La obra del británico Ken Follett adaptada a los teatros sorprendió gratamente al escritor, que acudió el pasado miércoles a su estreno en la Gran Vía de Madrid
El pasado 20 de noviembre se estrenó en Madrid el musical Los pilares de la tierra, una de las novelas históricas más populares de las últimas décadas. Esta ambiciosa producción puede disfrutarse en el teatro EDP de Gran Vía hasta el 2 de marzo de 2025.
Una trama medieval llena de conflictos y pasiones
El musical Los pilares de la tierra presenta de manera idéntica la trama del primer tomo de la exitosa saga de cinco libros, todos ellos referentes de la novela histórica a nivel mundial. Nos traslada a la Inglaterra del siglo XII, durante el período de la anarquía inglesa. Este relato épico sigue la vida de Tom Builder, un curtido albañil cuyo sueño es erigir una catedral en la ciudad de Kingsbridge. La obra refleja la lucha por la supervivencia en una época marcada por el caos, donde el priorato emerge como un símbolo de esperanza y ambición arquitectónica.
La historia explora los desafíos personales y sociales en un contexto de violencia feudal, intrigas políticas y enfrentamientos de poder entre nobles, reyes y la Iglesia. Los conflictos constantes ponen a prueba los sueños de Tom y de quienes le rodean. En medio de un paisaje de muerte, pasión y ambición, la construcción de la catedral se convierte en el núcleo que une y confronta a los personajes, reflejando la resistencia y el ingenio humanos frente a la adversidad.
El elenco que da vida a los personajes de Kingsbridge
En el musical Los Pilares de la Tierra, el escenario cobra vida gracias a actores talentosos que dan forma a los personajes más emblemáticos de la obra de Ken Follett. Teresa Ferrer se pone en la piel de Aliena de Shiring. A su lado, Javier Ariano interpreta a Jack Jackson, el joven soñador cuyo destino se cruza con el de Aliena en una historia marcada por el amor y la ambición. Noemí Mazoy y Julio Morales dan vida a Ellen y Tom Builder, respectivamente. Javier Ibarz interpreta al intrigante Waleran Bigod. Álex Forriols da vida al oscuro William Hamleigh. Gustavo Rodríguez se pone en la piel de Philip y Noelia Cano da vida a Matilde.
El elenco se completa con la presencia de Guillermo Pareja y Rodrigo Blanco Rey, quienes interpretan a personajes secundarios pero esenciales para el desarrollo de la trama, como Alfred Builder, el hijo de Tom, y Esteban. Se debe mencionar también al equipo creativo de la productora Beon Entertainment. El productor ejecutivo es Darío Regattieri, el compositor es Iván Macías y el libreto de Félix Amador.

Mucha fuerza narrativa pero, carencias técnicas
El amor desempeña un papel fundamental como motor emocional de la narrativa y contrapunto a las luchas de poder y los conflictos políticos que dominan la historia. El afecto y el compromiso entre los personajes les impulsa a resistir las adversidades y, además, les conecta con sus sueños más profundos. Las canciones que interpretan los actores acompañan esta idea central, con temas recurrentes como el amor prohibido, la libertad para amar o el dolor de la pérdida de un ser querido. Cabe destacar que la interpretación vocal tiene un fuerte matiz operístico, pues hacen un uso abundante del vibrato característico de este género. Incluso, en algunos momentos, evoca el canto gregoriano propio de la Edad Media.
Sin embargo, el resultado global se ve considerablemente comprometido por las deficiencias en la calidad del sonido. En diversos momentos de la representación se pierde el hilo de la narrativa debido a los fallos técnicos de los micrófonos. Estas dificultades impidieron que los actores desplegaran plenamente su capacidad vocal e interpretativa y limitaron el impacto emocional y artístico de su actuación.
Una escenografía sensorial
El diseño de vestuario, en su mayoría, era bastante sencillo. No lograba transmitir plenamente la atmósfera medieval propia de la época. Sin embargo, esta carencia fue compensada por la escenografía cuidadosamente elaborada, que logró sumergir al público en la ambientación deseada. Elementos como proyecciones visuales, estructuras detalladas y el uso estratégico de humo y luces se extendieron por todo el teatro. Se construyó una experiencia visual y sensitiva envolvente que reforzó el contexto histórico de la obra.
Todos estos recursos conectan al espectador con la narrativa. Le hacen sentir como si estuviera experimentando los acontecimientos en primera persona. Desde el comienzo, la obra destaca por su carácter inmersivo: los actores irrumpen por los pasillos, las butacas vibran y otros efectos recrean de manera impactante escenas dramáticas. Esta combinación de elementos sensoriales logra envolver al público en una experiencia teatral única y memorable.

El teatro inmersivo
El teatro inmersivo se caracteriza por su determinación en que el público tenga una participación activa dentro de la obra. En el teatro más convencional los espectadores se limitan a sentarse en la butaca y observar. Los pilares de la tierra se puede considerar un musical inmersivo, puesto que invita a los espectadores a interactuar con el entorno escénico. No toman decisiones ni contribuyen a la trama, pero sí que son capaces de integrarse en el mundo ficticio de la obra gracias a los efectos especiales y a la iluminación que envuelve todas las paredes de la sala, incluidas las más cercanas a las butacas.
Escrito por Andrea Enríquez e Irina Olivares

