La comunidad conmemora su fiesta regional el 23 de abril en Villalar de los Comuneros
Cada 23 de abril Castilla y León celebra su día. La fiesta de esta región se caracteriza por su marcado carácter reivindicativo, algo que concuerda con los orígenes de la celebración. Los castellanos y leoneses se juntan en Villalar de los Comuneros, municipio vallisoletano, para conmemorar un hecho histórico que marcó la identidad de la comunidad: la derrota comunera en 1521.
La Guerra de las Comunidades
En 1518 llega al poder de la Corona de Castilla un nuevo rey: Carlos I de España. Este joven era el hijo de Juana I de Castilla, “La Loca”, declarada incapacitada para reinar por su estado mental. Sumado a sus responsabilidades en Castilla y en Aragón, el rey se convirtió solo un año después, en 1519, en el emperador del Sacro Imperio Romano tras la muerte de su abuelo paterno, Maximiliano I. Su figura se convirtió así en una de las más poderosas del siglo XVI, controlando gran parte de Europa.
Pero la llegada de este nuevo soberano no fue recibida con alegría por los castellanos. El rey gobernaba rodeado de consejeros forasteros, en quienes recayeron todos los puestos de poder. Estos nobles no conocían ni las costumbres, ni el idioma, ni la política local del reino. Además, Carlos había aplicado un aumento de los impuestos en todas las ciudades del reino, lo que causó un gran enfado entre sus ciudadanos.
Una Castilla unida
Ante estas constantes subidas fiscales la primera ciudad que se negó a acatar el poder real fue Toledo. En abril de 1520, el rey había vuelto a aprobar un nuevo impuesto para financiar el viaje a Alemania en el que el propio Carlos I sería nombrado emperador. Ante la complicada situación, los toledanos se hicieron con el poder de la ciudad, llegando a echar a su corregidor. Con la partida del rey, los disturbios se multiplicaron en el resto de ciudades del reino, siendo los más importantes en Segovia, Burgos y Guadalajara, consagrándose en la mayor parte de la Meseta el conocido como movimiento comunero.
Los rebeldes se unieron bajo la Santa Junta, una nuevas Cortes dirigidas por los propios comuneros. Este órgano representativo exigía al emperador cambios en su gobierno: anular las últimas subidas de impuestos, reservar los cargos públicos para los castellanos, prohibir la salida de su moneda del reino y la obligatoriedad que un noble local fuera el encargado de dirigir el reino ante la ausencia del rey.
A lo largo de todo 1520, ambos bandos trataron de resistir, aunque las fuerzas del bando Imperial eran mucho más poderosas. La principal estrategía de los comuneros fue entrevistarse con Juana de Castilla, todavía considerada por las Cortes como reina, aunque sin verdadero poder. La respuesta de Juana ante la revolución fue en un principio positiva, acogiendo a parte de los rebeldes en Tordesillas, pero en ningún momento llegó a actuar en contra de su hijo.
El fin de la revolución
Tras casi un año de lucha, las fuerzas de Carlos I se reunieron en torno a Villalar, localidad cercana a Torrelobatón, lugar en el que se reunía el ejército rebelde. Días antes de la batalla, el líder del ejército, Juan Padilla, trató de salir de la zona hasta Toro, otra localidad cercana en la que contaban con más apoyo civil, pero Padilla decidió esperar.
El 23 de abril de 1521, los soldados rebeldes abandonaron Torrelobatón en dirección a Toro. Durante el camino, en el municipio de Villalar, el ejército de Padilla se encontró con la caballería imperial que llevaba horas persiguiéndolos: el enfrentamiento ya era inevitable. En un primer momento, cientos de soldados rebeldes trataron de huir viendo que las fuerzas del emperador eran muy superiores. La derrota comunera fue definitiva.
Tras la derrota en el campo de batalla, los cabecillas del movimiento, Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, fueron apresados. Un día después, un juzgado real les condenó por traición, siendo la pena la muerte. Tras ser confesados por un fraile, los tres líderes rebeldes fueron ejecutados en la plaza del pueblo. En total, se estima que en la batalla murieron más de 500 comuneros.

Villalar hoy
A día de hoy, esta rebelión sigue siendo todo un icono para los defensores de la lucha de los derechos democráticos y regionales. El movimiento comunero es considerado una de las mayores respuestas en contra del absolutismo monárquico, posicionándose como una de las primeras revoluciones liberales de la historia. A pesar de la derrota, la batalla de Villalar sigue siendo un símbolo de unidad castellana contra la intervención externa.
La primera celebración en Villalar en honor a los líderes comuneros caídos se remonta a 1821, aunque todos los actos fueron prohibidos durante la dictadura. En 1986, el gobierno regional decidió marcar el 23 de abril como el día grande de Castilla y León. Desde entonces, la mayoría de actividades tienen lugar en Villalar. El plato fuerte de la jornada es la ofrenda floral, en la que participan tanto autoridades, partidos políticos, asociaciones y los propios ciudadanos.

