en España
La curiosa historia de Medina: el estafador de famosos, resulta tan surrealista que parece increíble que haya ocurrido en la vida real. Encarna a la perfección la frase la realidad supera la ficción.
La propuesta de Jorge Ponce tenía el potencial de convertirse en el salto ideal hacia un formato novedoso en España: un true crime cuya principal apuesta es la comedia para hilar la trama. «True crime» entre comillas, pues este criminal que se hace llamar Antonio Medina no es ningún asesino. Como lo describen muchos testigos en la serie, es un tipo astuto que ha logrado, durante 20 años, estafar sumas de entre 20 y 50 euros a personalidades reconocidas del panorama español.
La apuesta de Prime Video
Medina: el estafador de famosos estaba originalmente planificada para tener seis episodios. Prime Video decidió reducirla a cinco, con una duración de entre 35 y 40 minutos cada uno. Tras el visionado de los tres primeros episodios, la decisión de Prime Video se vuelve comprensible, e incluso podrían haber acortado a cuatro. Aunque la premisa tenía buena proyección, la ejecución no termina de convencer.
Jorge Ponce lleva el hilo conductor de todos los episodios, convirtiéndose prácticamente en el protagonista. Su lenguaje, en ocasiones difícil de descifrar, encaja a la perfección con el estilo ambiguo que se le ha dado a la docuserie. Esta ambigüedad deja al espectador en constante duda sobre cuándo están haciendo humor y cuándo se centran en la realidad. Esto es lo que buscaban conseguir pero, se abusa demasiado de este doble juego entre la realidad y la ironía. Aun así, hay mucho mérito en momentos clave en los que se utiliza un humor absurdo muy divertido, que resulta incluso inteligente.
Muchos, demasiados testimonios y recreaciones dramáticas
El primer episodio arranca con el testimonio del propio Jorge Ponce, quien a su vez introduce al personaje de Antonio Medina y su objetivo de encontrar su paradero. También se van intercalando los relatos de diversas celebridades, como Héctor de Miguel, Andreu Buenafuente, Dani Rovira, Joaquín Reyes, Nathalie Seseña y Lorena Castell, quienes fueron víctimas de las estafas de Medina entre los años 2002 y 2023. La conclusión que todos los participantes y estafados presentan es que él es un tipo inteligente. Algunos incluso lo comparan con la profesión del actor, sugiriendo que merece ser recompensado por su habilidad para manipular y engañar.

Los testimonios revelan el ingenioso mecanismo que utilizaba el estafador de celebridades para engañar a sus víctimas. Todo comenzaba con un amigable y cercano ¿Te acuerdas de mí?, seguido de su presentación como cámara de uno de los programas en los que trabajaba su víctima. A partir de ahí, cambiaba su historia y narraba tragedias distintas cada vez; en ocasiones mencionaba que su hija padecía la enfermedad de los huesos de cristal, en otras que su hija lesbiana estaba ingresada por una agresión de un grupo nazi, o hablaba sobre su mujer fallecida y su hija con ELA.
Estos testimonios están dramatizados e interpretados por actores, lo que inicialmente resulta interesante y atractivo para el espectador. Esta elección es una apuesta bastante acertada para dinamizar la narrativa y están grabados de manera muy profesional; Ponce menciona que buscaban un estilo “David Fincher”. Sin embargo, la idea no logra consolidarse del todo, pues estas recreaciones se vuelven excesivamente repetitivas. La combinación de esto con numerosos testimonios casi idénticos conduce a un resultado un tanto monótono.

Un equipo más interesante que la propia trama
La otra parte del documental es la que sigue al equipo de Ponce: periodistas de investigación, guionistas, productores, detectives privados, etc. Estas interacciones resultan muchas veces más atractivas y entretenidas que la trama de Medina.
Es bastante cómico ver el contraste de Borja, el guionista, y Ponce. Borja es muy reactivo y se cuestiona constantemente si la serie tiene suficiente contenido para avanzar la trama. Jorge es más proactivo e intenta estar positivo a pesar de las continuas dificultades que se les van presentando. Esta es la parte más natural y humana de la serie, y los conflictos que se crean entre el equipo son lo que verdaderamente mantiene el interés cuando la trama principal pierde fuerza.

Además, se desarrollan un par de subtramas dentro del equipo de producción, como la existencia de un rodaje ecológico y los constantes problemas con el trabajo de los detectives contratados. Aunque al principio pueden parecer tramas secundarias, en realidad son lo que realmente impulsa la narrativa del capítulo hacia adelante.
Medina: el estafador de famosos utiliza un esquema clásico
La serie presenta claras inspiraciones en elementos clásicos de las típicas series de detectives: el inconfundible tablero de evidencia criminal con fotografías y pistas del caso interconectadas por un hilo rojo, música de suspense, un ambiente frío y sombrío en las recreaciones, y un final abierto en cada capítulo que busca generar intriga para el siguiente. Sin embargo, se queda a medio camino, ya que no logra despertar ningún tipo de interés real. Aunque deja un interrogante final, al ver el siguiente capítulo te das cuenta de que la dinámica se mantiene igual. No introduce ninguna novedad. Cada final parece más un intento de clickbait que una verdadera invitación a seguir viendo.
En el segundo episodio de Medina: el estafador de famosos, el equipo continúa su investigación sobre la identidad de este misterioso personaje, entrevistando a testigos y explorando en qué programas podría haber trabajado, como el icónico Desperado Club Social de 1999. Entre los testimonios destacados de este capítulo se encuentran celebridades como Eduardo Aldán, Kika Miró y Manuel Gil.
Un acierto notable de este episodio es la forma en que se muestra el ingenio del equipo para incluir declaraciones de las que no habían obtenido los derechos, como la de Iker Jiménez en Cuarto Milenio. En los últimos minutos del capítulo, se presenta una premisa que sí que podría alterar el rumbo de la investigación. Esta está relacionada con un programa muy famoso de la televisión española que también muestra interés en la figura de Antonio Medina.
Un futuro incierto
El tercer capítulo marca un pequeño punto de inflexión. Introduce un cambio en el esquema presentado en los episodios anteriores con la aparición de un programa competidor. Esta nueva dinámica altera la forma de actuar del equipo, lo que lo convierte en un segmento mucho más entretenido.

Uno de los momentos más divertidos incluye escenas en las que participan en la investigación “los amigos de Jorge Ponce”: David Broncano, Ernesto Sevilla, Carolina Abril, Samantha Hudson y María Galiana, entre otros. Aquí se siente el verdadero humor, ese que provoca sonrisas inconscientes. Este capítulo es, precisamente, el que renueva la esperanza sobre el ritmo que tomará la serie de ahora en adelante.
Los dos episodios finales serán cruciales para determinar si la serie culmina en un éxito o no. Si logran mantener el enfoque dinámico y entretenido del tercer capítulo, hay muchas posibilidades de que el resultado sea positivo. Sin embargo, hay aspectos relacionados con la fluidez de la trama que podrían mejorarse. También personajes a los que se les podría haber sacado mucho más provecho, como las periodistas de investigación o el psicólogo experto.


