Waltzing with Brando (2024, Bill Fishman) ha sido la película de cierre del Festival de Cine de Turín
Como Edén (2024, Ron Howard), la película de apertura del festival, Watzing with Brando nos transporta a la paradisiaca Polinesia Francesa para descubrir la figura de Brando y su visión ambientalista.
En 1969, el actor Marlon Brando convenció al arquitecto Bernard Judge para diseñar un hotel íntegramente sostenible en una isla remota de Tahití. Este proyecto fue el principio del activismo por la defensa del medioambiente en Hollywood y el inicio de una larga amistad entre Brando y Judge.

«Brando no era fan de los mensajes en las películas, pero para nosotros era importante por los tiempos en los que vivimos. Así que, sin querer sermonear ni ser paternalistas, estaba muy presente en nuestras mentes que hubiera sido un precursor de tantas temáticas sociales. Defendía los derechos de los nativos americanos y los derechos civiles. El hecho de que pudiera comprender la importancia del ambientalismo en el año 69 y de imaginar los riesgos que corría es extraordinario«, explica el actor Billy Zane, conocido por sus papeles en Calma Total (1988, Phillip Noyce), The Phantom (1996, Simon Wincer) y Titanic (1997, James Cameron). En Waltzing with Brando, ofrece una impecable interpretación del legendario actor.
Brando, un actor activista
Los papeles rebeldes que caracterizaron la primera etapa de la carrera de Marlon Brando (Salvaje (1953, László Benedek), La ley del silencio (1954, Elia Kazan)) daban pistas de su inconformismo social y su inmenso talento. La «antiestrella» de Hollywood se enamoro de Tahití cuando rodó Rebelión a bordo (1962, Lewis Milestone) y se retiró temporalmente de la actuación para vivir con su tercera esposa, Tarita Teriipia, en Tetiaroa, una diminuta isla tahitiana que adquirió.
Fue la necesidad de recaudar dinero para construir un santuario ecológico en la isla lo que le impulsó a dar vida a Paul en El último tango en París (1972, Bernardo Bertolucci) y Vito Corleone en El Padrino (1972, Francis Ford Coppola), con el que ganó su segundo Oscar (el primero lo consiguió por su actuación en La Ley del Silencio en 1955). Sin embargo, lo rechazó en defensa de los derechos de los nativos americanos.

En Waltzing with Brando, Zane recrea a la perfección estas actuaciones, tanto que el director Bill Fishman afirma no haber podido diferenciar la fotografía de referencia con la pantalla de la escena que estaban grabando. «Reconocí algo instintivo en mí mismo, en su trabajo. Desde que comencé a actuar con 18 años, la gente hacía comparaciones con sus interpretaciones y seguramente él ha dado forma a algunas de mis interpretaciones, como de muchos otros actores. Ha sido una inspiración para tantos de nosotros», razona Zane.
Waltzing with Brando, una comedía sobre temas alarmantes
Fishman cuenta que se inspiró en ¿Teléfono rojo? Volamos hacía Moscú (1964, Stantley Kubrick) para enseñar la visión de Brando y sus preocupaciones: «En la obra de Kubrick, debido a que el mundo está a punto de explotar, es casi cómica la locura de la situación. Pensé que Marlon Brando podría haber adoptado esta perspectiva, porque también nosotros estamos trabajando en la destrucción del mundo. Creo que el mensaje llega, pero de un modo ligero y divertido«.

Waltzing with Brando ha sido el perfecto final del Festival de Cine de Turín, que ha dedicado esta edición al artista con motivo del centenario de su nacimiento. A lo largo de la retrospectiva de su carrera, Turín ha admirado la destreza de Brando y ha aprendido sobre su batalla por el respeto medioambiental y la igualdad civil.


